Maristas jubilados resucitan el mundo rural

iglesia1.jpgLos pueblos de Ancín y Aguilar de Codés, en la comarca estellesa de Navarra, cuentan entre sus vecinos a los hermanos Maristas. Siete religiosos repartidos en dos comunidades que animan la pastoral en treinta pueblos y se encargan del mantenimiento de la Basílica de San Gregorio Ostiense y del Santuario de Nuestra Señora de Codés.

Ancín es un municipio de 360 habitantes ubicado en la merindad de Estella, a sesenta kilómetros de Pamplona. Desde 1996 una comunidad de hermanos maristas vive en la casa parroquial con una doble misión: ser testimonio de la vida evangélica y colaborar en la atención pastoral de las gentes de Ancín y de otros siete pueblos de la comarca.

Iñaki es un vasco que nació en Azpeitia hace 71 años. Ha sido profesor de euskera en el colegio de Bilbao, en Balmaseda y en Anzuola. Durante 17 años se ha dedicado a la formación de los maristas más jóvenes en la casa de Villafranca, en Navarra. Estuvo en las misiones del Chad, en África, hasta que el corazón le dio un susto y tuvo que pasar por el quirófano para someterse a un bypass. El provincial requirió sus servicios para que condujese el coche y, de paso, acompañase las celebraciones litúrgicas con el armonium. Con él la música ha vuelto a las iglesias de estos valles. “La gente está encantada. Los más mayores me cuentan que hacía muchos años que no se oía la música del armonium en las iglesias. Es como si la fe volviese a florecer”, sonríe satisfecho Iñaki.

El hermano Rufino tiene 77 años y es natural de Treviño. Ha sido profesor de ciencias durante toda su vida. Ha dado clases de matemáticas, química y física a miles de alumnos en los colegios de Bilbao, Valladolid y Barruelo, en la cuenca minera de Palencia. Desde que llegó a Ancín ha cambiado la enseñanza de conocimientos científicos por el testimonio y las celebraciones litúrgicas. La vida espiritual es ahora su asignatura principal. “Para nosotros, la vida de oración es el pan nuestro de cada día, el alimento con el que nos sostenemos para poder llevar adelante la misión pastoral en estos pueblos navarros”, explica Rufino.

San Gregorio Ostiense

San Gregorio Ostiense se levanta sobre una colina próxima al pueblo de Sorlada. Es uno de los conjuntos más sobresalientes del Barroco navarro. Los hermanos son los guardianes de la basílica y de las reliquias de San Gregorio. Su cabeza era considerada de gran utilidad para acabar con las plagas de langosta. Los habitantes de estos valles acuden en romería el domingo siguiente al 9 de mayo para agradecer y volver a pedir su protección.

Santuario de Codés

Muy cerca de los valles de Valdega y La Berrueza se encuentra el valle de Codés. En esta zona se ha establecido otra pequeña comunidad marista hace cinco años. Atienden las parroquias de diez pueblos y el santuario de Nuestra Señora de Codés, centro turístico y espiritual de la comarca. Ricardo Ruiz es el joven alcalde de Torralba del Río, la localidad más cercana al santuario: “Desde que los hermanos maristas se hicieron cargo del santuario y de la atención a los pueblos, la comarca se está revitalizando. No hay mes en el que no organicen una actividad cultural; además, la gente de todos los pueblos ahora acude masivamente a las romerías”.

Aguilar de Codés

Aguilar de Codés es el pueblo donde la comunidad marista que atiende este valle ha fijado su residencia. Esta localidad tiene en la actualidad 110 aventones, gentilicio con el que se conoce a los habitantes de Aguilar. Los hermanos están presentes en el pueblo desde el 12 de octubre de 2003.

Boni ha estado dedicado a labores pastorales toda su vida. Es alavés, de Ezquerecocha, y ha educado a los hijos de los mineros en la comarca palentina de Barruelo, ha dirigido la pastoral de su provincia durante tres lustros desde Pamplona y desde Lardero (La Rioja). Su último destino, antes de hacerse cargo del Santuario, fue el trabajo con drogodependientes en San Sebastián. Boni mantiene una actividad extraordinaria que pone en duda su edad: 79 años. Boni es también un virtuoso organista. Su presencia ha supuesto una auténtica revolución. “El coche de la comunidad es una tabla de salvación para los más mayores. Entre semana, cuando apenas hay gente, nosotros servimos de ambulancia, de taxi y un poco para paliar las emergencias. Es como si ahora viviesen más tranquilos porque saben que estamos aquí, con ellos, para lo que haga falta”.

La comunidad

El hermano Jesús es el más joven de la comunidad. Es soriano, de Ólvega, tiene 64 años y ha sido profesor de idiomas, sobre todo de inglés. Ha vivido largas temporadas en Estados Unidos, Canadá y Rumanía. En los últimos años ha estado ligado a distintos proyectos sociales en los barrios de Madrid. “Nuestra presencia aquí tiene un doble objetivo. El primero y más importante es estar con la gente sencilla. El segundo es educar buenas personas y buenos cristianos”, comenta Jesús entre un corro de vecinos que ha salido a tomar el sol en la plaza de la Iglesia donde viven los religiosos.

El decano de la comunidad es Fabián. Un burgalés de Nidáguilas que ha cumplido ya 82 primaveras y sigue al pie del cañón. Fabián estudió Biología y ha ejercido de profesor en Madrid, Talavera, Buitrago y Marruecos. Los años le confieren la sabiduría de esas personas que han vivido casi todo. “La labor que hacemos es una labor fundamentalmente de testimonio. Nos han acogido maravillosamente bien y hemos entrado a formar parte de una gran familia, la familia de este valle generoso que nos quiere”, explica el hermano Fabián.

El hermano Zacarías es navarro, de Iturmendi. Tiene 77 años y es licenciado en Químicas. Su vida, como la de todos los maristas, ha estado dedicada por completo a la educación y la enseñanza. Ha sido profesor en Durango, Zalla, Balmaseda, Bilbao y San Sebastián. Lleva trabajando en la pastoral de estos valles desde 1996. Ahora ha sustituido los alumnos y las aulas por los feligreses y las iglesias. Zacarías es muy conocido en la zona porque va andando a todas partes. “Ando por varios motivos. El primero es porque no tengo carné de conducir; el segundo porque soy diabético y me viene mejor que las medicinas y el tercero porque me encanta caminar y disfrutar de los paisajes de la zona”.

Los hermanos maristas siguen a Jesús al estilo de María y se dedican especialmente a la educación de los niños y de los jóvenes. Con una especial atención por aquellos que más lo necesitan. Son más de 4.300 hermanos presentes en 76 países de los cinco continentes. Comparten su tarea de manera directa con más de 40.000 laicos, atienden a cerca de 500.000 de jóvenes y, en estos tres valles navarros, se han convertido en una presencia que llena de esperanza y de vida a todos sus habitantes.

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