La Iglesia sin clero

GetAttachment-3.jpgEn la celebración de las bodas de plata de alandar me preguntaron qué sería antes en la Iglesia: los sacerdotes casados o las mujeres sacerdotes. Yo contesté que esperaba que ninguna cosa de las dos. La respuesta pudo sorprender, ya que la daba una persona que es miembro de un movimiento de curas casados (MOCEOP). Pero es lo que pienso.

No quise ni quiero decir con esto que esté en contra del derecho de la mujer a ser sacerdote y a que ocupe puestos de responsabilidad en la Iglesia. Todo lo contrario. Soy firme defensora de la igualdad de la mujer en la Iglesia y en la sociedad. Pero no me gustaría que las mujeres fuesen sacerdotes para reproducir el modelo masculino del sacerdocio como casta sacerdotal.

Por ello, cada vez que reflexiono sobre la situación de la Iglesia a día de hoy, me reafirmo más en mi respuesta: no quiero una Iglesia con una estructura ministerial jerárquica, con un clero constituido en estamento autónomo de expertos y especialistas, un sacerdocio que ha usurpado el derecho de la comunidad, unos celebrantes con poderes tan mágicos que son capaces de hacer la transustanciación de la materia, unos dirigentes con poder absoluto. Yo no he encontrado en el evangelio este modelo de comunidad.

Jesús fue un laico, que nunca renunció a su laicidad y se enfrentó a los poderes religiosos, a los hombres “sagrados y consagrados”, tanto que lo llevaron a la cruz. ¿Cómo podía querer un grupo con las características y estructura del judaísmo? ¿Cómo puede querer hoy una Iglesia jerárquica, clerical, sacral, de estado (Vaticano), de monarquía absoluta, con un sacerdocio de “personas sagradas puestas aparte para las cosas sagradas que se hacen en el lugar sagrado”, si esto convierte a la comunidad en desigual? Jesús no quiso organizar un movimiento sobre un “proyecto sacerdotal” y menos aún “clerical”.

GetAttachment4.jpgY, tal y como se describe en el Nuevo Testamento, la Iglesia primitiva aparece como una iglesia sin sacerdotes, sin templos, sin altares, pero a la Iglesia se la llama “pueblo sacerdotal”. ¿Qué ha pasado aquí, por qué estos cambios del original?

Ha pasado que el clero, mangoneando ciertos textos evangélicos (… eres Pedro…, a quienes les perdonéis los pecados, etc…), ha tergiversado la intención de Jesús y ha usurpado derechos comunitarios y los han convertido en poderes personales y perpetuos, a veces con cierta complicidad por nuestra parte al dejarnos influir por los jerarcas y caer en cierta apatía o pasotismo que nos hacía meros espectadores.

Desde este expolio, al pueblo de Dios se le ha considerado el menor de edad y a la mujer la mano de obra barata, que hay que tutelar con infinidad de normas, preceptos, dogmas, lista de pecados…, para que no se desvíe del camino trazado desde arriba por funcionarios expertos, despreciando nuestra libertad e iniciativa, nuestro sacerdocio común y la posesión del Espíritu.

Todo eso me lleva a la conclusión de que el clero, tal cual se concibe hoy el sacerdocio y cómo funciona, no sólo no es necesario sino en muchas ocasiones puede ser pernicioso para la vida de la Iglesia.

Comunidades sin clero

Pero la cosa debe cambiar radicalmente. Y puede cambiar; y ya está aflorando “otra iglesia posible” en donde la comunidad es más importante que el clero. La Iglesia institución, jerárquica, está perdiendo y tiene que perder su estructura ministerial, para convertirse en comunidad de comunidades autónomas que sean capaces de elegir sus propios ministerios y ministros, para toda la vida o por un tiempo, varones o mujeres, célibes o casados, homosexuales o heterosexuales, buscando sólo la fidelidad al evangelio y el anuncio de Dios que es el gozo de la vida.

En las pequeñas comunidades ya estamos siendo protagonistas, porque vivimos desde el Espíritu la fe, la igualdad, la creatividad, la fraternidad y la fiesta celebrativa sin el sostén paternalista del clero. Cada uno aporta sus dones para el bien común y luego la comunidad reparte funciones y servicios (ministerios).

Pero todavía nos quedan restos de dependencia del sacerdocio ministerial ordenado. Hay grupos, comunidades, que tienen a un sacerdote ordenado como animador o presidente y, sobre todo, celebrante. Otras lo tienen sólo para presidir la eucaristía y hay otras que no lo tienen. Respetando profundamente todas las opciones y el proceso de cada comunidad, creo que se debería prescindir, cada vez más, del sacerdote ordenado como profesional cualificado.

En la celebración de la eucaristía veo que hay que desacralizar al sacerdote y a la propia eucaristía; ni el sacerdote tiene poderes mágicos ni la eucaristía es el rito mágico por el cual nos transformamos en seres especiales. Partiendo de la palabra de Jesús (donde dos o más se reúnen en mi nombre, allí estoy yo) la fuerza de hacerle presente la tienen quienes se reúnen y no el sacerdote. Y, aunque se diga que el sacerdote representa a Cristo, si el pueblo está presente, no necesita ser representado; qué mejor representación de Dios que los seres humanos que se reúnen para celebrar y glorificar su nombre. Y si toda la comunidad es sacerdotal, como lo es, para qué más representación sacerdotal.

Es la hora de las alternativas

Por eso, creo que ha llegado la hora, en nuestras comunidades, de roturar nuevos caminos, de buscar alternativas reales con fórmulas propias que, sin dejar de ser y sentirse iglesia, nos ayuden en nuestras necesidades de fe. No podemos vivir de las rentas oficiales, porque nos asfixian o nos crean dependencia. Ya hemos hecho un camino, pero me parece que debemos seguir buscando e “inventando”, con sencillez y humildad otras formas de realización espiritual y eclesial más autónomas, más libres, mas comunitarias, más nuestras, sin la tutela clerical, episcopal, vaticana y sin miedo a ir más allá de la legalidad.

Dos alternativas claras que me parece que hay que tomar son: caminar hacia una religión laica y hacia una nueva espiritualidad laica.

La religión laica se fundamenta en la fe en el Trascendente, viviéndola a través de mediaciones laicas, no basadas en la sacralidad, en el poder, en lo privilegiado, sino “en lo más humano entre los humanos, en aquello que nos hace más humanos” (J.M. Castillo). Esta tarea la concretará cada comunidad, según el Espíritu le dé a entender, buscando, con creatividad, respuestas adecuadas a sus necesidades y posibilidades.

También la espiritualidad tradicional, basada en gran parte en ritos y fórmulas que hoy nos dicen poco, necesita un cambio, una alternancia. Eso lo sentimos muchos cristianos, a los que la religiosidad que ha sustentado la espiritualidad, se nos ha quedado anquilosada y sin vida de futuro. Hoy se habla de que el futuro de la espiritualidad se acerca a lo que se puede llamar espiritualidad laica, que es “la profundización existencial de la persona, no un departamento religioso confesional (aunque podrá vivirse en él). Esta espiritualidad, que está en auge, está tan identificada con el mismo ser profundo de la persona, que espiritualidad viene a ser la calidad humana” (J.M. Vigil).

GetAttachment5.jpgPor ahí, por esa búsqueda, creo yo que debemos ir los que nos sentimos insatisfechos con la institución eclesial. Tendremos que armarnos de coraje y libertad, para buscar nuevas propuestas espirituales libres, laicas, fuera de los ámbitos religiosos institucionales.

En conclusión: otra Iglesia sin clero es posible, una iglesia que se parezca a esa que un amigo mío dice que encontró en Moceop: una iglesia chiquitita y de muchos abrazos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.