La ejecución de Jesús como muerte política

iglesia1-6.jpgEvangelio de San Marcos 12-34: “El escriba le dijo: «Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios». Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: «Tú no estás lejos del Reino de Dios».”

Ahora que estamos rememorando la Pasión de Jesucristo, quisiera exponer mi punto de vista sobre la ejecución de Jesús. Se nos ha hablado desde siempre de que Jesucristo vino al mundo para redimirnos de nuestros pecados por su muerte en la cruz, y que tanto nos amó el Padre que envió a su único Hijo para que, con su sangre, expiara nuestros pecados. Estoy en completo desacuerdo con ese punto de vista.

Podría entender esto si nuestra creencia en Dios fuese de un dios castigador, vengativo, sediento de sangre. Pero el mensaje que envió Jesús es de Dios como papá, madre protectora, amante de la Humanidad, de cada persona individualizadamente, que nos quiere alegres, sin miedos, donde podemos buscar refugio y Ella nos abraza tiernamente cuando nos perdemos, nos equivocamos. Por ello, esa visión de que Jesús fue enviado al mundo para que fuese sacrificado, y que su sangre saciara la Sed de Venganza de Dios por nuestros pecados me parece una blasfemia.

La ejecución de Jesús fue una muerte política. Jesús rompió con todos los estamentos religiosos de su época, y empezó a cuestionar la jerarquía. Con ello, molestaba a la poderosa familia de Caifás, pues les echaba en cara su connivencia con el opresor romano, y su vida lujosa a costa de los más pobres.

Jesús vino al mundo para enseñarnos el camino de la Verdad, de la Vida, sembrando la esperanza en cada corazón. Rompió muchas barreras sociales al admitir a la mujer como discípula (cuando en aquella época nos estaba vedado ser discípulas de cualquier rabino). Acabó con la discriminación de la mujer al igualarla con el hombre, y eso de por sí, ya resultó escandaloso y sospechoso. No tuvo reparos en acercarse a las clases desposeídas, en curar durante el sabath, en preferir la reconciliación y la ayuda al prójimo (Mc. 5-25/34, Mc. 2-27, Mt. 5-24) que una asistencia formal a la celebración litúrgica.

Con ello, y con el ataque frontal a la injusticia social de su tiempo y las plusvalías que se obtenían en los negocios a costa de los más pobres (Mc. 11, 15-18), la consecuencia fue el miedo de la jerarquía política/religiosa de entonces y el complot para darle muerte. Con Delores Williams, podemos decir que Jesús fue ejecutado con la tristeza de Dios, porque El no vino al mundo a morir por la humanidad sino que vino a vivir por ella, a predicar un mundo nuevo, con valores basados en el Amor. Y esta nueva forma de pensar y de vivir, no es aceptada por los poderosos, sean de la época que sean, pues se les quitan las armas de manipulación social (miedos, ansiedades) para que el mundo trabaje para sus propios intereses, en detrimento de la Justicia Social y la Paz.

Una persona así no interesa al poder económico y político, y ésta debe ser eliminada. Jesús bien que sabía cuál iba a ser su final, pues tenía el ejemplo próximo de Juan el Bautista. Sin embargo, y como José Antonio Pagola infiere, aceptó su muerte por ser fiel hasta sus últimas consecuencias con la Buena Nueva, la nueva noticia, lanzada al mundo. Lo que supone un fracaso en términos humanos, es una victoria para Dios pues el resultado fue la Resurrección.

Dios nos llama a seguir construyendo el Reino de los Cielos en la Tierra. Eso no es más que luchar por la Justicia, la Paz, el reparto equitativo de los bienes, de un trabajo y salario justos, vivienda digna, salud al alcance de toda persona que lo demanda, educación para la infancia, cuidar de nuestro planeta, y todo hecho desde el Amor. No podemos seguir instalados en nuestras comodidades mientras se producen otras muertes políticas de personas justas, tal y como hicieron con nuestro Maestro.

Como personas cristianas tenemos que saber que nuestra misión es la redención, que como cristianas/os somos partícipes de esa lucha. No somos las ovejas, somos los pastores. No es una responsabilidad de otros (monjas, curas) sino una responsabilidad personal. Tenemos que luchar para que todo esto sea posible, y tal y como está el mundo hoy en día tenemos mucho trabajo que hacer.

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