Fe, ternura y sacerdocio

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Foto. Olga Díez (Caliope) CC.El pasado mes de marzo se presentó en Madrid el libro “Curas casados. Historias de fe y ternura”, editado por el Movimiento por el Celibato Opcional (MOCEOP). En el acto intervinieron Andrés Muñoz, coordinador del movimiento en Madrid y representante del mismo en Redes Cristianas, además de Tere Cortés y Ramón Alario, coordinadores de la publicación. En la presentación también participó el dibujante José Luis Cortés, que glosó las impresiones que la lectura de este libro le había proporcionado bajo la forma de una Carta de Benedicto XVI. Ramón Alario, coordinador del libro y representante de Moceop en la Federación Europea de Curas Casados, expuso el proceso que ha llevado a esta publicación, así como algunos de los datos y aportaciones más interesantes, destacando que se trata de una obra colectiva y testimonial.

El libro que presentamos no es un ensayo de teología ni un debate teórico sobre la viabilidad o la inconveniencia de que los curas católicos de occidente puedan casarse. Es un recorrido por veintitrés vidas de curas casados, en las que se pueden encontrar muchos cuestionamientos a posturas oficiales, insatisfacciones ante comportamientos dados habitualmente por correctos o inevitables y unas apuestas por abrir cauces nuevos de libertad, ternura y compromiso.

La Iglesia Católica sufre una importante escasez de curas, tendencia que se ha ido consolidando en los últimos decenios. También en España. En 2010, en una de cada tres diócesis españolas no se ordenó ningún nuevo cura; el número de seminaristas ha ido descendiendo (1797 hace diez años; 1265, en 2009). El cardenal Rouco se lamentaba de que los sacerdotes eran cada vez menos y mayores (edad media, 63’3). No es una situación excepcional que curas, sobre todo rurales, tengan que atender los servicios religiosos de varios pueblos a la vez, que un pequeño equipo de curas asista pastoralmente una comarca de diez o doce pueblos o que una “rebaja” de esos servicios sea prestada por alguna religiosa o algún seglar. Tampoco habría que olvidar que en la etapa postconciliar, entre siete y diez mil curas en España (unos cien mil en todo el mundo) abandonaron el ministerio: número difícil de precisar con exactitud, pero que globalmente representa uno de cada tres o cuatro, según países.

Es difícil no reconocer que algo importante está sucediendo, sea cual sea el análisis posterior que realicemos sobre este hecho. No es aventurado estimar que –de no mediar un cambio radical de tendencia– en pocos años la dinámica de la vida reduzca el número de curas hasta límites que hagan imposible, en la práctica, el mantenimiento de esa estructura eclesiástica.

Crisis interna

La crisis anteriormente esbozada no es una crisis de curas; al menos, no es sólo de ellos. La escasez de curas no es más que la punta del iceberg de una crisis interna de gran calado. Es la forma oficial en que se presenta y actúa la Iglesia Católica, la que está siendo cuestionada por la sociedad y por la historia. Ante altos porcentajes de la sociedad actual aparece, con excesiva frecuencia, como anclada en el pasado, enfrentada al pensamiento moderno y convertida en algo que no sirve; más aún, en una especie de pantalla que hace muy difícil el reconocimiento de la Iglesia lúcida que el Espíritu de Jesús inspiró. Es una crisis de iglesia. Ya el Concilio Vaticano II impulsó reformas radicales, que posteriormente se fueron diluyendo u olvidando. De ahí que sea de vital importancia abrir cauces a la nueva era, afianzar los intentos de búsqueda y legitimar los procesos de renovación evangélica en la forma de ser creyentes en Jesús.

El momento actual, con sus luces y sus sombras, exige que todas las instituciones adapten sus mensajes, sus actuaciones y sus formas de organización a principios que hoy parecen irrenunciables: transparencia, participación, respeto de derechos, igualdad de sus miembros, opinión pública, pluralismo, incorporación de los avances científicos, sintonía con las necesidades actuales… De no hacerlo así, pierden credibilidad, se convierten en predicadoras de valores que no cumplen, carecen de legitimidad para aconsejar y quedan ancladas en estructuras de otras épocas, inservibles para las demandas actuales o convertidas en vestigios de un pasado ininteligible: en piezas de museo, sin la pasión liberadora que Jesús ejerció y nos encargó.
En el caso de las religiones lo que está en juego, más allá de su pervivencia como organizaciones sociales, es la imagen de Dios que estamos transmitiendo. No olvidemos que las religiones tienen su origen en etapas de la historia ligadas a sociedades ya desaparecidas; y que muchas de sus imágenes, fórmulas, conceptos y valores son propios de mundos ya inexistentes. De ahí que sea imprescindible, por respeto al mismo Dios, reformular sus mensajes en lenguajes comprensibles hoy y depurar la imagen que transmiten de Dios: deformada y confundida, con frecuencia, con numerosas adherencias históricas rechazables. Es muy fácil confundir fidelidad al mensaje originario de Jesús con repetición de formulaciones válidas para otras épocas, pero auténticos jeroglíficos para nuestro mundo. Es algo fundamental lo que está en juego.

pag6_iglesia_portada_web.jpgBúsqueda y coherencia

El libro Curas casados. Historias de fe y ternura aporta su granito de arena en la situación aludida con veintitrés historias de búsqueda y coherencia. En él se puede encontrar el recorrido de un grupo de curas que, junto a sus esposas –en ámbitos sociales y eclesiales muy diversos– han apostado por vivir desde la fe y la ternura ese reto profundo planteado a los creyentes en Jesús de Nazaret. Su apuesta les ha llevado a vivir desde la condición común a todos los fieles, rompiendo con su anterior situación –ni clérigos ni laicos– y rebelándose a seguir sustentando una iglesia de dos categorías. Nada fácil, pero un reto siempre abierto.

Evidentemente, esta apuesta les ha conducido conscientemente a una situación de marginalidad –irregularidad canónica, oficialmente- y, en muchas ocasiones, de auténtica marginación positiva. Su púlpito, su estatus, su rol y sus seguridades desaparecieron. Pero la nueva ubicación vital les ha facilitado comprender y sintonizar con muchos creyentes y comunidades que también andan comprometidos en abrir nuevos cauces a otra forma de vivir en comunidad, tal y como el Espíritu de Jesús la inspiró.

La situación de éxodo y vida junto a la frontera, desde dentro, también ha sido decisiva para replantearse una fe en Jesús mucho más desasistida de seguridades y fórmulas de otras épocas. Han necesitado buscar y compartir con mucha sinceridad y valentía los hitos que les iban ayudando a mantener lo fundamental sin agarrarse a falsas seguridades. Esta tarea, cada día abierta a nuevos interrogantes, ha contribuido a reencontrar elementos originales del Evangelio, que antes les quedaban bastante perdidos entre muchas adherencias anacrónicas y difícilmente justificables.

Este libro pretende, desde la sencillez, colaborar con todos los creyentes que sienten la necesidad y la posibilidad de vivir en iglesia de otra forma, desde otra perspectiva. Ése parece el camino ineludible para que el mensaje de Jesús pueda seguir aportando a la humanidad elementos decisivos para hacer de nuestro mundo una casa común, más humana, más justa, más solidaria y más habitable. Quienes en esta obra han contado sus historias desde la fe y la ternura no se sienten en posesión de nada definitivo, pero las ofertan como una parte importante de sus vidas de seres humanos y creyentes.

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