Encuentro de la Red Myriam: espiritualidad ignaciana femenina

Un momento del encuentro celebrado el pasado octubre en Madrid. Lo esencial no empieza haciendo, sino deshaciendo. Comienza con alguien que dirigiéndose a otra /o; amigo o enemigo, mujer u hombre,» extranjera» o «hermana» , no pone por medio el peso de las cosas ya decididas o rechazadas, de preguntas ya formuladas, de opciones ya juzgadas, de reglas absolutas… sino que todo lo mira en lo nuevo, que allí , en ese encuentro puede darse… Comienza pues, deteniendo la máquina de la repetición para que pueda tener lugar «algo otro”.

Luisa Muraro, El Dios de las mujeres

El pasado mes de octubre, en el seno de la celebración de los 30 años del grupo Congregaciones Femeninas de espiritualidad Ignaciana, tuvo lugar públicamente la transformación de este colectivo en una nueva red de mujeres, la Red Myriam, que asumirá a partir de ahora los proyectos llevados a cabo por este grupo de congregaciones y que cuenta ya con una larga y rica experiencia en la formación, el empoderamiento y el acompañamiento espiritual de las mujeres.

En un ambiente festivo y creativo, entre performances, conferencias dialogadas dinámicas interactivas y conversatorios “recordamos Juntas el futuro”, recorriendo algunos hitos significativos en la historia de la sociedad y la Iglesia española en estos 30 años y las búsquedas, logros y aportaciones de las mujeres en ella, desde la perspectiva de género y la riqueza de los movimientos sociales y nuestro caminar como grupo en esa historia.

Entre nosotras, compañeras como Lola Arrieta, religiosa vedruna, terapeuta y experta en acompañamiento; Carmen Soto, biblista feminista; Ana Mañeru, escritora y co-fundadora de Entredós y María Cancelo, del consejo de redacción de la revista Encrucillada y miembro de las Comunidades de Vida Cristiana, compartieron con nosotras su valoración de la contribución especifica de las Congregaciones femeninas de espiritualidad ignaciana a la historia de las mujeres en estos 30 años desde diferentes ámbitos.

Un momento del encuentro celebrado el pasado octubre en Madrid. A lo largo del día y medio que duró el encuentro, a ritmo de claqué y castañuelas y con las palabras de fondo de Emily Dickinson y Clara Pinkola Estés, agradecimos profundamente a la ruah la experiencia compartida de sabernos “comunidad de memoria”, urgidas a seguir confiando en la autoridad de nuestra palabra de mujeres creyentes y a construir sociedades e Iglesias liberadas de la violencia y la pobreza, también contras las mujeres, especialmente en estos tiempos de recortes de libertades y derechos sociales.

El domingo, conducidas por la bailarina contemplativa Victoria Hernández, volvimos a dar significado a la danza del Éxodo (Ex 15:20,21) acogiendo el legado de las mujeres profetisas en la apuesta por una espiritualidad integradora, comprometida con la justicia e identificando la matriz de la espiritualidad ignaciana como un gran don del que nos sentíamos herederas e hijas y, como tales, invitadas a recrear y deconstruir.

En este contexto redefinimos nuestra identidad como una red de mujeres laicas y religiosas convocadas por la vivencia de la espiritualidad ignaciana pensada y vivida con perspectiva de género y a la luz de nuevos paradigmas teológicos. En esta espiritualidad encontramos la fuente que nos “da de beber” y sostiene para vivir una espiritualidad que integre todas las dimensiones de la persona y de la realidad, liberándola de moldes, formas, lenguajes y prácticas todavía muy patriarcales. Esta experiencia sostiene e impulsa nuestros deseos de ser compañeras de Jesús comprometidas con la justicia, paz e integridad de la creación en las fronteras de la cultura y de la Iglesia.

Un momento del encuentro celebrado el pasado octubre en Madrid. Nos reconocemos unas a otras como mujeres en permanente búsqueda y discernimiento, atentas al aliento de la ruah en la interioridad humana y en toda realidad, que pide nuestra complicidad para ser parteras y co-creadoras de lo nuevo. Por eso, el dinamismo, la creatividad, la apertura, el deseo de recrear y humanizar las relaciones y la vida son características de nuestro colectivo. La red se sostiene en la creación de vínculos, el cuidado de la relación y el acompañamiento personal y grupal entre mujeres. Así, la escucha mutua, la empatía, la acogida, el reconocimiento de la singularidad de cada una nos hace compañeras de búsqueda y apoyo mutuo en nuestro propio crecimiento y liberación como mujeres. En nuestro compromiso de gestar humanidad alternativa tomamos ciencia y fuerza de la sabiduría de las mujeres más empobrecidas y buscadoras en su lucha por la vida. Ellas son nuestras compañeras y maestras.

Nuestro modo de proceder es inductivo y crítico. Desde el “partir de si” y del análisis crítico de la realidad. Nuestra metodología es dinámica y procesual, ya que vamos acogiendo las preguntas, convicciones y sabiduría que se nos va dando por el camino. Nuestro talante es de discernimiento permanente, pasando la vida por el corazón para detectar el dinamismo del espíritu en toda realidad y secundarlo.
Dedicamos también un tiempo a hacer significado compartido sobre lo que significa ser una red de mujeres así como la información de los proyectos concretos que estamos actualmente llevando a cabo: Seminario de Acompañamiento Integral, Taller “Yadá”, Foro anual (espacio de encuentro y debate de la red) y Parteras (grupo que anima los distintos proyectos). Se propusieron y debatieron nuevos temas para el foro del año próximo y se presentó la iniciativa de crear un Seminario Permanente de Reflexión.

Para más información: redmiriamefi@yahoo.es

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