Charlando con un teólogo

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pag6_iglesia2_web-7.jpgJosé Ignacio González Faus es un teólogo español, nacido en Valencia. Jesuita. Ordenado sacerdote en 1963. Profesor de la facultad de teología de Barcelona desde 1968. Un experto conocedor de la situación en Latinoamérica. Artífice de la creación de “Cristianisme i Justícia”. Persona que a veces incomoda a algunos sectores, por aquello de decir la verdad, escritor de varios libros entre los que cabe mencionar “La humanidad nueva”. Ensayo de cristología”, “Proyecto de hermano. Visión creyente del hombre”, “El rostro humano de Dios: de la revolución de Jesús a la divinidad de Jesús”, “Otro mundo es posible… desde Jesús”, etc. Con José Ignacio vamos a hacer un “diagnóstico a la Iglesia” desde su punto de vista como teólogo.

Don José Ignacio, como teólogo, ¿qué debemos hacer para conseguir una humanidad nueva?

Sólo una cosa: caminar hacia ella. Humanidad Nueva es la humanidad divina de Jesús. Nosotros como imagen de Dios y recapitulados en Cristo llevamos una marca de esa novedad a la que Jesús apelaba cuando dijo “Sed misericordiosos como el Padre celestial” y a la que muchas revoluciones apelaron cuando hablaban de construir “el hombre nuevo”. Nunca llegaremos a serlo pero lo que importa es que caminamos en esa dirección y no en la contraria.

¿Tiene reparo la Iglesia en hacerse un diagnóstico para corregir errores del pasado y del presente?

Tiene un enorme reparo. Y algo de eso se vio en el modo de ocultar los casos de pederastia. La institución (o sea, los responsables de ella) cree que reconociéndose pecadora (y perdonada) perdería crédito ante los fieles. A lo más se atreve a pedir perdón por cosas del siglo XVI. Y aun eso molestó a la curia cuando lo hizo Juan Pablo II…
El Vaticano II supuso una puesta al día para la Iglesia católica. ¿Qué nos queda hoy, del Vaticano II?

Muy poco. Ni aceptamos que la Iglesia sea “pueblo de Dios”: pueblo de iguales, imagen de la Trinidad, ni aceptamos la colegialidad, ni que la Iglesia no tiene respuesta para muchos problemas nuevos, ni la necesaria reforma de la curia romana… Estos y otros ideales del Vaticano II estamos intentando desmontarlos sin reconocerlo. De modo parecido a como la economía de “los mercados” va desmontando nuestro Estado del bienestar, diciendo que sólo quiere reformarlo…

¿Qué deberíamos recuperar?

Muchas cosas que aquí no cabrían. De momento bastaría con que, en primer lugar, la Iglesia fuera de verdad “Iglesia de los pobres” -como dijo Juan XXIII- y no una Iglesia de los ricos que atiende algo a los pobres. Más una profunda reforma de papado y jerarquía que implicaría una gran transformación de la curia romana reclamada por el Vaticano II (y que la misma curia le abortó a Paulo VI cuando éste intentó hacerla), una recuperación de la primitiva tradición de la Iglesia en lo tocante al nombramiento de obispos y un impulso más serio hacia la unidad de los cristianos tal como pidió Jesús…

Da la impresión de que nos encontramos ante una Iglesia demasiado conservadora, estancada en sí misma. ¿Necesitamos otra puesta al día?

Ya está dicho en la respuesta anterior: el gran pecado de la Iglesia de hoy es el eclesiocentrismo que todavía se estrecha más en un “jerarcocentrismo masculino”. La gente de fuera tiene la impresión de que sólo nos anunciamos a nosotros mismos en lugar de anunciar a Jesús y al Dios de Jesús. Y cuando anunciamos a éstos da la impresión de que es para que venga la gente a nosotros. Juan Pablo II dijo que “el camino de la Iglesia es el hombre”. La impresión que damos es que, para nosotros, el camino del hombre es la Iglesia. Lo cual sería herético.

Somos una Iglesia envejecida, la juventud es la gran ausente. ¿Cómo atraerla y recuperarla?

En estos momentos el problema de los jóvenes no es de cantidad (ya los hemos perdido como perdimos a los obreros en el s. XIX) sino de calidad. Desde esta óptica no soy tan pesimista: creo que hay una juventud, reducida en número, pero de una calidad cristiana que me dan veinte vueltas a mí cuando tenía su edad (y eso que yo ya era entonces jesuita)…

Iglesia católica y ecumenismo: ¿dónde estamos?

Estancados. Y da la sensación de que los dirigentes de todas las iglesias se sienten cómodos en este estancamiento. Mi impresión es que tras el Vaticano II se dieron importantes pasos adelante (acuerdos en puntos teológicos, convivencia y aprecio entre nosotros), que luego se han quedado en papel mojado. Sospecho que la unidad vendrá más “desde abajo”. Si me permite una anécdota personal, tuve una alumna protestante con la que he seguido tratando y hoy es pastora. Suele venir a verme cada año y una vez me dijo algo así: “¡Quién habría de decirle a Lutero que yo tendría un director espiritual jesuita!”…

Y, ¿la postura y relación con las demás religiones?

Tema muy largo y que está comenzando ahora. Por tanto, lo primero es aceptar que sólo podemos decir palabras provisionales. A mí no me convence eso de que todos coincidimos en Dios porque las visiones de Dios pueden ser enormemente diferentes. Diría que todos coincidimos en la búsqueda de Dios. Y el cristiano debe saber dos cosas: cuáles son sus irrenunciables (dicho muy rápidamente: la cruz de Jesús que recapitula a todas las víctimas de la tierra y la resurrección que nos incluye a todos, o sea, el Dios del magnificat). Pero, desde aquí, comprender que hoy, para un cristiano, es voluntad de Dios que las otras religiones sean camino de salvación para sus fieles.

¿Cuáles deben ser los retos del futuro para la Iglesia católica?

Para no alargarme más, permite que me remita a un libro viejo de “Cristianisme i justiíia”: “Iglesia ¿de dónde vienes, a dónde vas?”. Es de hace 25 años pero vamos a reeditarlo ahora… Además de eso creo que es muy importante recuperar la mejor tradición cristiana, pues es muy rica. Y hoy mucha gente, cuando apela a “la tradición” se refiere sólo al s. XIX…

http://toniolives.blogspot.com

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