Ante los numerosos retos que como sociedad tenemos por delante, en un momento histórico como es el actual, y a punto de terminar una década que nos supondrá un punto de inflexión en el paradigma económico y social, en la JEC nos preguntamos si estamos siendo coherentes con la actualidad y si damos respuesta con nuestro hacer pastoral a la realidad de la juventud de hoy. Reflexiones que encajan a un nivel más amplio, que concierne a la Iglesia como casa y madre de todos los cristianos y cristianas de hoy.

No pretende, ni tiene sentido, ser una reflexión individualizada, aunque sí creemos que necesita partir de ahí, de las entrañas de cada persona, pues, o la hacemos nuestra, o no es posible actuar. Debemos tejer redes, crear comunidad, una comunidad contracultural en un mundo muchas veces hostil, que nos intenta vender y comprar con ideas vagas y acciones inmediatas, llamativas e inmóviles. Por eso, el momento requiere ser reflexionado en familia, con nuestras militantes y acompañantes del movimiento.

En este punto nos preguntamos cómo afecta el contexto social a la JEC, y si ofrecemos algo que conecte con él. Un contexto en el que la juventud rechaza a la Iglesia, existe una cultura del “descarte”, donde las parroquias no son núcleos importantes de comunidad y transformación de un barrio o un pueblo, etc. Notamos que hay atracción de los jóvenes por los grandes temas, como son la ecología y la igualdad de género, lo que nos ayuda a tener presencia entre muchos jóvenes pero cuesta dotar de profundidad, y al final nos dejamos llevar por lo más fácil. Solemos llegar también a personas que se salen de lo socialmente aceptado, a personas débiles, excluidas que necesitan apoyo de diversa naturaleza. Vivimos en una cultura de poco autoconocimiento y que vive sus dimensiones poco fragmentadas.

Sabemos que nuestra mayor fortaleza y lo que da sentido a nuestra militancia es la accióny nuestra denuncia y anuncio profético. Tenemos un proyecto pastoral actualizado, con aportaciones de nuestro ser Iglesia, joven, militanteen el mundo… pero notamos que en algunas ocasiones, nuestra estructura(servicios de coordinación y responsabilidad)se debilita. Cuando hablamos de esto nos referimos, sobre todo, a uno de nuestros objetivos principales que tenemos como movimiento juvenil: crear procesos. Entendemos a la estructura como creadora de procesos personales, que ayuda a la militancia, pero percibimos que cuando se llega a una estructura sin un discernimiento previo (o, al menos, con un acompañamiento que me envíe hacia la tarea), se convierte en una dinámica que agota y debilita.

Esto va unido a la importancia de sentirse parte de una identidad compartida, una comunidad amplia, en la que te sientas una persona acogida y enviada al mundo con nuestras convicciones evangélicas.

En el Evangelio, la gente sanada a veces sigue a Jesús y otra sigue su propio camino. A nosotros y nosotras nos pasa algo parecido, hay gente que se “sana” y se va, y otra se convierte en militante. El segundo grupo es mucho menor que el primero. Nuestra tarea está en transmitir a los y las que acompañamos el mensaje de que su compromiso está en “seguir la cadena”: salir afuera y acompañar a otras personas. Eso es lo que te hace militante.

El mismo contexto social influye también en las personas adultas, por lo que las preguntas que nos surgen van enfocadas en el mismo sentido, y no son ajenas a las características predominantes de la actualidad. Entendemos que el concepto de comunidad engloba a varias generaciones y se deben de complementar, siendo ambas referencias entre sí.

Todo, de una manera o de otra, se ve reflejado en la economía, que entendemos no como un estanco a parte, si no como una conciencia global que es transversal en nuestra manera de actuar. Lo económico en la juventud suele ir de la mano de una gran precariedad, y como movimiento educativo y cristiano debemos considerar esencial el trabajo de esta dimensión en nuestra formación.

El Reino de Dios y su justicia son el centro de la vida del que le sigue. Quien tiene a Dios en el centro de su vida no puede dar culto al dinero. Quien tiene su vida pegada a los bienes materiales no puede llegar a Dios. Jesús invita a sus discípulos a servirse del dinero sin ponerse a su servicio.

Nos oponemos a una economía (general, comunitaria y personal) que oprime y descarta, injusta y excluyente. Optamos por una conversión que nos lleve a un modelo social, solidario, feminista, ecológico, comunitario, sostenible…. Decrecer para crecer.

Este escrito refleja el sentir actual de nuestra comunidad, inserta en un mundo que grita justicia y compromiso, y del que la juventud queremos ser protagonistas.

Todavía queda mucha Escuela y Utopía por construir. ¡Feliz 2020!

Movimiento JEC

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