Propósitos que (nunca) se cumplen

Estrenamos año y estrenamos década. ¡Ya llevamos vividos diez años del tercer milenio! ¡Qué lejos aquel 2000 del efecto que nunca fue! Estrenamos año y seguimos, sin embargo con las preocupaciones de siempre: la crisis, el paro, la pérdida de valores, la escasa participación ciudadana. Estrenamos año y como hemos hecho los diez, veinte, cuarenta, ochenta años precedentes nos plantearemos, esta vez sí que sí, dejar de fumar, ir (más) al gimnasio, colaborar más en las tareas de casa, apuntarnos a una Ong…

Hace ahora 10 años unos Jefes de Gobierno y Estado de todas (o casi) las naciones del mundo se propusieron cual lista de propósitos a ¿cumplir? una serie de objetivos y en vez de en un año se ponían la meta de 15 para alcanzarlos. Los llamaron rimbombante y solemnemente los Objetivos del Milenio y luego de parir la lista y hacerse la foto, se fueron a sus despachos de gente importante a seguir gobernando las cosas que realmente importan. Esta lista se imprimió, se distribuyó, se hicieron webs, algunos incluso se la creyeron y pusieron a trabajar a la gente alrededor de ella, dio para que muchos escribieran sobre ella (sí, yo también he caído en esa tentación), se organizaron congresos, jornadas, informes… y una vez al año se siguieron reuniendo los Jefes del cotarro para desempolvar la lista y darse cuenta de que los propósitos del mileno nuevo se habían quedado en el papel. De los 8 grandes propósitos (Erradicar la pobreza extrema y el hambre, conseguir igualdad entre los géneros, reducir la mortalidad de los niños, mejorar la salud materna, combatir el VIH/SIDA, procurar la sostenibilidad del medio ambiente y fomentar una asociación mundial) ninguno ha experimentado avances significativos en esta década y alguno incluso está en claro retroceso.

Cierto es que en algunos casos, puntuales y muy oportunos para poder ponerlos de ejemplo, las cosas están mejorando. A pesar de que el número de hambrientos no sólo no ha disminuido sino que ha aumentado en 200 millones de personas, el informe “los caminos hacia el éxito” presentado en la cumbre de la FAO de noviembre del año pasado en Roma demostró que hay razones para la esperanza: 31 de los 79 países objeto de seguimiento habían registrado un importante descenso en el número de personas desnutridas desde principios de la década de 1990, y 16 de esos países ya habían alcanzado el objetivo de reducir el número de personas hambrientas para el año 2015. No entro en los cómos por falta de espacio (ingresar en el club de los capitalistas), pero al menos es una buena noticia.

No obstante todo lo anterior, y siendo fiel a la línea de pensamiento que llevo manteniendo en esta columna desde sus inicios allá por enero del 2003, mi preocupación es otra. Aceptando los 8 principios como una buena hoja de ruta (otra vez, el debate sobre si son o no los que deberían ser, sería demasiado largo y no hay espacio aquí para ello, pero como muestra un botón: ¿por qué no se habla nada del modelo de consumo vigente?); aceptando pues que los jefes que para eso son jefes… han podido decidir que los Objetivos de Milenio (en mayúsculas) eran esos y no otros… ¿Qué pasa conmigo? ¿Y con nosotros? ¿Cuáles son nuestros objetivos de milenio (en minúsculas)? ¿Hacia donde trabajamos?) Los objetivos del Milenio, a los que apenas les quedan 5 años para dejar de ser una meta a alcanzar y si no lo remediamos quedarán en 8 declaraciones de buenas intenciones incumplidas una vez más, son y deben ser nuestra lista de propósitos de año nuevo particular. Cada mañana al despertar deberíamos mirarnos al espejo y enfrentarnos a ellos, preguntarnos ¿y yo, desde mi realidad como trabajador, padre/madre de familia, consumidor, ahorrador, votante, amante, espectador, lector… en qué y cómo puedo contribuir hoy a estos objetivos?

Es pues mi firme propósito de año nuevo, que pienso cumplir a partir de marzo (febrero no cuenta ya veréis por qué) dedicar cada mes de esta columna a reflexionar así en minúsculas, en lo cotidiano, sobre cada uno de los Objetivos y nuestro particular granito de arena aportado para que en 6 años estemos más cerca de cumplirlos. ¿Qué os parece? ¡Feliz 2010! (que por cierto es Año Europeo de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social)

ballesteros@cee.upcomillas.es

Carlos Ballesteros
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