El libro, el hijo, el árbol

En el tiempo que media entre la lectura de esta escalera y la siguiente, cumpliré 40 años. Es un buen momento para hacer balance compartido con vosotros/as de ésta la que muy probablemente haya sido la primera mitad de mi vida pues, según dicen las estadísticas, la esperanza de vida de un varón en España está actualmente en los 83 años ¡lástima no haber sido mujer para haber vivido 4 años más!

Si hacemos caso del aforismo sobre lo que hay que hacer en la vida para que esta sea plena (tener un hijo, escribir un libro, plantar un árbol) yo ya tengo dos hijos, tres libros y un sinnúmero de artículos, columnas, posts…y fácilmente habré plantado en estos 39 años y 11 meses más de un centenar de árboles. Puedo pues tumbarme en mi hamaca, sentarme en mi silla a la puerta de casa y ver fluir el tiempo.

Y, sin embargo, no me siento cómodo con esa idea. No me siento cómodo pensando que “ya” he llegado, que “ya” he hecho lo que tenía que hacer y sólo me queda descansar. ¿En que he contribuido a mejorar el mundo? ¿Qué me queda por hacer? ¿Cómo puedo utilizar (léase reconducir, redirigir) los siguientes 40 para “dejar el mundo en mejores condiciones de las que estaba cuando entré en él”?. Éste que debería ser el lema de todo ser humano es hoy algo que se me antoja complicado, difícil, inalcanzable… Probablemente el mundo de mis 40 está más sucio y es más injusto, más consumista y derrochador, menos equitativo, menos solidario que el de los finales de los 60. ¿Cómo será el mundo de mis 80? ¿Qué habré hecho yo/ qué tengo que hacer a partir de ahora para que no sea así?

Quizás estas preguntas que me hago no sean sino el reflejo de la que llaman crisis de los 40. Para hacerla más llevadera (espero vuestra ayuda y vuestra respuesta a mis preguntas) os copio una canción de Silvio Rodriguez para que celebréis conmigo mis 40 y nos sepamos apiadar (o envidiar) de los hombres (y mujeres) que no escribieron el libro, ni plantaron el árbol, ni tuvieron el hijo.

¿Quién lo ayuda a ir al cielo?, por favor
¿Quién puede asegurarle la otra vida?
Apiádense del hombre que no tuvo
ni hijo, ni árbol, ni libro.
Sé quien pasó la vida maldiciendo,
recorriendo en silencio viejas calles,
de mujer en mujer como un mendigo,
sin hijo, ni árbol, ni libro.
Sin hijo, ni árbol, ni libro.

Los hombres sin historia son la historia.
Grano a grano se forman largas playas
y luego viene el viento y las revuelve
borrando las pisadas y los nombres
sin hijo, ni árbol, ni libro.

Quiero un día saber que un guardaparques
se sentaba cansado en algún banco.
Pobre hombre de arena, campesino
borracho de las sombras de mi calle
sin hijo, ni árbol, ni libro.

Díganlo todo un día alguna vez,
cuando no haya miserias y desastres.
Apiádense del hombre que no tuvo
ni hijo, ni árbol, ni libro.
El que apretó una tuerca con acierto.
El que dijo de pronto una palabra.
El que no le importaba ser un hombre
sin hijo, ni árbol, ni libro.
Sin hijo, ni árbol, ni libro.

ballesteros@cee.upcomillas.es

Carlos Ballesteros
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