Vida en abundancia

Juan pone en boca de Jesús estas palabras: “El ladrón sólo viene a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”.

Vivimos unos tiempos de zozobra e incertidumbre, de muerte y destrucción de personas, instituciones y consensos que creíamos sólidos.

Los poderosos del mundo están optando crecientemente por la ley del más fuerte para dirimir sus asuntos, en detrimento de la colaboración y del derecho internacional. Asuntos que, desgraciadamente, afectan al conjunto de la humanidad y que se ciernen con violencia sobre las gentes más vulnerables.

Pareciera que el “robar, matar y destruir” de Juan 10:10 se ha convertido en su lema, en su misión.

Todo pudiera quedarse aquí, y solo nos quedaría apretar los dientes, protegerse como mejor pudiéramos, sabiendo que poco se podría hacer.

Pero Jesús en estos casos siempre da un paso más y concluye en todo lo alto: “yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”.

Esta frase desvela lo que el cristianismo entiende por resurrección, que no es la “otra” vida, que es la Vida, la que Jesús quiere en abundancia para nosotros, y pone como garante ni más ni menos que a su Padre, lo dicho, “en todo lo alto”.

Estamos cerca de los días en que se nos invita a todos los cristianos y cristianas a realizar una profunda reflexión para renovarse humana y espiritualmente; a que nos enfrentemos a la vida, a la muerte y a la resurrección que en Jesús de Nazaret son lo mismo: luz, amor, sentido, compromiso, gracia, misterio… Vida Plena.

Él nos anima a estar en Dios, o lo que es lo mismo a estar en cada hombre y mujer con los que compartimos espacios y tiempos, a estar en nuestro interior que se abre en canal no para comprender lo incomprensible sino lo más comprensible: que nuestro camino son los obstáculos que superamos, los amigos en que confiamos aunque nos fallen, los familiares que nos acompañan hasta el final, los malos y los buenos momentos, el silencio, las palabras.

En Alandar sabemos que el camino hacia la Pascua no está exento de problemas, los tuvo gravísimos Jesús, los tiene España, los tiene Europa, los tiene el Mundo.

La Resurrección es un momento culminante, crucial; a ella llegan todos los caminos personales, comunitarios, nacionales o universales. Que no nos pille blandos ni débiles ni despistados. Vivamos con hondura crítica estos días, siempre es posible. Estamos sobrados de vida: amenazada, sí… pero abundante.

Autoría

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *