Cuatro años después de la muerte de al menos 14 personas en la playa del Tarajal en Ceuta sigue sin hacerse justicia. Fue la fatídica madrugada del 6 de febrero de 2014, cuando agentes de la Guardia Civil dispararon balas de goma y botes de humo a las personas que, tras intentar pasar el paso fronterizo que separa Marruecos de España, se ahogaban en el mar. A pesar de los vídeos, a pesar de los testigos, a pesar de las pruebas más que evidentes, sigue sin hacerse justicia. Es más, el caso que debiera de haberle costado el puesto al entonces ministro del Interior Jorge Fernández Díaz y que debiera suponer la pena que la ley considere a los agentes implicados, se ha vuelto a intentar cerrar en falso una vez más el pasado mes de enero. Si no fuera por las abogadas y su tenacidad, ya sería otra causa más perdida.

Sigue sin hacerse justicia a las víctimas y a sus familias, las cuales, cuatro años después, aún no han recibido los permisos del Gobierno español para venir a ver los cadáveres de sus hijos, para enterrarlos y despedirse de ellos. Es injusto y, sí, es inhumano. Por eso, desde este editorial y sabiendo que representamos el sentir de todos nuestros lectores, les rendimos homenaje y reivindicamos su memoria. Sus nombres, para que no se olviden, eran: Yves Martin Bilong, Ousman Kenzo, Ousman Ben Sanda, Roger Chimi, Larios Fotio, Keita Ibrahim, Jeannot Flame, Dauda Dacole, Blaise Fotchin, Armand Ferdinand Souop Tagne. Sangre de mártires, semilla de libertad.