Septiembre

Ha llegado septiembre y en unos días el otoño se adueñará de nuestro entorno. Acaba un verano asfixiante no solo por las altísimas temperaturas que se han sufrido en muchos lugares del planeta, sino por la asfixia física de miles de personas que ven vulnerada su dignidad hasta el punto de perder toda esperanza de lograr una vida digna. 

Nos referimos a la asfixia de personas tan vulneradas y olvidadas como las mujeres afganas, cuya situación empeora día a día hasta el punto de que, por edicto talibán, se ha prohibido que sus voces se oigan en público, que salgan de casa sin un acompañante masculino, que las chicas mayores de doce años reciban educación…, ante el silencio cómplice de la comunidad internacional.

Nos referimos a la asfixia de mujeres, hombres, niños, niñas que pretenden llegar a otros lugares con la mirada puesta en mejorar sus condiciones de vida. Seres humanos que intentan cruzar mares, ríos, muros, fronteras… huyendo de la nada para llegar a territorios hostiles en los que, desde sectores sociales cada vez más radicalizados, los tachan de delincuentes, aunque en España, concretamente, las estadísticas del Ministerio del Interior desvinculen inmigración y delincuencia. Abordar el fenómeno migratorio no admite demoras.

Nos referimos a la asfixia de millones de personas, habitantes de países asolados por guerras injustificables, algunas siguen de actualidad, otras casi olvidadas: Ucrania, Palestina, Siria, Libia, Sudán, Burkina Faso, Somalia, Yemen, Myanmar, Nigeria. En todas ellas, las víctimas diarias son innumerables. La guerra de Sudán ha convertido este país en un verdadero infierno y en los últimos días, unos 10 millones de personas asfixiadas, una quinta parte de la población, se ha visto obligada a huir de sus hogares.  Actualmente, el 60% de las personas acampadas en Calais (Francia), esperando pasar al Reino Unido, proceden de Sudán.

Nos referimos a la asfixia insostenible de Palestina, que ha pasado de tener en Gaza la mayor cárcel del mundo a cielo abierto a ser el mayor cementerio a cielo abierto ante nuestra mirada ¿impotente?

Nos referimos a la asfixia de miles de mujeres que sufren violencia machista, especialmente durante los meses de verano porque la relación familiar se intensifica y los crímenes aumentan. La Memoria de la Fiscalía General del Estado (2024) por primera vez ha tenido en cuenta los asesinatos de mujeres a manos de sus parejas no solo por meses, sino también por días, laborables y festivos: de los 1.073 feminicidios registrados desde 2006, el 45,8% se produjo en los tres meses de las vacaciones de verano y los dos que comprenden la época navideña. Y sigue pendiente la cuantificación de las mujeres asesinadas por hombres que no son su pareja.

Asimismo, nos referimos a la asfixia que estamos causando a la naturaleza como consecuencia del maltrato que los humanos le estamos infligiendo; se diría que se está rebelando cada vez con más fuerza como hemos visto y, en muchos casos, sufrido: incendios, lluvias torrenciales, temperaturas elevadísimas tanto en la tierra como en los mares y océanos… En palabras del papa Francisco, “El ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos, y no podremos afrontar ade­cuadamente la degradación ambiental si no pres­tamos atención a causas que tienen que ver con la degradación humana y social”.

El mes de septiembre tiene algunas características propias como los regresos a casa de quienes han podido irse de vacaciones. Según el Instituto Nacional de Estadística, el 33,5% de los españoles no puede permitirse ir de vacaciones ni una semana por motivos económicos. Otra de las características es la vuelta a la rutina escolar, este año con muchos contrastes: la reducción acelerada de estudiantes en el segundo ciclo Infantil (de 3 a 6 años) y en Primaria, mientras se mantienen estables en Bachillerato. Las escuelas del interior y este de España se están quedando sin niños, en contraste con las del litoral Mediterráneo cuyo alumnado ha aumentado y algunas clases han empezado en barracones. Las desigualdades siguen presentes en el sistema educativo español.

Ha llegado septiembre arrastrando una carga muy pesada. No lo dejemos pasar sin nuestra aportación para dar aire a tantas asfixias personales y colectivas. No lo dejemos pasar sin aportar luces de esperanza para lograr “un nuevo diálogo sobre cómo estamos configurando el futuro en nuestro planeta” en palabras del papa Francisco (“Laudato si’”).

Autoría

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *