Nos faltan luces

Ni con todo el aumento desmedido de luces de Navidad que estamos viviendo en estos meses, nuestros mandatarios consiguen ver a las personas empobrecidas de sus ciudades. Nos faltan luces. A pesar de la absurda competición entre municipios para ver quién tiene la Navidad más grande, a pesar del crecimiento exponencial de lúmenes bajo riesgo de dejar eclipsada a la noche, no llega la luz hasta el suelo donde duermen niños y niñas migrantes en pleno siglo XXI.

Nos faltan luces y mira que el dispendio no es pequeño. Quizá porque han acumulado todas en torno a los belenes de cerámica, no han quedado para poner a la luz de la verdad tantos belenes de carne y hueso que la administración genera. Están las ciudades llenas de belenes y no los vemos. Cada vez más posaderos al grito de «si tanto te gustan mételos en tu pesebre» y no los vemos. Cada vez más sencillos pastores y pastoras tratando de dar calor al niño mientras los Herodes de turno discuten por competencias.

Sirven las luces para iluminar de verde los principales edificios de la autodenominada «Green Capital» ante el inicio de la COP25 pero nos faltan luces para ver que, bajo esa colorida decoración para la ocasión, la ciudad sigue siendo eminentemente gris. Cada vez más.

Nos sobran luces que nos deslumbran, de esas sí hay a puñados, ya que la luz sirve para ver pero también es capaz de cegar. Nos faltan luces de las que alumbran.

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