Día 23 de la era Trump. El mundo, sin lugar a dudas, es un lugar más peligroso que la última vez que nos comunicamos desde estas páginas. No solo ha sucedido lo que parecía imposible, la victoria del candidato republicano a las elecciones de los EEUU, sino que se ha visto validado un discurso. De algún modo, desde hace 23 días los machistas, los racistas y los defensores de las armas se sienten ganadores. No ha ganado Trump (que hará lo que el aparato del Estado le permita hacer), ha ganado una forma de estar en el mundo que amenaza todo lo construido por las civilizaciones y se extiende a una velocidad preocupante por todo el planeta.

En Europa ya se empieza a temer la posibilidad de que Marine Le Pen llegue a ser presidenta o a que la ultraderecha gobierne, por primera vez desde la II Guerra Mundial, en Alemania. Poca broma. Ante esto empiezan a surgir las voces que urgen a la construcción de una alternativa internacional que mueva a los pueblos. Lo hacen desde la política pero tal vez sería bueno no confiarlo todo únicamente a esa carta. Si lo que ha ganado no ha sido la política sino un discurso, ¿por qué no confrontarlo con otro? Tenemos en el papa Francisco al perfecto antiTrump. ¿Se imaginan a millones de personas de todo el mundo poniendo en práctica sus mensajes? No desaprovechemos la ocasión, el sentido del cambio de era que se avecina dependerá de ello.