La resaca del 20D nos deja un parlamento electo muy fraccionado, con una insuficiente victoria del PP, que ha anunciado su intención de conseguir pactar la investidura. Para ello, no le servirían solo los 40 votos de Ciudadanos. El PSOE (cosechando el peor resultado de su historia), mantiene el tipo en sus feudos: Andalucía y Extremadura. Y Podemos –junto con las confluencias catalana, valenciana y gallega- irrumpe con 69 escaños y con la sensación de haber remontado en la campaña. IU-Unidad Popular mantiene dos diputados a pesar del “efecto Podemos” y UPyD se convierte en fuerza extraparlamentaria. Por último, los partidos nacionalistas han conseguido volver a ser determinantes y conservar su presencia en el parlamento. Esos son los datos básicos.

Varias constataciones: el bipartidismo mayoritario está tocado de muerte y los “emergidos” han venido para quedarse. En el momento en que se cierra la edición de este número de alandar casi todas las opciones de formar gobierno parecen inverosímiles: la gran coalición, la alianza de la izquierda o la abstención del PSOE en la segunda vuelta. Sin embargo, el tiempo juega a favor de esos escenarios. Es la hora de la aritmética: 176 votos, los necesarios para posibilitar acuerdos. Sin descartar una convocatoria electoral anticipada, es también la hora de la altura de miras y de pensar en los problemas de la ciudadanía.

Ahora negociar y dialogar son palabras clave que nadie debería rehuir. Es un buen momento para demostrar consensos: justicia distributiva con fiscalidad progresiva, servicios públicos de calidad, reactivar las políticas sociales, freno a la precariedad laboral; pensiones dignas; reforma de la ley electoral (en algunas circunscripciones el escaño ha necesitado 500.000 electores; en otras, apenas 45.000), revitalizar la democracia con herramientas de control y revocación ciudadana. Aunque sabemos que, para determinados partidos, estos son postulados difíciles de asumir. Sus principios, simplemente, no se lo permiten.

Esperamos que este tiempo de incertidumbre sea, en realidad, un tiempo para avanzar, un tiempo para –a fin- aprender a hacer las cosas de otra manera en política. “El tiempo es muy lento para los que esperan”, escribía Shakespeare, “pero, para quienes aman, el tiempo es una eternidad”. Deseemos un tiempo para la esperanza y para un 2016 que sea, realmente, un feliz año nuevo.