Ultima llamada

Tanto tiempo esperando y se va tan rápido… no me refiero a las vacaciones, ni al día de la boda, ¡no! Me refiero a la presidencia española de la UE, que se venía anunciando a bombo y platillo desde hace años y ya está dando sus últimos coletazos. Y, ¿qué es lo que recordaremos de la misma? Ya sabemos que la memoria es caprichosa, y que a menudo la anécdota pasa por encima de la sustancia, así que probablemente el caos aéreo provocado por las cenizas del volcán islandés, con las curiosas imágenes de las reuniones de ministros por videoconferencia (práctica que, con o sin volcán, deberían promover un poco más si están tan concienciados como dicen con el cambio climático).

Y, sin embargo, todavía queda una oportunidad para que la presidencia española pase a la historia por algo más relevante para la vida de millones de personas. El próximo 17 de junio se reunirá en Bruselas el Consejo Europeo, formado por los jefes de Estado o Gobierno de los 27 países miembros. En su agenda, seguramente acapare la atención la Estrategia Económica “Europa 2020”, pero hay algo más. En esa reunión los máximos mandatarios de la UE deben fijar una posición común de cara a otra cita: la cumbre que se celebrará en Septiembre en la sede las Naciones Unidas para revisar el avance hacia los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Repasemos brevemente:

¿Qué son los Objetivos de Desarrollo del Milenio? Unas metas muy, muy básicas, que se fijaron todos los gobiernos del mundo en relación a la lucha contra la pobreza extrema y el hambre, la escolarización básica, la igualdad entre los géneros o la salud materno-infantil entre otros.

¿Por qué decimos que son básicas? Porque no se habla de objetivos absolutos (erradicar la pobreza, lograr el cumplimiento de todos los Derechos Humanos, etc.), sino de metas mucho menos ambiciosas que, en su momento, parecían fácilmente alcanzables.

¿Por qué una reunión en septiembre de 2010? Porque los Objetivos del Milenio se fijaron en el año 2000 con el compromiso de alcanzarlos en 2015, lo cual quiere decir que nos encontramos en un punto crucial, a 2/3 partes de que se acabe el tiempo, y va a ser la última vez en que realmente todavía sea posible cambiar el rumbo.

Precisamente por ese motivo es tan importante la reunión de junio. La Unión Europea, juntando los esfuerzos de la Comisión a los de todos los estados miembros, es el principal donante del mundo. No sólo en términos cuantitativos, sino que se espera de ella un liderazgo que marca a menudo la reacción del resto del planeta. Si los presidentes europeos dan una señal clara de compromiso, en un momento interno tan delicado como éste, será un empujón tremendo para que Estados Unidos, Japón y las potencias emergentes también hagan lo propio. Estas cosas funcionan así, uno empieza y los demás no se quieren quedar atrás y aparecer como los más tacaños, ya lo hemos visto en otras ocasiones.

Sin embargo, si Europa sigue centrada en sus propios problemas, perderá una oportunidad de oro para demostrar que su solidaridad era sincera (la generosidad en tiempos de vacas gordas no tiene tanto mérito, es ahora cuando realmente se pone a prueba el compromiso), pero también para cumplir con ese papel de liderazgo mundial que siempre reivindica y pocas veces amerita.

Y el Presidente Zapatero en particular puede jugar un papel clave para lograr que este acuerdo sea realidad. Porque España ha demostrado sobradamente en los últimos años su compromiso con la lucha contra la pobreza. Porque el propio Presidente ha dicho una y mil veces que en tiempos de crisis no va a dejar de lado a los que más ayuda necesitan. Y sin duda entre ellos están los más de 4 millones de parados que viven a nuestro lado, pero también los 50 millones que, en todo el mundo y sólo en 2009 (hasta 100 según las cifras más pesimistas), se han unido a la cifra ya de por sí escandalosa de personas viviendo en la extrema pobreza (recordemos, con menos de 1 euro al día). Muchos de ellos son niños, no les podemos fallar.

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