La independencia para una nación es similar a la independencia para una persona. Una persona necesita ser libre, ser ella misma. Dios nos la da y nos dice: “Si cumplís con la ley que Dios os dio en el Sinaí, entonces seréis libres”. Libertad no es hacer lo que uno quiera. La libertad es ser capaz de hacer el bien para ser libre. Quien cumple la libertad y la ley es libre, no está atado, no es esclavo. ¿Sabemos cómo respetarla lo suficiente?
Para comprender la realidad es importante conocer su trasfondo. Prácticamente durante todo el siglo veinte los ucranianos hemos estado bajo ocupación. Estuvo la ocupación de Austria, luego la polaca, después un breve período de tiempo de lucha para la liberación, luego la ocupación bolchevique, la alemana y la bolchevique de nuevo. En pocas palabras: muchas veces, durante nuestra historia, el pueblo no ha sido libre. Creció sin conocer la verdad, carente de iniciativa, con la sencilla ignorancia sobre por qué durante más de veinte años los ucranianos no hemos sido capaces de valorar la largamente esperada independencia, que se obtuvo en 1991. Hay varias razones para ello, la gente tenía miedo de ser libre. El miedo es consecuencia de nuestra libertad, porque esta significa responsabilidad. En mi opinión, hemos hecho lo que debíamos hacer solo en Maidan hace tres años. Desde entonces, tenemos muchos desafíos en nuestro camino y, del mismo modo, muchas opciones.
En los últimos tres años han cambiado muchas cosas. Trataré de explicarlo brevemente. En estas dos décadas y media (desde 1991) una generación ha crecido sin experimentar el comunismo. Una generación que no solo sabe cómo actuar, sino también cómo vivir conjuntamente, cooperar, porque hemos experimentado veinte años de independencia. Somos gente que, simplemente, estamos despertando a la libertad, estamos empezando a aprender a ser libres en todo el sentido de la palabra: internamente libres, externamente libres, personas conscientes de su dignidad, conscientes de la dignidad de los demás.
Tenemos muchos desafíos en nuestro camino y, del mismo modo, muchas opciones
En el otoño de 2013 la protesta comenzó como una reunión de unos miles de estudiantes pidiendo que Ucrania firmara un acuerdo de adhesión a la Unión Europea, acuerdo que habría marcado un alejamiento decisivo respecto a muchos siglos de orientación hacia Rusia y hacia el Este (en la foto pueden verse estudiantes y miembros de Obnova durante el primer día de protesta en la plaza principal de Kiev, Maidan Nezalezhnosti).
El presidente Yanukovych había hecho un inesperado giro de 180 grados y no firmaría el acuerdo, argumentando severas dificultades financieras que solo podrían ser resueltas a través de posteriores negociaciones con Rusia. Un dramático giro en las protestas llegó el 30 de noviembre, cuando las autoridades mandaron a las fuerzas especiales Berkut a las 4 a.m. a “limpiar” el lugar con los cientos de estudiantes y otros ocupantes de la plaza. El brutal ataque, recogido en muchas cámaras en directo, mostró a las fuerzas especiales, enmascaradas y protegidas con cascos, disolviendo a los estudiantes con porras de goma, agrediéndolos sangrientamente (mis amigos y yo fuimos afortunados al abandonar Maidan aquel día antes de medianoche).
El país se levantó aquella mañana en estado de shock. Lo sucedido llevó a un número sin precedentes de gente a las calles. Aquel día, la que llamamos Revolución de la dignidad empezó en las calles principales de todas las ciudades y regiones a lo largo de Ucrania y duró el invierno entero.

Este empate entre un honesto y popular deseo y el mentiroso y corrupto gobierno fue entendido como una espiritual, casi apocalíptica, batalla entre el bien y el mal. Esto hubiera sido inimaginable sin la juventud y la Iglesia. La gente empezó a reclamar transparencia y honestidad por parte de su gobierno pero, gradualmente, añadió a sus demandas la legítima democracia, la independencia judicial, la reconciliación y la inclusión social.
El segundo Maidan demostró suficientemente nuestra dignidad, nuestro respeto por la persona humana y nuestro deseo de construir una nueva Ucrania. Maidan nos dio la comprensión de que el futuro del país depende también de mí y el país cambiará si yo empiezo cambiándome a mí misma. Esta revolución nos condujo a la decisión de construir la nueva sociedad democrática que necesitamos para convertirnos en ciudadanos libres y responsables de nuestro Estado, responsables de nuestra vida y del mundo que nos rodea. La persona libre y creativa, real, acogedora, abierta a los cambios y que sabe conocer la historia y el respeto a la herencia de su país de origen.
La situación hoy
Crimea lleva ocupada desde hace casi dos años, la guerra en el Este de nuestro país continúa y el número de víctimas crece día tras día. Más de 800 ucranianos, soldados y ciudadanos pacíficos, han muerto durante estos dos años en los territorios ocupados del este de Ucrania. Como resultado, tenemos niños que han perdido a sus padres, muchos soldados que vuelven de la guerra tienen problemas psicológicos serios, las familias están rotas. Tenemos muchos refugiados (personas desplazadas en el interior) que han dejado su casa en la zona de guerra y en los territorios ocupados. Desde el momento en que comenzó la revolución y hasta ahora hemos tenido muchas víctimas que han sido asesinadas (muertas durante la revolución y la guerra). A día de hoy nos preguntamos: ¿se ha derramado la sangre en vano?
Yo no debo dictar a Dios, ni decirle qué debe hacer ahora. Yo rezo y Dios ya sabe qué debe hacer
Las acciones de la gente que muere por la libertad y la independencia de Ucrania se parecen al comportamiento de Jesucristo, que fue crucificado y sacrificó su vida. Pienso que aquellos cientos que fueron asesinados durante la revolución son, desde el cielo, soldados que protegen nuestro país… Su muerte inocente afecta a nuestra sociedad y este derramamiento de sangre nos interpela.
Es importante continuar esta revolución, tenerla en nuestras mentes y en la mente de la sociedad entera, dando ejemplo como ciudadanía responsable y como cristianos predicadores de amor, misericordia y paz. Hemos empezado a preguntarnos a nosotros mismos, como estudiantes católicos de Obnova, ¿a qué estamos llamados?
Esta revolución nos condujo a la decisión de construir la nueva sociedad democrática que necesitamos para convertirnos en ciudadanos libres
Nuestra llamada es a apoyar la vida normal de la Iglesia, adorar, predicar, trabajar por la escuela, la familia cristiana, promover la moral cristiana, la literatura cristiana, el arte cristiano… y, además, una palabra muy popular ahora, la evangelización: cuando un creyente entusiasta comparte su fe con los demás. Así, la religión vuelve a la consciencia de la gente. Si experimentamos de verdad a Dios en nuestras vidas, es importante compartir el amor de Dios con los demás.
Hablar a la gente a través de la cultura es acercar a la gente los valores espirituales de los que estamos convencidos. La cultura (no la que solemos llamar cultura popular, sino aquella en la que está basada la interacción humana) es algo que está profundamente asentado y no puede ser destruido o borrado. Por eso estoy convencida de que es importante hoy en día que hagamos de nuestra cultura cristiana un elemento consciente en la vida de la gente que nos rodea.

Ser verdaderamente estudiante. No solo obtener conocimientos, sino educarnos a nosotros mismos. Educarnos para ser honestos y también para ser capaces de adquirir conocimientos sabiamente. No estar simplemente sentados frente al ordenador y no saber qué hacer con todo el conocimiento que se acumula. No necesitamos solo información, sino formación.
Estar presente en los espacios de comunicación. Si Jesús viviera en nuestro tiempo habría usado internet y también las redes sociales. Solo es esencial seguir muy conscientemente los principios del buen periodismo o la política de comunicación para buscar la verdad y la moralidad. Los estudiantes católicos no podemos tomar parte en muchos de los sinsentidos que muchas veces escuchamos. Tenemos que estar verdaderamente en el servicio de la verdad. Y entonces estamos yendo hacia nuestro propósito. No hay que estar siempre catequizando o hablando de temas religiosos, pero sí es importante buscar siempre la verdad y el respeto sin ofender.
–Preservar la familia como la fiel, fructífera e indisoluble unión entre hombre y mujer. Incluso en el actual momento de guerra en Ucrania, frente a otro desafío de una real y severa crisis económica, las familias cristianas han acogido migrantes en un surgimiento imprevisto del poder de la solidaridad. Según estima la ONU, en Ucrania hay aproximadamente un millón de desplazados internos y la mayoría de ellos han sido acogidos por familias ucranianas, la célula fundamental de la sociedad.
–Rezar. Necesitamos dedicar más tiempo a la oración. Pienso que es nuestra tarea más importante hoy. La gente debe hablar con Dios y esto es hacer oración. Sabiendo las dificultades que tenemos detrás, ¿qué podemos y debemos hacer hoy? Dios dirige nuestras oraciones. Yo no debo dictar a Dios, ni intentar decirle qué es lo que debe hacer ahora. Yo rezo y Dios ya sabe qué debe hacer.
–Luchar contra la corrupción. La corrupción fue enraizada en los tiempos soviéticos, cuando era un modo de vida. Nosotros, como generación joven, debemos ser ejemplos positivos de lucha contra la corrupción.
-Tomar la iniciativa, estar preparados para ayudar, hacernos voluntarios.
-Asumir responsabilidad y no tener miedo de convertirte en líder.
–Tener una actitud positiva hacia la vida a pesar de las dificultades a las que nos enfrentamos ahora.
Comprender que somos el futuro. Hoy tenemos dos frentes: la guerra en el este y la formación de una nueva calidad de ser humano en la mente de cada persona ucraniana. Todavía necesitamos trabajar duramente en la movilización de nuestro espíritu para transformar nuestro país hacia la libertad y la dignidad. Que Dios todopoderoso nos ayude a hacer estos cambios realidad.
