Vientos, flores de asfalto y policías

A veces la vida irrumpe con vértigo. Los acontecimientos se imponen y apenas te permiten margen de maniobra. Parece entonces que es ella quien “nos decide” pero, como dice Luisa Muraro en su obra La indecible suerte de ser mujer, “siempre hay más libertad disponible de la que nos tomamos”. La vida nos ha sobrecogido fuertemente este último mes por Lavapiés con toda su belleza, solidaridad y utopía y también con toda la dureza y violencia que existe en ella y que nos asalta de repente, como un gato furioso.

artículo de opinión de Pepa Torres sobre la utopía

ilustración Dani Farrás

Iba pensando sobre ello esta mañana cuando una  ráfaga de viento me regaló una lluvia de flores de los almendros suburbanos que sobreviven al asfalto de mi barrio. Entonces, de nuevo, se me regaló un “insight” a modo de aliento vital en tiempos duros: la vida es eso, viento que arrasa y que, cuando caminas contra corriente, cuesta enfrentar y avanzar en dirección contraria. También flores nacidas bajo adoquines, que se nos regalan como un milagro suburbano y cubren nuestras cabezas como un buen presagio.

La violencia policial es siempre en Lavapiés un viento contrario que nos toca afrontar y al que no me acostumbro. Hace unos días, otra vez más, otro compañero africano ha sido maltratado por la policía y, como consecuencia de la violencia ejercida, le han roto un brazo. Mi amigo tiene 22 años, es muy callado y tímido y apenas sale de casa si no es para buscarse la vida como vendedor callejero. Iba tranquilamente por la calle, le pidieron el género y echó a correr por miedo. Entonces dos policías de paisano se abalanzaron sobre él y le rompieron el brazo. Le han tenido que operar de urgencia, poner una prótesis y el médico le ha dicho que tendrá que pasar una larga convalecencia y rehabilitación hasta que pueda recuperar la movilidad. El chico está muy triste y más que su brazo lo que le preocupa es cómo va a poder mantenerse y enviar algo de  dinero   a su familia ahora que no puede vender y tiene que estar dependiente una larga temporada.

Junto a este viento que nos ha intentado arrollar estos días también ha sido mucha la belleza de la solidaridad de la gente con nuestro amigo africano, “flores” de apoyo, cariño, cuidado, acompañamiento, que toman nombres muy diversos: Bara, Famara, Nacho, Carmen y tantos otros. Porque, como decían las madres y abuelas de Mayo, aunque pretendan arrancar todas las flores no se puede detener la  primavera

No obstante, en el distrito Centro muchos colectivos llevamos años reuniéndonos con la policía, asistiendo a los planes de barrio, hablando de la necesidad de formación y protocolos adecuados que garanticen el respeto de los  derechos humanos por parte de la policía para abolir las prácticas racistas y xenófobas de quienes las ejecutan, pero en este tema apenas percibimos cambios. Las buenas intenciones no terminan de hacerse operativas. Las redadas indiscriminadas y los maltratos siguen repitiéndose.

Gracias a que Madrid ha sido declarada “ciudad de los cuidados”, mi amigo pudo ser atendido y operado rapidísimamente, cosa que hace escasamente un año hubiera sido muy difícil sin antes haber tenido que atravesar complejos vericuetos administrativos y sin el asesoramiento de Yo sí sanidad universal. Sin embargo, en el contexto de esta campaña contrasta todavía más la impermeabilidad de la policía a entrar en otra lógica que no sea la de la represión, el racismo, la violencia  y el miedo.

Conversando con gentes diversas del barrio sobre estos acontecimientos me hecho más  consciente que seguridad y securitización no son lo mismo y que, en nombre de la primera, el sistema neoliberal nos impone la segunda. Mis amigos africanos lo explican con mucha claridad y sencillez cuando describen lo que para ellos significa tener seguridad o no tenerla. Reproduzco a continuación sus propias opiniones:

-“Seguridad es ir por la calle y que me traten con respeto, que no me miren con desconfianza, que no me insulten, que la policía no crea que el móvil que llevo es robado o que por  ser africano soy delincuente”.

-“Al principio de llegar a España crees que la policía va a defenderte si te pasa algo pero enseguida aprendes que no, porque para la policía existen dos clases de personas: las emigrantes y las otras, los que tiene papeles  y los que no”.

-“No tener seguridad es que si corro porque tengo prisa me paren y me pregunten qué  es lo que he robado y  me amenacen con que voy a pasar la noche en comisaría”.

-“No tener seguridad es que si me acerco a ayudar a alguien que han robado o herido la policía  no me va a creer, sino que va a pensar que yo tengo algo que ver con ello”. 

– “No tener seguridad es que la policía nos ofrezca protección a cambio de favores, de que  les pasemos  información sobre gente, sobre asociaciones o que nos digan que nos van a dar papeles si les conseguimos información”.

-“No tener seguridad es que en la comisaría no te expliquen qué derechos tienes y si tú se lo planteas se lo tomen a risa o te amenacen”.     

-“No tener seguridad es que si vendes te quiten el género y se quede con ello para su beneficio, sin decirlo en comisaría como muchas veces nos pasa”.     

-“Tengo seguridad cuando la policía conoce mi cultura y la respeta”.

-“Tengo seguridad cuando puedo ir al médico y me atienden sin problemas y no nos  detienen a la salida como pasaba hace unos meses”.

-“Tengo seguridad cuando puedo puedes alquilar una casa por mi mismo, sin que tengan que acompañarme amigos españoles para que el casero no desconfíe de mí”.

-“En un barrio hay seguridad cuando puedes estar tranquilamente en la calle.           Cuando hay pistas de futbol para jugar, cuando no hay  gente durmiendo en la calle o en los cajeros y si la hay los vecinos nos preocupamos de ellos”.

¿Quién controla al que controla?” suele tararear con su bicicleta una vendedora ambulante de calcetines muy conocida en el barrio y que a veces los vecinos y vecinas del barrio nos tomamos a broma por su insistencia, pero que con su canción nos hace el favor recordarnos que es necesario que así sea. Máxime ahora que pretenden construir un hotel en el centro del barrio y que se intensificará la presencia policial en Lavapiés  para salvaguardar la seguridad de los turistas a costa de la de los habitantes diversos de esa zona.

 

 

 

pepa torres
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