Los pañales desechables son un elemento constante en los vertederos. Día tras día, millones de familias lanzan a la basura entre cinco y diez de ellos, que suman unas 900 toneladas al año y que pueden tardar hasta 500 años en descomponerse. Un bebé puede llegar a necesitar una media de unos 5.000 pañales desechables a lo largo sus dos primeros años. O, para plantearlo de una forma más visual: los residuos de los pañales desechables de todos los niños y niñas de nuestro país a lo largo de un año podrían llenar dos veces el estadio de fútbol Santiago Bernabéu.
Y, ¿qué ocurre con esos pañales? Hay pocas opciones de reciclaje en nuestras industrias, aunque una empresa francesa ha tomado la iniciativa de transformarlos en energía. Sin embargo, pocos son los esfuerzos dedicados a ello, por lo que los pañales desechables estándar se convierten en un producto altamente contaminante a causa de los plásticos y derivados del petróleo que incluyen.
«Los pañales desechables de todos los bebés de nuestro país a lo largo de un año podrían llenar dos veces el Bernabéu»
Cada vez hay más progenitores que se van sensibilizando respecto a este asunto, aunque se estima que un 87% de los padres y madres desconoce el impacto medioambiental que producen los pañales desechables. Son objetos muy necesarios, por lo que resulta difícil plantearse la reducción del consumo: se consumen tantos como marca el ritmo vital del bebé.
¿Qué hacer entonces? Las alternativas que existen hoy en día son, básicamente, dos: usar pañales desechables que sean biodegradables o pañales de tela reutilizables. En el caso de los desechables ecológicos, las posibilidades cada vez son mayores con marcas como Naty, Bambo o BioBaby –esta última creada por la multinacional Moltex y disponible en grandes superficies. Su precio puede ser un poco más elevado que el de los pañales convencionales aunque, calculadora en mano, es posible comprobar que la diferencia no es tan grande.

Los pañales de tela son reutilizables, por eso generan menos residuos y contaminan menos. Mucha gente los encuentra incómodos y los considera como una “vuelta atrás”, a los tiempos en que nuestras abuelas lavaban pañales y trapos. Sin embargo, los diseños se han modernizado mucho en los últimos tiempos y, dentro de que requieren mayor esfuerzo que los desechables, pueden ser una alternativa cabal. Su composición básica es el algodón, cáñamo o bambú, a menudo procedentes de la agricultura ecológica.
Suelen estar conformados por una funda exterior -que no es necesario lavar tan a menudo- y un interior absorbente que es el que se lava en cada uso. Este lavado se realiza en la lavadora a 60ºC, lo que mata todos los posibles microbios. Puede haber quien cuestione que no compensa, porque también se gasta electricidad y agua en cada ciclo de lavado, pero estudios publicados en Italia han demostrado que el agua utilizada para producir un pañal desechable estándar es un 30% más que la que se necesita para lavar uno reutilizable en la máquina.
«Las alternativas son dos: usar pañales desechables que sean biodegradables o pañales de tela reutilizables»
En algunas guarderías ya se utilizan, sobre todo fuera de nuestras fronteras y, así, se ha comprobado que se puede reducir el consumo de pañales hasta un 37%, lo que implicaría 147 kg de residuos menos por bebé al año.
Además, los fabricantes de este tipo de pañales argumentan que pueden suponer un ahorro ya que, aunque la inversión inicial es grande –uno de estos pañales cuesta en torno a 20 euros y se calcula que son necesarios en torno a 20 para responder a la demanda de un bebé medio–, a largo plazo el coste es menor que el de comprar pañales desechables estándar. En este sentido, en un municipio de las afueras de Londres, Hounslow, pusieron en marcha con éxito una iniciativa para regalar un kit de cinco pañales a las familias que quisieran probarlos antes de hacer la inversión.
La solución más práctica está, probablemente, en el camino intermedio. Utilizar pañales desechables que sean lo más ecológicos posible y contar con algunos de tela para cuando las circunstancias permitan su uso y su lavado. Todo un reto para los padres y madres: construir un planeta mejor para sus pequeños desde que están en pañales.
