En Ecuador Combatir la violencia de las bandas latinas no pasa sólo por la represión policial. Así lo demostró Ecuador con un novedoso programa basado en el diálogo y la integración de los jóvenes pandilleros.

Por Yolanda Sobero (Autora de «Amor de ley», En Portada TVE, 2019)

En las dos fotos, miembros de los Latin King en el malecón Simón Bolivar de Guayaquí. Foto: Yolanda Sobero.

 “Plan policial contra las bandas latinas”. Es un reciente titular de un periódico español. Es muy probable que a nadie le choque; es más, quizás casi todos los lectores de este titular pensarán que es así como hay que actuar, que es la única forma de acabar con la violencia en las calles.

“Bandas”, “pandillas”, igual a “violencia”. La equivalencia parece inevitable. Y, sin embargo, se ha demostrado que puede no ser así. La vía policial es la que más vende pero, por si sola y a la larga, es poco eficaz. En las calles de Ecuador, se ha demostrado que hay otra vía mucho más efectiva, aunque no acapare titulares y sea menos espectacular.

El caso ecuatoriano, mucho menos conocido de lo que se merece, es emblemático. En los años 90 padece una gravísima crisis económica y social. La pobreza se dispara. Decenas de miles de ecuatorianos emigran. Las familias se separan. En las calles, muchos adolescentes y jóvenes, en busca de afecto y reconocimiento, se agrupan y forman pandillas, siguiendo el ejemplo de los otros emigrantes en Estados Unidos. Latin Kings, Masters of Street, Ñetas… Hacen de las calles sus territorios. Se las disputan, en ellas miden su poder y la violencia se dispara.  Uno de aquellos jóvenes, hoy líder de los Latin Kings, Manuel Zúñiga “King Majesty”, recuerda que “comenzaron los enfrentamientos por los sectores, por los barrios. Fue muy duro, muy duro. Hermanos muertos, caídos en guerra, gente inocente. Fue un conflicto muy fuerte”.

Los jóvenes demandan reconocimiento, apoyo institucional, salidas económicas y profesionales.

Esta violenta espiral comienza a quebrarse cuando los Latin Kings, los Ñetas, los Master y otros grupos son capaces de sentarse a negociar para poner fin a los enfrentamientos. En el esfuerzo, colaboran tanto los jóvenes como autoridades y académicos. Los jóvenes demandan reconocimiento, apoyo institucional, salidas económicas y profesionales. El 2 de agosto de 2007, los Latin King son legalizados y recibidos por el entonces presidente Rafael Correa. Las pandillas, los Latin King, los Ñetas, los Master y otro son reconocidos oficialmente como “agrupaciones juveniles urbanas”, las cuales, sin renunciar a su identidad grupal, se comprometen a desvincularse de la violencia.

Según la académica y ex ministra de Cultura, Ana Rodríguez, que participó en el proceso, en este acuerdo fueron fundamentales dos reformas: la policial y la penal. Ecuador pasó de tener una de las peores policías de América Latina a una de las mejores, gracias a una mejora de capacitación, salarios y medios.

No fue un proceso fácil. Hubo divisiones internas y no todo se cumplió. Hoy reina la frustración, el desencanto entre los jóvenes que vivieron aquel proceso y el escepticismo entre los jóvenes de hoy.  Según Fabricio García, uno de los negociadores del proceso en nombre de los Masters y hoy diputado suplente en el Parlamento Andino, “el Estado nos prometió un montón de cosas que nunca nos cumplió. Pudimos hacer mucho más, además de la violencia, pudimos haber erradicado mucho la drogadicción, la violencia entre las juventudes, mejorar la inserción escolar, dar medios para el emprendimiento. Creo que todos tuvieron un desencanto con la política. Nosotros construimos la paz, pero no logramos ir más allá”.

En las calles, aún son vistos por muchos con recelo y se sienten discriminados. Y cuando emprenden algún proyecto, encuentran mucho menos apoyo del que sería necesario. Pese a ello, surgen nuevas iniciativas. La Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), una de las mejores del país, ha abierto sus puertas a los Latin King. En 2014, iniciaron una relación inédita, que ha dado lugar a algunos programas de apoyo y formación con el objetivo de abrirles salidas laborales. Uno de estos proyectos es el “Kings Catering”, una microempresa con una docena de empleados, a los que la Universidad, que es su principal cliente, ofrece formación en cocina y protocolo. Su objetivo, además de darles una salida laboral, es reinsertar a los jóvenes que salen de prisión. Pero no les resulta fácil. Su principal queja es que, pese a sus esfuerzos, la sociedad los mira con desconfianza y los discrimina. 

Pese a ello, uno de los efectos más palpables de la legalización y del fin de la guerra entre grupos es el descenso de los índices de criminalidad. En menos de una década, la tasa ha pasado de más de un 16 a menos del 6 por cada cien mil habitantes. Ecuador se ha convertido así en el cuarto país con menor número de homicidios de América Latina.

Yolanda Sobero

(Autora de “Amor de ley”, En Portada, TVE, 2019)