Por Dani García (ATD 4ºMundo)

Desde el Movimiento ATD Cuarto Mundo España hemos lanzado una campaña de crowdfunding: “Realojando Derechos. Diagnóstico y Alternativas desde la extrema pobreza en la lucha por la vivienda” (https://www.goteo.org/project/sin-vivienda-no-existes). Buscamos apoyo tanto económico como de personas dispuestas a comprometerse en acciones concretas para un trabajo de investigación-acción sobre políticas de vivienda con colectivos en gran exclusión, que se recogerá después en un informe. Partiremos de dos ejemplos concretos que consideramos especialmente significativos: el realojo del Pozo del Huevo hace 15 años y el actual proceso de desmantelamiento de Las Sabinas, en Móstoles, poniéndolas posteriormente en diálogo con otras realidades que conocemos (personas sin techo, promociones de vivienda social, etc.).

Tenemos hasta el 10 de diciembre para conseguir llegar al objetivo mínimo de la campaña y luego se abrirá otro tiempo de 40 días para llegar al óptimo. ¡Esperamos tu apoyo!
«Ya no tengo fuerzas. Llevo tantos años luchando por encontrar una solución, por encontrar una salida, que ya estoy agotado. Cada vez que intento dar un paso adelante, no sólo no lo consigo, sino que muchas veces las cosas se vuelven contra mí y termino peor de lo que empecé.

¿Sabes lo que significaría para mí poder salir a buscarme la vida sabiendo que cuando vuelva mis hijos estarán allí, seguros, jugando o durmiendo, pero protegidos? ¿Sabes lo que sería poder irme sin miedo a que les pase algo o a que venga la policía? ¿Poder cerrar y abrir la puerta con confianza?

Pero eso sigue pareciendo un sueño imposible. Seguimos viviendo en una barraca, en la que no sabemos hasta cuándo podremos estar, igual que nos pasó durante los años que vivimos en una furgoneta, anteriormente en una casa que ocupamos y de la que nos echaron y antes en distintas chabolas que terminaron siempre siendo derribadas…”.

La necesidad de una dirección para gestiones imposibilita crecer a las personas sin hogar

Parte de ATD 4ºMundo


Su nombre no importa. No está solo, no es una excepción. Es uno más de los nómadas invisibles que pueblan nuestros pueblos y ciudades, errantes forzosos a la deriva en función de la voluntad de las administraciones o de los planes de otros que sí tienen recursos. Expulsados de todos los sitios en los que cualquiera que tenga medios muestre interés, buscan los resquicios, los espacios a la sombra en los que poder construir un mínimo de seguridades frente a la precariedad y el miedo al que se enfrentan día a día. Este ejercicio de resistencia no es nada fácil. Cuando el acceso a una vivienda digna se hace prácticamente imposible se pone en juego no solo el alojamiento, sino la propia ciudadanía. El derecho a la vivienda es clave para poder ejercer otros derechos como el derecho a la seguridad, a no sufrir tratos degradantes, a la intimidad y la vida en familia, a la educación, a la sanidad, etc. “Sin vivienda no existes para la sociedad”, resumía esta misma persona.

En los últimos años se ha hablado mucho de quienes, perdiendo su casa, se han encontrado en situación de pobreza. Pero también hay otras realidades invisibles que es fundamental rescatar del olvido: la de muchas personas y familias que, desde hace décadas, incluso generaciones, han vivido en condiciones de extrema pobreza:

“Nuestras vidas han estado marcadas por múltiples discriminaciones: por nuestro origen, por nuestro aspecto que señala que hemos tenido una vida dura, por no saber leer ni escribir, por no tener títulos que demuestren las capacidades y la inteligencia que, pese a la imagen que se ofrece de nosotros, sí que tenemos… Por eso no conseguimos nunca un trabajo y no nos queda otra que intentar salir adelante con lo poco que nos da el gobierno y completarlo, por ejemplo, echándonos a la chatarra.

Pero no es justo que por estas dificultades que vivimos nos hagan sentir menos capacitados que los demás, ni que nos consideren vagos, ni que digan que queremos todo por la cara. Queremos mejorar, sobre todo por nuestros hijos e hijas, quienes los tenemos, para que no tengan que pasar por lo que pasamos nosotras, para que tengan un futuro con mayor seguridad”.
Es fundamental reconocer esta voluntad de lucha, esta capacidad para buscar, pese a todas las dificultades y barreras encontradas, nuevos horizontes posibles, pese a la desesperanza que amenaza con imponerse siempre. Porque, frente a la imagen que abunda en los medios de comunicación y en el discurso público, ocupar una vivienda vacía o hacerse una chabola no es una opción fácil y cómoda, sino la única salida que se encuentra para seguir adelante, imponiendo al mismo tiempo muchas precariedades, estigmas y dificultades.

“Llevamos más de diez años en esta situación. Mientras tanto, hemos intentado siempre hacer solicitudes de vivienda pública, pero en los últimos años no lo hemos conseguido. Para que aprueben tu solicitud a trámite tienes que demostrar que vives en condiciones difíciles, pero en las circunstancias en las que vivimos ni siquiera podemos demostrar esto, ya que no podemos empadronarnos donde estamos ni los servicios sociales nos hacen un informe. Cuando hace unos años, vivienda en la furgoneta, solicitamos que los técnicos de urbanismo del Ayuntamiento vinieran a hacer un informe que pudiera ayudarnos a completar la solicitud de vivienda, en vez de estos quien acudió fue la policía, pues al declarar que vivíamos con nuestros hijos en esas condiciones se pasó una denuncia al Juzgado de Menores. Estuvimos aterrados durante semanas pensando que nos los podrían quitar, hasta que pudimos demostrar que hacemos todo lo que está en nuestra mano por ellos».

Frente a esta injusticia nos rebelamos. En nuestra trayectoria como Movimiento ATD Cuarto Mundo España hemos conocido y acompañado muchas realidades abandonadas en los márgenes de la sociedad: barrios de chabolas como el Pozo del Huevo y las Barranquillas, familias que quedan fuera de los realojos de estos barrios y otras que terminan siendo desahuciadas por la misma institución que les impone un único modelo de integración social, personas sin hogar que se aferran a su dignidad frente a propuestas temporales de alojamiento en la que no sienten que ésta se les reconozca…

Muchas realidades, demasiadas, y muy complejas, para las que no tenemos una solución mágica. Lo único que tenemos es la voluntad de querer entender mejor y construir propuestas junto con aquellos que tienen un conocimiento imprescindible si queremos encontrar respuestas duraderas frente a la pobreza y la exclusión, con quienes la experimentan en carne propia.