Con ella, la vida religiosa ya no fue igual

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Leer a Hermanita Magdeleine es adentrarnos un descenso contemplativo que acontece en el marco de lo cotidiano, compartiendo las condiciones de vida, el trabajo manual, los sueños y las luchas de las personas más invisibles y empobrecidas y buscando hacerse una con ellos y ellas, como la levadura en la masa y gritando el Evangelio con la vida.Toda la vida de la Hermanita Magdeleine está atravesada por un ideal que en ella no es abstracto, sino que está cargado de materialidades bien concretas: hacerse como los y las más pobres, formar parte de la clase de los humildes, de quienes el mundo desprecia, como muchos años después desarrollará la teología de la liberación: ser comunidad de destino con ellos y ellas. De ahí que muchas y muchos de nosotros hayamos reconocido este espíritu cuando nos hemos encontrado con las hermanitas trabajando como temporeras en el campo y viviendo entre los jornaleros y jornaleras o en mercadillos de artesanía o como empledas de hogar o acompañando la vida ambulante de los cirquenses.

Por eso, como afirma Dolores Aleixandre en el prólogo, la vida religiosa no es igual a partir de la Hermanita Magdeleine, precisamente por como afina las concreciones de esta inserción en el mundo de los pobres y la dimensión contemplativa entre ellos, transgrediendo tradiciones y costumbres que separan a la vida religiosa del común de los mortales. Como escribe Magdeleine en el año 1945: “No pienses que es necesario proteger tu dignidad religiosa y tu vida de intimidad con Dios de los peligros del afuera levantando barreras entre el mundo laico y tú. No te pongas al margen de la humanidad… Como Jesús, sé parte d ella (…). Jesús no perdió su dignidad divina al tomar la condición de un pobre artesano”.

Mucho antes de que las Conferencias de Puebla y Medellín nos retaran a la Iglesia a  adentrarnos sin miedo por los caminos de la inserción y la inculturación, la Hermanita Magdeleine ya intuyó que ese era un camino fundamental de vuelta al Evangelio. Las fraternidades de las hermanitas de Jesús fueron pioneras en ello, siguiendo el espíritu de Magdelaine, que en 1945 escribió: “He escuchado a menudo este reproche de llevar una mochila al hombro, viajar en la bodega de los barcos o a dedo en medio de bidones de gasolina y de cestos de verduras no es digno de religiosas. Pero ¿es digno de un Dios convertirse en un pobre artesano de pueblo y cargar tablones sobre sus hombros (…)? Como Jesús durante toda su vida humana, hazte toda para todos: árabe en medio de los árabes, nómada en medio de los nómadas, obrera entre las obreras… pero, ante todo, humana en medio de los humanos (….). Penetra profundamente el ambiente en que vives, santifícalo por la semejanza de vida, por la amistad, por el amor, por una vida entregada al servicio de todos como la de Jesús, queriendo ser como la levadura que desaparece en la masa para hacerla fermentar”.

Sal Terrae publica los Escritos esenciales de la Hermanita Magdeleine de Jesús

Hoy en un contexto de globalización de la indiferencia, de nuevos colonialismos y subalternidades, como denuncia el papa Francisco, en un sistema que contempla impasible y fomenta la violación sistemática de los derechos humanos en la frontera Este o en la frontera Sur o en tantas otras fronteras, el espíritu y las palabras de la Hermanita Magdelaine cobran más actualidad que nunca y constituyen un grito profético empeñado en despertarnos y hacernos reaccionar desde la sencillez, la confianza y la audacia de su vida. Destaco sobre todo dos aspectos, a modo de gritos, de su intuición carismática que nos resultan hoy sumamente proféticos: el grito de la hospitalidad, la universalidad y ecumenismo y el grito de la espiritualidad del pesebre y la amistad carismática con los pobres.

Tras muchos años viviendo entre los nómadas, a partir de 1946 Magdeleine vivirá una experiencia fuerte de universalidad que abrirá la intución de su llamada al mundo entero, especialmente a los lugares más recónditos, que será una de las características de las hermanitas desde entonces a hoy. Comienza así una etapa extensa de viajes recorriendo los cinco continentes en una roulotte, a la que pondrá el nombre de “estrella fugaz”, para sembrar pequeñas fraternidades en muchos países, a menudo en los sitios más alejados y de difícil acceso. Los países del telón de acero serán algunos de estos lugares donde habrá presencias clandestinas de las hermanitas. El primero de ellos, Polonia. También el proyecto de una fraternidad en el seno de una comunidad de hippies será uno de los grandes sueños de Magdelaine, que se siente identificada con ellos en su búsqueda de otras formas de vida, altenativas al sistema.

Su espiritualidad lo es también de despojamiento, ternura y amor universal. Una ternura que se concreta en la sencillez de vida, la elección de los medios pobres del Evangelio y el cultivo de la amistad y la reciprocidad con quienes no cuentan. El 22 de julio de 1956 la Hermanita Magdeleine escribe una carta que resume muy bien el espíritu de libertad y Evangelio que caracterizó su vida: “No tengáis miedo. Partid ligeras, aun más ligeras que las pompas de jabón, a todos los continentes. Partid muy lejos, sin mirar atrás. No tengáis miedo al sufrimiento sobre todo a la soledad (…). El Señor desea que tengamos el corazón libre para amar a todos sin excepción. Es esto lo esencial de nuestra vocación llevar en el corazón a todos aquellos que nos rodean y que el Señor ha puesto en nuestro camino. Como si cada uno fuera nuestro único amigo. Es difícil, sólo Dios puede ayudarnos a realizarlo: que nuestra amistad con cada uno sea tan grande que nadie pueda estar celoso. Es este el mensaje de fratenidad que debemos llevar a través del mundo a los cinco continentes, a todos los pueblos, sean cristianos, judíos, musulmanes o budistas, marxistas o ateos”.

Animo a leer este libro y a disfrutrarlo a quienes anhelamos una espiritualidad más desnuda y encarnada.

Hermanita Magdeleine de Jesús, Escritos esenciales, Sal Terrae, 2016

Autoría

  • Pepa Torres

    Teóloga y religiosa Apostólica del Sagrado Corazón de Jesús, vive en una comunidad intercongregacional en el madrileño barrio de Lavapiés. Allí apoya los movimientos sociales y la defensa de los derechos humanos, especialmente desde la Red Interlavapiés. Escribe en alandar la sección "Hay vida más allá de la crisis".

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