Sí, soy mujer; nada más, pero tampoco, nada menos. Quiero decir con ello que soy exactamente igual que tú, que eres hombre-varón. Por tanto, no quiero pasar por encima de tu persona, pero tampoco quiero ni me gustaría que tú pasases por encima de la mía. Si comenzamos por lo físico, quiero que sepas que tengo un cuerpo diferente del tuyo, pero que, en absoluto, quiere decir inferior. Es el cuerpo que me hace que sea mujer, como el tuyo te hace que tú seas hombre. Exteriormente mi morfología es específica, de la misma manera que también lo es la tuya. La cual cosa hace que seamos diferentes; pero no superior el uno e inferior la otra: sencillamente diferentes. ¿Qué significa esto?, podrás quizás preguntarme. Pues una cosa muy sencilla: que hablar de diferencia no es hablar de oposición, sino de complementariedad y, por lo mismo, de riqueza. ¡Qué maravilloso, no!

No quisiera que te creyeras tampoco que soy inferior a ti, porque las mujeres tenemos menos fuerza física en general. A lo mejor es verdad; pero, en el caso que lo fuera, me entristece ver como en muchas ocasiones esa fuerza no la utilizas para proteger a las personas débiles e indefensas, sino para maltratar, aplastar e, incluso, asesinar a las mujeres. 

Me duele que mi porte externo haya servido, yo diría que casi desde siempre, y continúe sirviendo en la actualidad, para que me veas como un objeto de placer y de deseo. ¡No te puedes imaginar cuánto me duele! Cuando tú me miras de esta manera, lo estás haciendo porque te consideras, déjame decírtelo, como un gran macho, a cambio, también te lo digo, de no ser en absoluto persona. Me da mucha rabia que los grandes lobbys económicos, y por ende los lobbys de poder, hayan hecho de mí un instrumento de reclamo por lo que al mercado se refiere; intentando hacerte ver que, si compras el producto publicitado por mí, como mujer, serás eso, un gran “macho” que conseguirá tener todas las mujeres que quiera a su alrededor. Al hilo de esto también te digo que me entristece demasiado que haya mujeres que se presten con bastante frecuencia a este juego; aunque comprendo que, a algunas de ellas, no sé a cuantas, no les queda a veces otro remedio; porque una sociedad dominada por hombres-varones así lo ha dispuesto y lo sigue disponiendo.

Pero, te equivocas si crees que eso es lo más grande e importante que tengo. En el fondo me das un poco o bastante pena, pues veo que ignoras que poseo una mente tan dotada como para llegar a conseguir logros y metas como las que tú consigues o puedes llegar a conseguir; aunque, modestia aparte, te digo que puedo conseguir, en muchas ocasiones, metas que tú nunca te habrías llegado a imaginar. Los títulos y los grados, sin embrago, serán, en su mayoría, para ti y para los tuyos. Otra de las injusticias que sufro y sufrimos en general las mujeres por parte de una sociedad patriarcal. ¡Pero, qué lo vamos a hacer!

Y, por si esto fuera poco, quiero también que sepas que tengo un corazón capaz de amar hasta extremos que te resultará difícil comprender. Y cuando hablo de “amar”, me gustaría que, al menos por unos momentos, comprendieras todo lo que esta palabra encierra. No estoy hablando de sentimientos ni de nada que se lo parezca. Estoy hablando del amor como sinónimo de entrega, de donación total, es decir, sin pedir nada a cambio; de generosidad sin ningún tipo de límites, o sea, hacia toda persona que pueda necesitar de mí.

En el caso de que seas creyente y pertenezcas a alguna religión, creo que debo recordarte la gran injusticia que cometen todas las religiones contra mí y contra todas las mujeres, también creyentes y religiosas. Sí, lo digo bien claro y alto: todas las religiones sin ningún tipo de distinción ni diferencia; aunque, a lo mejor, sí que tendríamos que decir que unas son más discriminadoras que otras respecto a nosotras, las mujeres.

Si no te importa, me gustaría sugerirte, para acabar, una última cosa: echa una mirada, aunque sea de manera ligera, por este Planeta que tú y yo habitamos; ya ves que lo tenemos casi agonizando. Es el resultado de lo que todas y todos hemos hecho; permitido, fomentado en algunos casos, que aún es peor, por dirigentes políticos, hombres-varones en su mayoría; no por nada especial, sino porque las mujeres no hemos tenido hasta hace muy poco, en general, acceso al gobierno de los pueblos.

No me compadezcas, pues no se trata de eso. Quiero y queremos nuestros derechos que no son otros que los tuyos y los vuestros. Porque soy mujer, somos mujeres. Nada más, pero tampoco nada menos.

¡FELIZ DÍA DE LA MUJER!