Miguel Gorospe, Plataforma por una justicia fiscal

La acción de la caridad aparece en las diversas religiones como una virtud y en el cristianismo llega a codearse, nada menos, que con la Fe y con la Esperanza y recoge la grandeza de corazón de amar al prójimo y prestarle apoyo moral, físico e incluso económico.

La acción caritativa actualmente se desarrolla al pagar impuestos

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Sin embargo, se ha hablado en la Iglesia, y se sigue hablando, de hacer caridad, del día de la Caridad, etc. En hacer caridad, especialmente económica, existe una voluntad de hacerlo, es decir que desde mi posesión ( ¿o debo decir posición?) económica, decido hacer algo por alguien voluntariamente

La caridad cristiana, en el ámbito civil, se convirtió en solidaridad, siendo aceptado por los cristianos. Yo me solidarizo con la situación de esa persona que lo está pasando mal por la razón que sea. Es decir, decido darle mi apoyo solidario a su situación.

Ambas posiciones nacen de mi voluntad y en ambas puede darse un cierto aire de superioridad, pues algo que tengo, mi tiempo o mi dinero, lo empleo en otra u otras personas que tienen alguna carencia.

El gran paso se ha producido en los últimos años, en los que se ha visto que los derechos humanos, económicos, sociales y culturales, hablan de los derechos de las personas a tener alimento, vivienda, educación, justicia, etc… De ahí nos surgen unos Deberes Humanos, complementarios a los Derechos Humanos. Ahora vemos que ante quien no tiene estos Derechos, tengo el Deber de luchar porque los tenga.

¿Y cómo puedo cumplir con mis Deberes Humanos? A través de la Justicia Distributiva que permite que de lo que tengo, pague una parte para los que no tienen. Es decir: a través de los impuestos.

Ahora bien, hemos recibido de Jesús diversos mensajes relacionados con los impuestos que pueden confundir a algunos y que coinciden con el hecho de no haberse considerado grave no pagar impuestos. Jesús nos dice que hay que “dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Puede sobre esto hacerse una lectura de que nada tiene que ver con Dios el pago de impuestos, pero lo cierto es que la realidad de Jesús es la de un pueblo ocupado y oprimido por Roma, y a pesar de ello Jesús lo que dijo es: “Dad”, es decir no dijo “No deis”

Por otro lado está la figura de los publicanos o recaudadores de impuestos, que lo colectan para un enemigo invasor y que, en muchas ocasiones, abusaban de quienes podían y que, lógicamente, dan una pésima imagen de los impuestos.

Actualmente, las cosas son muy diferentes. En una democracia, pagar impuestos es la forma en que se consigue que se cumplan los DDHH, que los más desfavorecidos puedan disfrutar de la sanidad, la educación, las ayudas a la dependencia, etc. Es decir, que los más vulnerables puedan tener los mismos derechos que los más poderosos. Pagar impuestos es la forma de reducir la desigualdad.

Además de estas imágenes negativas, nos podemos escudar en el mal uso que hacen a veces los políticos del dinero público, por los casos de corrupción que se van conociendo o porque no se coincide con sus prioridades; esto nunca debe servir de escusa, pues dentro de nuestras obligaciones cívicas está el exigir honestidad a los políticos y que las cosas se hagan bien.

Otras veces se escudan en que la Iglesia no paga el IBI o similar, y tampoco es una excusa, pues el origen del no pago del IBI está en la labor social que la Iglesia presta, como ocurre a los sindicatos, los partidos políticos, otras religiones, las federaciones deportivas, etc. y no justifica que los cristianos no debamos pagar.

Hemos visto en estos últimos años de recortes cómo se reducían los derechos de muchas personas, ya que la captación de impuestos era insuficiente. Analizando esa insuficiencia, hemos visto que existe un inmenso fraude fiscal y laboral que llega a los 90.000 M€, lo que representa el 23% del total ingresos fiscales del país. En esto no se percibe que los cristianos tengamos una mayor sensibilidad hacia el fraude, a pesar de que es la forma de cubrir las necesidades de los más desfavorecidos. No consideramos a las personas que no pagan impuestos como alguien que está haciendo daño a los más pobres.

A veces sucede que se está defraudando a Hacienda y sin embargo se dan limosnas por caridad o solidaridad… El cristiano debe cumplir lo primero de todo con sus obligaciones tributarias y, después, aportar voluntariamente las cantidades que considere debe aportar, además, a aquellas instituciones o personas a las que les parezca que debe apoyar.

El pago de impuestos es una obligación de todos los ciudadanos para que se cumplan los Derechos Humanos y que se reduzca la desigualdad a favor de los más desfavorecidos, y esta obligación en el caso de los cristianos se ve aumentada por nuestra obligación de ayudarles y ocuparnos de nuestros hermanos más vulnerables.

Ojalá que tomemos conciencia de que “el pecado“ está en hacer daño al prójimo, y se le daña cuando, no cumpliendo con nuestras obligaciones legales, se le impide disfrutar de sus legítimos derechos.