Un cura rural

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El pasado 23 de agosto asistí a la misa de acción de gracias por los cincuenta años de la ordenación sacerdotal de don Teodomiro Vicario, de “don Teo” que es como se le conoce entre los que han sido sus feligreses. Celebraba las “Bodas de Oro” y ciertamente que vivió como si de un acto de estas características se tratara. No es fácil ver llorar de emoción a una persona que has tenido por un ser duro, castellano viejo, que has visto con la mano rota después de un partido de pelota, acostumbrado a lo bueno y a lo malo en un país donde ni el clima, ni las facilidades, ni la comodidad llevan a la vida fácil.

Don Teo es un “cura rural”, en mi pueblo ha estado treinta y dos años y aún vive en él, ahora libre de responsabilidades pastorales, pero siguiendo los avatares y el seguimiento del tiempo y de las cosechas. Un cura que en sus años mozos era un gran jugador de pelota a mano –principal deporte en los pueblos de la Alta Ribera del Duero.

Contrastaba con los gustos de los curas anteriores, al mismo tiempo que nunca dejó el cumplimiento de su trabajo pastoral, primero en Baños de Valdearados y al final compartido con diversos pueblos de la zona.

En la celebración de sus “Bodas de Oro” en Valdeande, su pueblo natal, a ese cura rural, pelotari, de ideas claras y fijas, se le notaba que era una persona enamorada de su vocación sacerdotal, de quien ha sido su gran amor en la vida. Gracias Don Teo por este último testimonio.

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