Releyendo

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Soy de los que suelen regresar por el camino andado y, al volver sobre el nº 275 de este mes de febrero, he marcado aquellas cosas que con más fuerza me han llamado la atención. Un poco de reflexión que me ha parecido oportuno escribir y compartir con vosotros. No estoy tan seguro de que eso sea lo adecuado. De todos modos, veo que muchos medios crean una sección para el diálogo entre los lectores, aunque son menos los que destinan un espacio para el recordatorio o la reflexión de lo ya escrito. Excelente modo para incluir a los lectores como partícipes activos de la publicación que, de esa forma, enriquecerían también su contenido al proyectar lo más llamativo del número anterior y recogerían el eco que provoca la herencia que ella misma va creando. No sé el grado de novedad o de valor que pueda tener esta idea ni el modo de encajarla en el diseño del conjunto. Pero la recojo por si puede servir.

Así que ésta es mi sugerencia y esto otro que sigue, mi aportación. En ese recorrido del regreso o, mejor, del repaso, hago una primera parada en las páginas 4, 5 y 6 así como en el editorial, porque me encuentro confuso y rebelde y debo respirar un poco. Por lo que leo, los cristianos son perseguidos en cualquier sitio que estén y así recuerdo que se nos dijo «seréis perseguidos» por causa de mi nombre. Nada de extraño, pues, que esto suceda, como el atropello de los derechos humanos por fanáticos y déspotas; pero recuerdo que también se nos dijo: «alegraos y regocijaos»… Es cierto que somos humanos y nos afectan las muertes y las persecuciones; protestamos, denunciamos y llevamos a los tribunales estas situaciones como cualquier ciudadano, pero estas cosas tienen para los cristianos otra dimensión que no puede faltar en la narración de los hechos. Junto a la condición de víctimas, estas personas son «testigos», ejemplos de fe, de la presencia de Cristo entre los hombres y esto debe primar. La fotografía de Mons. López Marañón es la flor de un rincón de la Amazonía y con otro tono quizá, brillará también otra flor en Asia Bibi, en Jean-Luc Blanc o en Joselyn Cabrera, como lo hizo al rojo vivo en Mons. Romero. Más casera (de clavel silvestre, quizá), veo la flor en el “sonrojo”, muy oportuno del editorial. Véase cómo trascienden esos jóvenes judíos la pesada herencia que llevan a sus espaldas (es la página 9). En pocos párrafos selectos, se muestran «vivos», reconocen la persecución cuando la ven, recuerdan su esclavitud, rechazan la deformación de su historia y se comprometen con la paz. He ahí la esperanza iluminando el camino. No sirve el aire de lamento para condenar estas cosas; es parte del compromiso. Sólo Dios juzga.

Tras respirar el oxígeno de la modesta reflexión, he seguido leyendo página tras página las maravillas que fluyen en todas ellas. No me digáis que no son tales las líneas que nos ofrece Dolores, en la casa que okupamos; esos «cuadernos de vida» (CV) que desgrana en su columna hasta el del/de la voyeur/euse que espera a alguien en el andén del metro. ¡Una delicia, Dolores!, como todas las tuyas. Y la de los jóvenes con su humor y responsabilidad, sean ellos “young jewish proud”, los de la JMJ de la página central o los de los miedos, sueños, dudas y dilemas que nos traen sus maravillas por esas mismas páginas. -¿Y no dices nada de las viñetas, chistes y publicidad de la suscripción “alan…queeé?” -También lo digo: ¡buena y real prédica!

Ando (alando) y leo una encuesta. Después de un poco de historia, de porcentajes y relaciones de pobreza en España, matices y variaciones, viene la pregunta de los porqués y paraqués. Leedla de nuevo, es la 5ª de la entrevista al Sr. Renes (p. 19). Todos ellos (porqués y paraqués) nos afectan y no podemos dejar que resbalen porque todos somos sujetos activos y pasivos de derecho; anótalas en tu CV y espera la respuesta en el momento en que te llegue; no pases sin volver. Para ayudarte, vete a la página 17 y subido en la “escalera”, considera también las sugerencias, propuestas e ideas que los ciudadanos sin voz podían alumbrar a sus representantes en esos 103 órganos colegiados que han sido suprimidos: consejos, observatorios, institutos. ¿Qué cobramos los ciudadanos por participar en ellos? Simplemente, no quieren nuestra participación, aunque tienen un mandato para fomentarla. Después de esto, se hace ociosa la penúltima pregunta de la encuesta: “¿ha de cambiar nuestra cultura social?”:-”Desde luego…” ,y sigue leyendo la respuesta entera, que es la joya.

En este tono final, dos reflexiones más, una mala: el aniversario de Haití (terremoto, desgobierno y cólera incluidos) y la rabia incontenible de una víctima activa de las desgracias de este pueblo. Y otras menos malas (¿buenas, quizá?), pero con los pies en la tierra: el Foro de los Bosques en la ONU a primeros de febrero (parece que por fin el tema merece la consideración de tan importantes señores) y “la gran muralla verde” (reforestación desde Yibuti a Senegal) para el cinturón de África en el 50º aniversario de los inicios de su independencia. Un gesto de autoafirmación: nosotros podemos. Las iniciativas que figuran en los medios siempre tienen eco y algunas más: éstas podemos calificarlas de “buenas”. El interés sobre el cambio climático está calando en las mentalidades y es cuestión de mucho tiempo y paciencia para que las empapen; pero estos cambios mentales se miden también en “eras geológicas”.

Y en la contraportada, una nueva esperanza: “Otra Iglesia es posible”. ¡Claro que sí!, pero para ello “se necesita fe en Dios y confianza en el pueblo de Dios”. No preguntes cuándo llegará, pero los signos están sembrados y, por desgracia, junto a ellos crece cizaña. Amigos, levantemos la cabeza a la hora de salir el sol por el oriente trayéndonos las novedades de cada día. Esté atenta nuestra mirada, porque alguien pasa entre ellas.

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