Partidario de la desaparición del Vaticano, ése que hoy cumple 80 años nada más.

Sí, como suena, como cristiano que soy, aunque rojo y cojo, y precisamente porque creo que la fe nos ha de llevar al seguimiento de Jesús de Nazaret y a construir el Reino (o la sociedad socialista y autogestionaria, que para mi tanto monta, monta tanto). Precisamente por eso, creo que la mejor celebración de ese 80 aniversario del Vaticano debería ser su cierre, la venta de sus riquezas y su entrega a los pobres (que ahora en tiempos de crisis sería muy bien acogida).

Como muchos teólogos católicos y gran parte de lo que llamamos la iglesia de base, a la que humildemente pertenezco, abogo por la desaparición del Vaticano como estado y, consecuentemente, por la supresión de todos los nuncios que actúan ante la ONU y ante los distintos países de todo el mundo como embajadores del supuesto “estado Vaticano”.

El Vaticano, ni antes, ni ahora tiene sentido (me refiero al sentido evangélico porque de poder, vaya si lo tiene, pero eso no es lo que quería el de Nazaret, claro). Por el propio bien y coherencia de la Iglesia este pequeño “estado” debería desaparecer como tal.

Para los que no lo sepan fue un 11 de febrero de 1929 cuando el dictador Mussolini, a través de los Pactos de Letrán, mas conocidos como pactos lateranenses, concedió la creación de este pseudo-estado a cambio de reconocimientos y favores mutuos.

Porque, decidme ¿qué sentido tiene un estado-ficción que no tiene ciudadanos propios, ni poderes separados, porque lo que dice el Papa infalible, vamos que va a misa? ¿Qué pinta un señor que es a la vez jefe de estado y líder religioso, extendiendo sus sedes por todo el mundo y que participa en la ONU, como un estado más? ¿Se puede aceptar hoy día que un estratega geopolítico de este poder dicte su doctrina, desde unas hectáreas de Roma, la amplifique a través de miles de diócesis y de otros grupos “neocons”, con bastante poder en el mundo, para tratar de imponer sus dogmatismos y moral particular tanto a los gobiernos que se dejan, como a la ciudadanía en general, tenga la religión o creencias que tenga?

Miren Uds., no voy a seguir porque me caliento ya que, como manifestaba ese gran teólogo español que es González Faus, a sus hermanos Obispos “… debo confesaros que la institución eclesiástica es hoy la cruz de mi fe».

*Miembro de las comunidades cristianas populares (CCP) y Coordinador Provincial de Izquierda Unida (IU) Albacete.

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