Obispos y paro

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Como ciudadanos -y como cristianos- constatamos que el principal problema que actualmente padece la sociedad española es el paro. El drama del desem-pleo afecta a muchas personas y a familias enteras, sumiéndolas no sólo en la miseria material sino, además, en la baja autoestima, la depresión, la desespe-ranza y la exclusión social.

Por este motivo creemos que la Iglesia debe decir una palabra pública al res-pecto. Así como en otras ocasiones la Conferencia Episcopal se ha pronuncia-do con claridad y contundencia en cuestiones que afectan a la educación, la familia, la sexualidad o la vida, estamos firmemente convencidos de que el tema del desempleo no es de menor importancia y que, en consecuencia, requiere un pronunciamiento explícito.

Por tanto, queremos pedir al conjunto de los obispos que hagan público un documento sobre esta injusta situación del desempleo. Es cierto que ya hay una abundante literatura en la Doctrina Social de la Iglesia a propósito del trabajo, los sistemas económicos, etc. Pero no se trata de hacer un documento doctrinal: partiendo de esos principios de la Doctrina Social, pedimos que la Iglesia se dirija directamente a los poderes públicos y a los agentes sociales urgiéndoles a buscar una solución al problema. Es cierto que la fe y, por consiguiente, la Iglesia, no debe dictar las normas concretas a llevar a la práctica para solucionar esta crisis. Pero sí es responsabilidad de la fe y de la Iglesia denunciar las causas de esta situación y exhortar a la búsqueda de una solución justa.

Aún reconociendo que de los principios de la Doctrina Social de la Iglesia no se derivan medidas políticas y económicas concretas, sí creemos que se puede hacer un llamamiento en el que se reivindiquen los siguientes puntos:

• Llamar a la unidad de todos los partidos, un gran pacto entre todos por el bien común del país y de todos sus ciudadanos. Las legítimas diferencias entre partidos deben ser aparcadas ante los derechos fundamentales de las personas y sus necesidades básicas.

• Exigir que el dinero público se emplee prioritariamente en solucionar el problema del desempleo, en lugar de gastarlo en otras partidas menos necesarias o, a veces, claramente improcedentes.

• Hacer un llamamiento a los distintos agentes sociales para que se reúnan y dialoguen denodadamente hasta lograr un punto de encuentro en el que se propongan medidas concretas para generar empleo.

• Recordar que el capital debe estar al servicio del trabajo y no al revés y que, por tanto, la situación de millones de personas desempleadas prevalece sobre los intereses de los mercados financieros.

Esperamos ardientemente que la Conferencia Episcopal se haga eco de nues-tra petición como manera de servir a la sociedad y al Evangelio.

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