Mujer, lesbiana, cristiana.

A lo largo de los últimos tiempos hemos conquistado derechos, pero siguen siendo muchos más los deberes que las mujeres tenemos que cumplir; asimismo, si somos lesbianas, transexuales o bisexuales y cristianas, huelga decir en qué situación nos encontramos socialmente.

Por ser lesbianas, transexuales y bisexuales, somos excluidas o mal consideradas por la diferencia que marca la sociedad heterosexual mayoritaria. Si a esto sumamos el hecho de ser cristianas, también estamos en el punto de mira del colectivo L.G.T.B. (Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales) y, en esto tiene mucho que ver la Jerarquía de la Iglesia (en nuestro caso, la Católica) con sus actitudes homófobas y patriarcales excluyentes de todo lo que no sea «el dogma».

Las mujeres creyentes lesbianas, transexuales y bisexuales intentamos superar ambas barreras, crecemos con una actitud crítica e inclusiva porque en nuestra raíz hay una «experiencia de contradicción, hay algo que no encaja» –como dice Teresa Forcades en términos de Teología Feminista.

Nosotras tenemos la vivencia de Dios como cualquier persona y creemos que Jesús de Nazaret, lejos de excluir, manifestó aceptación, igualdad, supo ser sencillo y abrir su corazón. Eso es lo que nosotras, desde nuestra experiencia, queremos reivindicar:

 Abrir corazones que se rebelen cuando suceden injusticias, y, sobre todo, si vienen de los más poderosos y de las conciencias más «eruditas» y «dogmáticas».

 Evidenciar a aquellas personas que, desde su púlpito, creen y dicen tener toda la verdad sin fijarse siquiera que son presas de sus palabras: ¿cómo se puede condenar a nadie por ser diferente y proclamar el Evangelio?

 La insumisión a todas esas injurias abominables que vierten sobre nosotras tiene que ser una actitud constante. No podemos callarnos ni someternos cuando las actitudes de nuestra Jerarquía consisten en considerarnos, cuando menos, inferiores; sí, inferiores por ser simplemente mujeres: mujeres que luchan por su identidad. Mujeres que, desde la contradicción de los textos y la vida, no van a dejarse fagocitar por una sociedad ni por una Jerarquía irrespetuosa, intolerante e irresponsable que sólo mira su ombligo.

 Creemos que lo divino de Dios y lo divino de nosotras se contemplan y eso sólo es posible –como diría Mª Fe Ramos– desde una manifestación de amor que brota desde dentro, desde nuestra luz.
Utilizaremos desde nosotras la manifestación de la *Ruah* (el Espíritu de Dios) para crecer en la comunidad, y, con ella, para que todas las personas de la misma seamos conscientes de que todas somos mujeres, pues de alguna manera mujeres y hombres nos hemos sentido excluidas.

Sólo desde nuestro interior y con nuestra actitud crítica, podremos acercarnos cada vez más a ser simplemente personas y personas que aman sin tener en cuenta sexos, razas, géneros, estados sociales…

Esperamos que este 8 de marzo de 2009 sea un nuevo camino de esperanza para todas.

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