Enterrar a los muertos

Se trata de una obra de misericordia “corporal” predicada por la Biblia desde tiempo inmemorial. El libro de Tobías nos enseña muchas cosas, entre las que cabe destacar la práctica de enterrar dignamente a los muertos. Tobías fue un modelo de solidaridad con los desterrados; estaba comprometido con sus compatriotas. ”Y he repartido muchas limosnas entre mis hermanos y compatriotas, deportados conmigo a Nínive» (1,3) “Hice yo muchas limosnas a mis hermanos de raza; di mi pan a los hambrientos y vestido a los desnudos; y si veía un cadáver de alguno de los de mi raza, arrojado extramuros de Nínive, le daba sepultura” (1,17). “Senaquerib, en su cólera, mandó matar a muchos hijos de Israel; y yo sustraje sus cuerpos y los enterré” (1,18). Asesinar a los oponentes políticos o religiosos, y abandonarlos en las cunetas o arrojarlos a fosas comunes, en una palabra, no darle una digna inhumación o cremación, es una práctica que los tiranos utilizan desde siempre. A Tobías le buscaron para matarle, porque practicaba esta obra de misericordia (más bien habría que hablar de justicia elemental, mínima, para con el ser más inofensivo que existe: el muerto). En España, durante 70 años, los cadáveres de más de 140.000 compatriotas siguen sin merecer una sepultura honrosa. Es una ignominia para este país; una más de nuestra historia nacional de la infamia. A ver si cunde el ejemplo de Baltasar Garzón y de Tania Chico, juez de Benavente.

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