Católicos indignados

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Desde que la Conferencia Episcopal puso el grito en el cielo, a través del foro de la familia, pidiéndonos, que saliéramos por miles a la calle a protestar contra el matrimonio gay. Ahora, ante los recortes, callan la boca y no mueven un dedo, ante quienes han llevado a casi dos millones de familias católicas con todos sus miembros en paro. La moralidad cristiana ha sido robada a los pobres por la curia vaticana. Los bienaventurados son despreciados por el clero, como en su día lo fueron por el Sanedrín judío. Al igual que hace 2.000 años, hoy podemos repetir por boca del carpintero de Nazaret: «Bienaventurados los desahuciados y los que sufren persecución a causa de la hipoteca. Bienaventurados aquellos a los que quitan las ayudas para el cuidado de ancianos y discapacitados. Bienaventurados cuando os aborrezcan por buscar comida en los contenedores y los comedores sociales. Bienaventurados los parados sin ninguna prestación y los que duermen en la calle. Bienaventurados los sin papeles y los que son desechados por causa de su origen. Bienaventurados cuando os aborrecieren por tener sed de justicia y lo claméis por las plazas. Bienaventurados los que son despedidos de las empresas con beneficios y los que son explotados para enriquecer a otros. Bienaventurados los que son apaleados por clamar democracia, porque vosotros veréis un mundo nuevo. Bienaventurados todos los que, a pesar del mal ejemplo del clero, políticos y banqueros… son honrados. Mas, ¡ay de vosotros, ricos! porque tenéis vuestro consuelo, al especular y enriqueceros a costa del trabajo de los pobres».

Por un sentimiento de amor al prójimo, toda esa marea de católicos, tan activos durante le visita papal, de nuevo se deberían movilizar pacíficamente ante el obispado de la ciudad donde se manifiestan, para pedir la baja por escrito de la Iglesia donde fueron bautizados e, igualmente, los fieles de otras confesiones: iglesias protestantes, sinagogas judías, mezquitas islámicas… que permiten que unos creyentes se hagan ricos a costa del trabajo de otros creyentes. La repercusión internacional y la alarma social que la iniciativa crearía en todos los dirigentes religiosos dejaría en evidencia a unas instituciones religiosas que viven para el poder y el dinero. Para los creyentes sería un gran paso para su evolución, ya que significaría que perdieran el miedo a los intermediarios religiosos, al clero de todas las religiones, dándose la oportunidad del dialogo directo con Dios y que, por tanto, que cada ser humano sea creador de su propia moralidad, provocando un cambio en torno a la moralidad referente al dinero, la economía y el modo en que esta provoca la explotación y muerte del hombre por el hombre. «Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de los cielos» Lucas 6-20. Es hora de que lo tengamos en la tierra. Un obrero de Iglesia pobre

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