Carta abierta al obispado de Bilbao y a la comunidad cristiana de Sopuerta

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Intento ser seguidor de Jesús de Nazaret y soy miembro de Herria 2000 Eliza, así como de una comunidad de base de la margen izquierda del Nervión.

Una vez más, me siento avergonzado con la postura de la Vicaría General de la Diócesis de Bilbao y de una parte de padres y madres del ciclo de infantil ante quienes defienden su derecho a contar con estudios de primaria en las aulas vacías del colegio público La Baluga.

Un centro educativo de titularidad pública, una construcción sobre terreno del obispado y donado al ayuntamiento para educación infantil. En el mismo pueblo, el colegio católico San Viator mantiene el monopolio en los ciclos de primaria, secundaria y bachiller.

Aulas vacías donde se podría seguir la primaria, pero Educación insiste en mandarles a Zalla a pesar del desarraigo y no conciliación familiar que supone y no defendiendo su derecho a contar con primaria en la red pública local. La diócesis quiere lavarse las manos en el conflicto, a pesar de hablar de diálogo, pero hace una interpretación de la escritura del terreno-edificación que no coincide con otras fuentes jurídicas que piensan más en el interés público.

Un diálogo sincero tendría que llevar a obispado, consistorio, Educación, colegio San Viator y asociaciones y comunidades educativas a un acuerdo, a consensuar una solución. Pero ante las dificultades, Educación y consistorio tendrían que velar sobre todo por lo público y por que los derechos de todo el mundo fueran respetados.

Pero, ¿qué decir de la “comunidad cristiana”? ¿Dónde está la “opción por los pobres”? ¿Quiénes son las personas más necesitadas? Pienso que la diócesis, el colegio católico San Viator y las madres y padres de la comunidad educativa que quieran seguir las enseñanzas de Jesús no pueden seguir lavándose las manos ni mucho menos andar con amenazas y denuncias a quienes reivindican su derecho a una escuela pública en todos sus tramos y en su pueblo, porque ello es justo y posible.

Si no, no uséis el nombre de Cristo en vano. O, al menos, admitid que otra gente reivindiquemos otra lectura del Evangelio, que os invito a tener en cuenta y ojalá a compartir.

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