No es religión

tierraextrana-2.jpgDeliberadamente, nunca he mencionado en estas páginas “interreligiosas” asuntos de velos, hiyabs, burkas y similares. Por una sencilla razón: porque, amén de recurrente, es un tema que excede ampliamente el ámbito religioso; y ya se han escrito –y se vuelven a escribir cada vez que resurge la polémica- miles de artículos a favor y en contra, mirando y remirando desde todos los puntos de vista posibles: sociológico, legal, (inter)cultural, histórico, político, étnico, económico, identitario, educativo, migratorio, humanitario, feminista, machista, monárquico, republicano… Poco –o nada- nuevo podríamos llegar a decir en este espacio.

Sin embargo, el incidente en torno a Najwa, la adolescente expulsada de un instituto de Pozuelo de Alarcón (Madrid) por llevar velo, ha aportado una novedad –a mi juicio- significativa. Me refiero al apoyo –inédito hasta la fecha en casos similares- que la chica ha recibido de la Conferencia Episcopal Española o de la Alianza Evangélica Española, en nombre del “derecho a la libertad religiosa”. Aunque tengo para mí que este apoyo llevaba un interés propio oculto (como la defensa implícita de símbolos cristianos en las aulas y otros lugares públicos), nuestros líderes católicos y protestantes, que han callado en otros casos de flagrante discriminación religiosa, se han equivocado al hablar esta vez.

No seré yo quien se ponga en contra de tal sacrosanta libertad. Pero es que esto es lo que menos se planteaba aquí. ¿Habrá que recordar que a Najwa no se le prohibió el uso del velo, sino llevar cubierta la cabeza, como al resto de sus compañeros, sencillamente porque así lo establece el reglamento interior del centro por razones de convivencia? Un reglamento que estaba en vigor mucho antes de que decidiera ponerse el velo islámico, a principios de este año, y que muestra su rechazo a cualquier “discriminación por razón de nacimiento, raza, sexo, religión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”.

Tampoco está claro que el uso del velo, aunque lo digan algunos imanes, sea un precepto religioso. Como ha señalado Dolors Bramon, islamóloga y profesora de la Universidad de Barcelona, “el ocultamiento del cuerpo femenino en las culturas islámicas no procede tanto de las prescripciones sagradas en sí como de una interpretación excesivamente rigorista y descontextualizada de las mismas”.

La palabra hiyab, que ahora designa al pañuelo islámico, figura seis veces en el Corán y nunca se refiere a nada que afecte al modo de vestir de las mujeres, para lo que se usan otros términos. Sólo en una ocasión las palabras mujer e hiyab aparecen juntas en unos versículos que es necesario contextualizar. Mahoma era visitado a todas horas en su casa, que además era el primer centro de reunión de los musulmanes. Tal afluencia de gente debía importunarle, y entonces, según la tradición, Dios le reveló unos versículos que, en esencia, decían que las mujeres del profeta estaban tan cualificadas como él mismo para atender a los fieles. Las esposas empezaron a atender a las visitas igual que el propio Mahoma. Sin embargo, debieron ser objeto de cierto acoso, porque poco después, el profeta recibió una nueva revelación que decía: «¡Creyentes! No entréis en las habitaciones del Profeta si no estáis autorizados para compartir una comida. No lo hagáis hasta que sea la hora. Cuando os llamen, entrad, y cuando se acabe la comida salid de casa sin permanecer allí para hablar como si fueseis de la familia… Cuando pidáis algo (a las mujeres que os sirven), hacedlo desde detrás de una cortina [o velo]» (Corán 33, 53-55).

De este versículo nace la idea de que las mujeres deben cubrirse la cabeza, o incluso el rostro a pesar de que se habla sólo de las mujeres del profeta y de que aquí la palabra velo alude claramente a una cortina y no a una prenda. En la Arabia del siglo VII, las habitaciones de las casas se separaban con cortinas y está claro que se quería evitar que cualquier visitante entrase en la cocina.

Tampoco los términos referidos al atuendo femenino aluden específicamente a cubrirse la cabeza o la cara. Un versículo cercano al anterior dice así: “Profeta: di a tus esposas y a tus hijas y a las esposas de los creyentes que se cubran con sus velos. Es mejor para que se las distinga y no sean molestadas.” (33, 59). La palabra que aquí se suele traducir por «velos» es en realidad ?al?b?b, es decir chilabas o mantos. No se refiere, pues a la prenda que cubre la cabeza.
Y otros de los más citados rezan: “¡Profeta! Di a los creyentes que bajen la mirada y que sean castos y que no muestren más adornos que los que están a la vista, que se cubran el pecho con sus velos y que no enseñen sus ornamentos”. (24, 30-31). En este caso, la palabra que se toma como «velo» es literalmente jumur, una tela larga que, ésta sí, puede cubrir la cabeza pero, en cualquier caso, no se habla de taparse la cabeza, sino de cubrir el pecho.

No existe, pues, en el islam la prescripción religiosa de usar un velo que tape el rostro o la cabeza de las mujeres. Al menos, en su libro sagrado. Como dice Bramon, “ya sé que es difícil cambiar la opinión de los convencidos, pero los textos son éstos y, si se cree que el Corán es palabra de Dios, es bueno saber lo que dice”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.