Muhammad y buda en el sudeste asiático

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Imagen de un enfrentamiento en Birmania. Abrimos en Internet una de esas páginas de búsqueda y solicitamos información sobre enfrentamientos entre personas budistas y musulmanas. Aparecen más de 400.000 entradas sobre violencia budista hacia quienes creen en Alá, la mayoría de ellas con Birmania (antigua Myanmar) y Sri Lanka como protagonistas. Precisamente, el 24 de agosto pasado se vivió una nueva explosión de violencias contra población musulmana, con «la destrucción de, al menos, una veintena de casas, una decena de comercios y una fábrica en la región de Sagaing”, tal como informaba http://www.info-birmanie.org. «El gobierno debe poner fin a la impunidad».

Budistas versus musulmanes

«Ataques a musulmanes en Myannmar». «Budistas vinculados a agresiones a musulmanes». «Musulmanes prenden fuego a casa y tenplos budistas en revancha». «Consecución de ataques anti-musulmanes en Sri-Lanka»… En efecto, numerosos medios se han hecho eco a lo largo de los últimos meses de estos brotes de violencia que a mucha gente parecen sorprender. Ensañamientos documentados por diversas organizaciones de derechos humanos, como Amnistía Internacional (AI) y Human Rights Watch (HRW). Esta última, incluso, ha publicado un informe en el que desmenuza estos hechos: «Solo queda rezar. Delitos de lesa humanidad y limpieza étnica de musulmanes rohingyas en el estado de Earakán en Birmania» (Informe HRW). Pero, ¿no son, acaso, quienes practican el budismo adalides de la noviolencia, la armonía y la paz interior? Sorprende, sí, que algunas personas a quienes siempre hemos considerado víctimas (principalmente de la bota de China) aparezcan ahora como quienes instigan a la violencia y son culpables de ella. Como dice Laura Guien en el artículo ¿Incita el budismo también al odio?, «la imagen recurrente en Europa de los budistas es la de un tranquilo adolescente con gafas que soporta estoicamente, incluso con bondad, las vejaciones de los militares chinos». Pero esta imagen idílica de una de las espiritualidades mayoritarias en el sudeste asiático parece haberse roto en los últimos tiempos tras conocerse las embestidas que sufren los musulmanes en esa zona de mano de los seguidores de Buda (Siddharta Gautama). La compasión, la lucha por la justicia social y la calma parecen brillar por su ausencia en este caso”.

«El gobierno de Birmania y las autoridades locales tienen responsabilidad en el desplazamiento de más de 125.000 musulmanes (principalmente rohingyas)… Funcionarios, líderes comunitarios birmanos y monjes budistas, organizaron y alentaron a miembros de la etnia arakesa, con el respaldo de las fuerzas de seguridad del estado, para que llevaran a cabo ataques coordinados sobre vecindarios y aldeas musulmanas», señala el informe de HRW. «Las autoridades birmanas participaron en una campaña de limpieza contra la comunidad rohingya que todavía continúa, al negarles asistencia y restringir su circulación» denuncia Phill Robertson, subdirector para Asia de la ONG de derechos humanos. «El gobierno debe detener inmediatamente los abusos a los implicados. De lo contrario, será responsable de nuevos hechos de violencia contra minorías étnicas y religiosas del país».

Desde la organización por la paz y la democracia en Birmania Info-Birmanie.org subrayan que «en 2012 más de 200 personas fueron asesinadas (un cifra oficial que está por debajo de los datos reales). Además, al menos 140.000 tuvieron que huir por la violencia de los budistas. A lo largo de 2013, los casos de violencia contra los musulmanes se propagaron por todo el país, sobre todo en la región de Mandalay, en el Estado de Shan y al norte de Rangún». Van incluso más allá y consideran que «las autoridades birmanas se han mostrado incapaces de contener esta violencia y no parece que estén dispuestos a emplear los debidos medios para prevenirla. Ha fracasado en la protección de las poblaciones vulnerables y ha instaurado una cultura de la impunidad extremadamente peligrosa que conlleva nuevas violaciones de los derechos humanos. Los gobernantes de Birmania deben llevar a cabo una investigación independiente y deben iniciarse diligencias contra los autores de estos terribles ataques. Las campañas de odio y las prácticas discriminatorias tienen que cesar».

Amnistía Internacional, por su parte, ha reclamado a las autoridades birmanas que intervengan de inmediato «para proteger a todo el mundo y romper el ciclo de discriminación y violencia».

Religión, raza y nacionalismo

Detrás de estos enfrentamientos sangrientos parece hallarse el grupo «696», que pretende «proteger la raza y la religión birmanas», alejándose así de algún modo de lo que, supone, son los valores propios del budismo. En este contexto, la espiritualidad iría ligada al nacionalismo, convirtiéndose en un arma política y en un asunto identitario. Infor-Birmanie advierte, en este sentido, de que «existe una campaña de odio contra los musulmanes, que representan el cuatro por ciento de la población pero que son considerados una amenaza para la identidad birmana».

Lionel Obada, citado en el artículo de Laura Guien, sostiene que «a menudo se olvidan los estrechos lazos existentes entre los nacionalismos sudasiáticos y el budismo, desde la descolonización a finales siglo XIX y principios del XX en todo el sudeste asiático y, particularmente, en Sri Lanka y Birmania».

Este profesor de antropología en la Universidad de Lyon II y autor del libro El Budismo en Occidente sentencia que «ser birmano es ser budista». Esta posición coincide con lo que se apunta desde Info.Birmanie, que hace hincapié en los «estrechos lazos» entre la identidad nacional y el budismo, señalando, incluso, el importante papel de los monjes en la organización de estos movimientos nacionalistas.

A este respecto, una de las muestras de este nacionalismo religioso (quizá la más conocida antes del incremento de las luchas contra personas musulmanas de los últimos años) haya sido el conflicto tamil en Sri Lanka (mayoría budista cingalesa frente a minorías tamil hinduista, cristiana y musulmana). Sobre este particular puede consultarse numerosa información en Internet.

Todos estos datos dejan entrever que, en todo caso, no hay un budismo sino varios. Lo mismo que puede decirse del resto de las religiones, espiritualidades y creencias.

Quizá la identificación, cómoda y un tanto facilonga (irracional), de budismo y noviolencia es algo confusa cuando no inadecuada. Si las generalizaciones nunca son buenas consejeras, en este caso se correría el riesgo de pasar por alto las graves violaciones de derechos humanos cometidas por algunos budistas. Como se correría el riesgo de ser injustos si, a raíz de estos casos de atropellos contra población musulmana olvidáramos las ocasiones en que los seguidores de Buda son víctimas. A este respecto, hace unos meses el Dalaï-Lama condenó con rotundidad la violencia contra las personas musulmanas. Porque budismos hay unos cuantos, en algunos aspectos muy diferentes entre sí.

A grandes rasgos (no hay espacio en este artículo para profundizar demasiado), las diferentes escuelas prodrían encuadrarse en:

 Budismo Hinayana/Theravada (la doctrina de los antiguos)- Budismo del Sur (sudeste asiático). Su ideal es la salvación personal y el Arahat, la liberación por las Cuatro Nobles Verdades.

 Mahayana – Budismo del Norte – Su ideal es el del Bodhisattva (la iluminación) y la salvación universal. Practican las seis perfecciones y prácticas virtuosas. Destacan la meditación, la compasión, la paciencia, la concentración… Derivados de este están, entre otros:

 Budismo zen (en Japón) – Contemplación, meditación, sencillez es lo que mejor lo define.

 Vajrayana – Budismo tántrico – Derivado también del Mahayana, se da sobre todo en el norte de la India. Lo caracteriza la utilización de mantras, ritos, mandalas…

 Budismo Tibetano (lamaísmo) – Une aspectos tanto del Mahayana como del Theravada. Es el budismo más conocido en occidente debido a la cuestión del Tibet (violencia de China hacia los monjes de Tibet), al éxodo de los monjes tibetanos… Todo lo cual produjo una especie de fascinación en Europa y Estados Unidos que contagió a los medios de comunicación, el mundo del cine… que derivó en que se convirtiera no solo en el budismo más conocido, sino prácticamente en la única referencia de esta espiritualidad durante mucho tiempo (el zen japonés ha ido últimamente ganando algo de espacio también).

En el interior de esta especie de totum revolutum hay ciertas líneas comunes a todas las ramas (lo relacionado con el sufrimiento, el karma, la meditación, la disciplina, no causar daño…). En lo referente a la noviolencia (que hay quien considera influencia del jainismo) el debate está servido aunque, sin embargo, es un tema que a lo largo de los últimos años ha causado gran debate. ¿Es compatible el lema de «no herir a los otros» con la violencia?, ¿es compatible budismo y exclusión del diferente?, ¿es compatible Budismo y la búsqueda de la salvación para unas pocas personas? Preguntas que buscan respuesta.

Algunos enlaces donde encontrar más información:

«>http://www.info-birmanie.org/

«>http://gara.naiz.info/paperezkoa/20121028/369580/es/Los-ataques-contra-rohingya-causan-miles-desplazados?Hizk=es

«>http://www.lavanguardia.com/index.html

«>http://www.bouddhisme-universite.org/

[http://www.lavanguardia.com/index.html
]

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