El sueño de La paz

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logo_barcellona_2010_prov.jpgEl espíritu pacificador, fraternal y dialogante de Asís ha soplado estos días otoñales en Cataluña. Alrededor de 500 líderes religiosos, políticos, económicos e intelectuales se vieron las caras del 3 al 5 de octubre para dialogar sobre la fe y la crisis en seis ciudades catalanas (Barcelona, Badalona, Manresa, Sant Feliu, Tarragona y Terrassa) en la cita planetaria –el periodista Oriol Domingo dixit– que supone el Encuentro Internacional de Oración por la Paz que cada año, y van 25, auspicia la Comunidad de Sant’Egidio.

Ha sido la segunda vez en este cuarto de siglo que el encuentro interreligioso, heredero de la histórica reunión que promovió Juan Pablo II en Asís en 1986, ha tenido lugar en Barcelona. La primera fue en septiembre de 2001, justo unos días antes de que el malhadado atentado neoyorkino acabara culpando a las religiones de causar gran parte de la violencia del mundo. En aquel entonces, Andrea Riccardi, fundador de Sant’Egidio, explicó en su intervención final: «Esta paz es una responsabilidad y un deber de todos nosotros. Quizá es sólo un
sueño. Pero es un sueño por el que vale la pena vivir. Que la paz conquiste nuestros corazones. Que haga cesar toda violencia. Que viva en la fe, en la buena voluntad, en el diálogo, en la justicia. Eso es un deseo, pero sobre todo es nuestra oración».

Luchar contra la pobreza

Este año han vuelto al mismo lugar para acabar de una vez por todas con este estigma y, sobre todo, para reflexionar sobre la crisis económica, social y moral (léase desempleo y empobrecimiento masivo, pederastia eclesial, expulsión de gitanos, etc.) “de dimensión desconocida” en la que estamos sumidos en este arranque del siglo. “Con el terrorismo se ha instalado una cultura del conflicto en la que el diálogo parece una peligrosa ingenuidad”, dijo Riccardi en el discurso de apertura. “Se han roto el mito de que el mercado globalizado traería providencialmente la paz y la idea de que la guerra podía llevar a la paz”. La conclusión es clara: las religiones del mundo están llamadas a ser aliadas de la política en el fomento de la paz y la lucha contra la pobreza y la crisis económica.

Durante tres días, pues, cardenales católicos, rabinos judíos, obispos protestantes y anglicanos, imanes musulmanes de 16 países, metropolitas ortodoxos, líderes budistas y de otras religiones, personalidades ecuménicas, los jefes de estado de Chipre, Montenegro y Malaui, ministros israelíes y palestinos, pulularon por una treintena de mesas redondas y debates, en los que participaron también miles de personas llegadas de toda Europa, jóvenes la gran mayoría. ¿Los temas tratados? Vean algunos de ellos: Creyentes y no creyentes: retos comunes; La paz como misión de las religiones; Los creyentes en un mundo globalizado; La urgencia de la unidad de los cristianos; El diálogo islámico-cristiano; Las religiones en Asia y el valor de la vida; Las aspiraciones comunes de paz entre israelíes y palestinos; Los pobres hoy; El dolor del emigrante; Migraciones y futuro; África en el siglo XXI; La ecología humana y medioambiental; Un futuro con más Europa; El Mediterráneo como espacio de encuentro

El otro gran puntal es, claro está, la oración, aunque también participen buscadores de paz agnósticos. Y en Barcelona han rezado mucho, pero no revueltos. En modo alguno se quieren igualar todas las religiones ni fomentar un sincretismo. Respetando sus identidades propias, cada una de ellas oró en un lugar determinado de acuerdo con su propia tradición espiritual. Todo esto –diálogo y oración– convergió finalmente en un acto común, celebrado en el atrio de la catedral de Barcelona, en el que los líderes religiosos reafirmaron su compromiso de trabajar por la paz entre las religiones y en el mundo.

Germen de paz

Pero, tras 25 años de encuentros, uno no puede evitar preguntarse de qué sirven tantos debates, tantas razones y plegarias. ¿Hay hoy, a finales de 2010, menos conflictos, violencia, hambre, pobreza, opresión religiosa que en 1986? ¿Qué pasa con el sueño de paz mundial del que hablábamos más arriba? ¿Vale la pena proseguir la senda del diálogo, de la esperanza, de la oración?

Incluso sin tener en cuenta, como recordó la gran duquesa María Teresa de Luxemburgo, aludiendo a casos como Guatemala o Mozambique, que “estos encuentros han sido en más de una ocasión el germen de la pacificación de conflictos”, Sant’Egidio cree, obviamente, que sí. “Muchos se preguntan qué ha cambiado en este tiempo, en esta plegaria juntos”, dice Riccardi. “Yo sostengo que, sin este diálogo, el mundo sería peor. Hemos pasado casi diez años en los que hemos dado nuevo valor a la guerra, a los conflictos de identidad, y nos encontramos con un mundo peligroso, un mundo conflictivo. Creo que tenemos que aprender a vivir juntos. Y el modo de hacerlo es el diálogo de la gente por la calle, el diálogo de las religiones, el diálogo entre las culturas.”

“En estos días hemos intercambiado pensamientos, preocupaciones, sueños, propósitos”, concluye el fundador de la comunidad. “Hemos vivido la paciencia, la fatiga, la satisfacción del diálogo. (…) Salimos de Barcelona con mucha esperanza: cada vez más convencidos de que el diálogo es la herramienta de oro con la que construir un mundo mejor, con el que dar paz. Tenemos la esperanza de que, con la fuerza débil de la fe, es posible reconducir nuestro siglo hacia un tiempo de paz: paz en la vida de los pueblos, entre los pueblos y en el corazón de los hombres.”

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