El pluralismo religioso desafía a la Iglesia de hoy

cantarentierra.jpg1. El concilio Vaticano II supuso para la Iglesia una salida de sí misma hacia el mundo, el deseo de unidad entre los cristianos y una nueva forma de ver a las demás religiones del planeta. El Decreto Nostra aetate es la Carta Magna en la que la Iglesia debe poner su mirada, y ver en ese Decreto el punto de llegada y de partida.

2. El encuentro con el otro nos exige este principio universal: “Si queremos dialogar, no podemos partir negándoles su existencia. Para la Iglesia católica las otras confesiones y religiones han de ser reconocidas, valoradas y amadas.

Antes de verlo como judío, musulmán, budista etc. debo considerarlo como una persona. Pero perjudican las etiquetas religiosas. Toda persona es amada por Dios. Existimos porque Dios nos ama. “Amas a todos los seres y nada de lo que hiciste aborreces pues, si algo odiases, no lo habrías hecho” (Sabiduría 11, 24).

3. El diálogo no es una moda, es una realidad de este mundo globalizado y una exigencia que nos viene del Dios cristiano, el Dios Trinidad que ha sido el primero que ha entrado en diálogo con toda la humanidad. Nuestra opción por el otro es una opción teocéntrica. Dialogamos y nos queremos encontrar con el otro, porque queremos amarles como Dios ama a todos. El diálogo con el otro hunde sus raíces en el Dios en quien creemos. Cerrarse al encuentro y al diálogo con el otro es cerrarse al Dios comunión, que es unidad en la diversidad y no uniformidad.

4. Un análisis del diálogo con las otras religiones desde la perspectiva bíblica nos lleva a una identidad abierta y no una identidad cerrada. Sin identidad no hay diálogo, pero los demás tienen derecho a manifestar su identidad. ¿Existe de verdad una identidad propia y auténtica? Me temo que la práctica y la comprensión del cristianismo deja mucho que desear. ¿Cuántos cristianos hemos asumido la radicalidad que implica el seguir a Jesús de Nazaret?

5. Ante el pluralismo religioso la Iglesia y todos nosotros tememos el indiferentismo (todas las religiones tienen la misma validez) y el relativismo (que elimina el aprecio a la verdad). Pero no olvidemos que existe un relativismo positivo en la propia teología cristiana, y es la teología negativa o apofática, que nos dice que “de Dios sabemos más lo que no es que lo que es”. O según el principio de analogía del Concilio IV de Letrán: “a mayor semejanza mayor es la diferencia”. No olvidemos a su vez que Jesús relativizó muchas normas religiosas vigentes en su tiempo. Recordemos lo que nos narra Mateo: “Si alguno de vosotros tiene una oveja y se le cae en un hoyo un día de sábado, ¿no le echa mano y la saca? Pues un hombre vale mucho más que una oveja. Por lo tanto, se puede hacer bien en sábado. Ya Jesús puso en entredicho toda la seguridad de su mundo religioso en función del valor de la vida humana…

El ser humano necesita del Absoluto de Dios, pero no necesita creer que lo posee de forma absoluta. El ser humano religioso necesita la certeza de estar en el recto camino, pero no necesita pensar que sólo él está en la verdad.

6. Si hace unos pocos años la gran tarea era la teología del pluralismo religioso, ahora, son cada vez más los que descubren que ése era sólo el primer paso, que de lo que realmente se trata será de “releer pluralisticamente el cristianismo”. Una tarea, pues, no sectorial, sino transversal, que afecta a todo el cristianismo globalmente tomado. Aquí está el nuevo tiempo axial o nuevo tiempo eje que estamos viviendo o que en un futuro viviremos.

7. El diálogo con las religiones le ponen al cristianismo tres grandes interrogantes: ¿Sólo el cristianismo posee una fe teologal y las demás religiones son solamente creencias? ¿Es el cristianismo la única religión que posee una revelación sobrenatural y las demás son religiones naturales? ¿Qué es la salvación? ¿Solamente es Cristo el único mediador?

Aquí la Teología del pluralismo religioso debe tomar en serio las aportaciones de la Fenomenología de la Religión. En ese sentido, Rudolf Otto sostiene que “la revelación pertenece a la autocomprensión de toda religión en cuanto que las religiones se consideran una creación divina y no del esfuerzo humano”. La revelación es un elemento integrante de toda religión.

La raíz de tales afirmaciones sobre la presencia de la revelación en todas las religiones está en el hecho de que todas ellas se comprenden a sí mismas como respuesta a una iniciativa divina que las antecede. Derivado a su vez de su comprensión religiosa de Dios que resumen expresiones como la de Pascal: “No me buscarías si no me hubieseis encontrado”.

8. Del diálogo con el Islam, Hinduismo, Judaísmo y el Budismo aprendemos lo siguiente:

a) Del diálogo con el Islam somos conscientes que los atentados que hemos sufrido en estos últimos siete años tenemos que poner fin a la tentación maniquea de demonizar al otro, y se impone una reflexión conjunta sobre el terrorismo. No al choque de civilizaciones, sino más bien un encuentro para apostar por una opción teocéntrica por las víctimas de nuestro mundo.

b) Del diálogo con el judaísmo, de manera especial desde el drama de la shoá, nos ha llevado a un encuentro fraterno con nuestros hermanos los judíos. “Vosotros sois nuestros hermanos mayores” (Juan Pablo II en la sinagoga de Roma).

c) Del Hinduismo practicado por Gandhi, hemos aprendido que no podemos usurpar los bienes ajenos, y poner fin a todas las castas que la humanidad ha creado, donde algunos se han visto reducidos a no personas. Hoy es urgente señalar que existe una división de clases, o conflicto social. ¿Qué postura deben tomar las religiones frente a este conflicto de clases? Pienso que la actitud de la no violencia.

d) Del Budismo hemos aprendido que sea a Buda como a Jesús les une la compasión por el otro y su lucha por el sufrimiento.

9. Finalmente, a las religiones se nos valorará por nuestro compromiso por la paz y la justicia. Pues nos une a todos el Dios de la Vida, y se trata de ser testimonios del valor de la vida frente a una cultura de la muerte.

En esta línea nos recuerda el pensador cristiano Emmanuel Mounier que “en el futuro, los hombres y mujeres no se dividirán según crean o no en Dios, sino según la posición que ocupen ante los sufrientes del planeta”. Esto es lo que habrá hecho verdadera nuestra fe en Dios.

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