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La Virgen María también denunciaría

Empiezo mi artículo de este mes con una frase con la que una amiga centroamericana convencía a otra para que abandonara su domicilio y acudiera a un servicio de protección contra la violencia machista. Desde entonces lo cantamos como consigna en las manifestaciones del 8 de marzo y el 25 de noviembre. La religión puede ser el opio del pueblo y, en ese sentido, también de las mujeres o, por el contario, un punto de apoyo importante para su liberación. Todo depende. Depende, entre otras cosas, de cómo leamos la Biblia y el Evangelio, domesticándolos y sometiéndonos a su patriarcalización o desde una hermenéutica de la liberación o de la sospecha. Mi amiga centroamericana lo tenía claro. No en vano ella abandonó a su marido agresor con tres hijos y embarazada después de leer el Magnificat y ponerse debajo del manto de la virgen de su pueblo


San José, en las lecturas de la natividad del evangelio de MAteo es una figura a destacar.

Glorioso patriarca San José

Hay que reconocer que no le hemos hecho mucha justicia. Adornado por la virtud de la castidad de un anciano benemérito, lo hemos desdibujado tras una serie de títulos honoríficos que la piedad le ha ido otorgando a lo largo del tiempo: “glorioso patriarca”, “guardián de la Virgen” o “padre putativo de Jesús”.

No parece que esa fuera la intención de los relatos evangélicos, al menos el de Mateo que, a diferencia del relato lucano, da un protagonismo a José que no pasa desapercibido, presentándolo como un hombre justo.


No será un año cualquiera

Comienza un año del que todo parece apuntar que no será un año cualquiera. 2017 llega bajo la marca de unas elecciones en Holanda, Francia y Alemania en las que una ultraderecha xenófoba espera el último empujón en las encuestas para hacerse con el poder. El miedo a los otros y el descontento ciudadano por las políticas de austeridad de los viejos partidos son las principales armas de unas fuerzas que pretenden dar un paso atrás impensable en la Europa de hace tan solo cinco años. Aunque no nos lo queramos creer, los resultados que las urnas lanzaron sobre el Brexit, el referéndum de paz colombiano o la victoria de Donald Trump nos obligan a estar vigilantes.


En diciembre se celebró en Madrid el X Mercadillo de Bancos de Tiempo. Foto Ayuntamiento de Madrid

El tiempo como moneda de cambio

Bancos en los que no se guarda dinero. Clientes que abren cuentas sin nóminas. Cajeros automáticos que expenden horas. Servicios y préstamos sin comisiones ni intereses. Y no, no se trata de una adivinanza. Esto, que puede parecer una utopía, es algo real que cada vez está más popularizado en España. Por muy extraño que parezca, seguro que tienes cerca de casa un sitio tan peculiar como este. Son los llamados “bancos del tiempo


Las viejas formas de actuar ya no funcionan

Hemos comenzado el año 2017 con un equipaje cargado de incertidumbre, de retos, de promesas incumplidas, de palabras huecas y mensajes vacíos. ¿Hacia dónde vamos? El sociólogo polaco Zygmunt Bauman afirma que “Estamos en un estado de interregno, entre una etapa en que teníamos certezas y otra en que la vieja forma de actuar ya no funciona. No sabemos qué va a reemplazar esto. Las certezas han sido abolidas”. Nos hemos instalado en la aceleración diaria que nos impide analizar el verdadero sentido de la vida. El griterío exterior que nos acosa constantemente acalla los escasos mensajes elaborados con la razón y de forma coherente.


Foto Tsaiproject

El problema del mal

Siempre ha supuesto una gran incógnita y ha despertado profundos interrogantes el problema del mal en el mundo, en todas las dimensiones que aquel puede llegar a manifestarse, ya sea como mal físico o como mal moral. No es sospechoso de ser un gran teólogo Ratzinger, hoy papa emérito Benedicto XVI. Digo esto porque se hizo muy célebre la frase que pronunció en su visita al campo de exterminio nazi de Auschwitz: “¿Dónde estaba Dios en aquellos momentos?”. Creo que fue una expresión que le salió entonces del corazón más que de la mente, pues muy bien sabía él que no tenía ningún tipo de sentido mezclar la impasibilidad de Dios con los horribles sufrimientos que allí y en otros muchos lugares se produjeron por entonces y que no fueron sino producto de la maldad y la perversión de una serie de personas.


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