Voluntariado: ser, estar, hacer

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Está a punto de finalizar el Año Europeo del Voluntariado que se celebra como reconocimiento a todas las personas que, de manera altruista, dedican su tiempo a tareas en favor de los demás.
Se trata, además, de obtener mayor información sobre la situación del voluntariado, de “difundir entre la sociedad los valores de participación, solidaridad y cambio social propios del voluntariado en un momento especial de crisis económica”.

Desde alandar hemos querido recoger el testimonio de uno de estos voluntarios, Juan Felipe García Estrada. Experto en Medicina Tradicional China y Yoga y director de Shen Centros de Equilibrio y Salud, dedica una parte de su tiempo a impartir -y con bastante éxito- talleres de yoga para personas sin hogar en el Centro de Día Luz Casanova, en Madrid. En este mismo centro y para mujeres víctimas de la violencia imparte unos talleres de relajación que suponen una gran ayuda para las asistentes. A él le hemos pedido que nos cuente qué es ser voluntario.

A mi modo de ver, ser voluntario hoy conlleva tres acciones:

Ser uno con los demás, estar presente y hacer todo aquello que pueda ayudar a mejorar nuestra manera de vivir.

Foto. Cuerpos de Paz.

Ser

Comprender el significado de la propia existencia implica sentirse unido a todo lo que nos rodea, no sentirse separado por las apariencias. Ser es vivir conscientemente, sin dejarnos llevar por la corriente. Desde ayer hasta hoy, maestros, sabios y santos de todo el mundo han transmitido esta enseñanza, nos han mostrado que todos los seres humanos son una misma cosa y que forman parte de una unidad indivisible.

La religión cristiana, con su mandamiento más importante “Ama a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo” y su renovación en “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” ha sido la base de la cultura occidental junto con la herencia griega y romana. Este mandamiento ha dejado su huella en los valores fundamentales de las sociedades modernas; el respeto, la libertad, igualdad y fraternidad entre todos los hombres y mujeres es la base de las democracias laicas actuales. Nuestro cometido, el de todos, es trabajar para llegar al máximo desarrollo de esta vivencia fundamental y que no sean solo palabras.

El reto actual del ser humano es encontrar el equilibrio entre el individuo, la sociedad y el entorno. El avance de las tecnologías puede ayudar enormemente a encontrar esta armonía, pero esa labor será imposible sin respeto, compasión, amor.

 Foto. Alandar.

Estar

Es permanecer presente, con atención. Mantener la presencia es acompañar en el camino que todos recorremos, sin juzgar, tan solo observando el proceso de manera serena. Al acompañar hacemos sentir que no se está solo, se aporta calidez y hace el camino más cómodo y menos pesado.

Hoy en día, hablando en términos generales, formamos parte de una sociedad que no está hecha para el ser humano, podemos percibir un descontento general, no nos gusta hacia donde nos dirigimos. Las personas desarrollamos nuestros roles, familiares, de trabajo, etc., con mucha presión. Hay muchas personas que, más que vivir, sobreviven; los horarios de trabajo, colegio y demás quehaceres nos hacen relacionarnos de manera cansada, con poca predisposición a intimar unos con otros y con muchas ganas de evadirnos, de permanecer dormidos. Al final esto nos lleva a vivir una vida aislada aunque estemos rodeados de personas y en muchas ocasiones desencadena frustración, ira, depresión, ansiedad, miedo, enajenación y otras enfermedades.

Realizamos nuestro trabajo formando parte de una cadena que lleva a una vida desnaturalizada, donde cada vez hay más “indigencia afectiva” y gran falta de ganas de “Vivir” con mayúsculas.

Personalmente no encuentro diferencias entre muchas de las personas con las que me relaciono a lo largo del día y las que vienen al centro donde colaboro: ambas tienen el mismo valor humano, es el encadenamiento de determinadas circunstancias lo que puede llevar a desestabilizar por completo a una persona y eso es más fácil de lo que pensamos.

Si estamos atentos, conscientes del momento que vivimos, podemos observar cómo se desarrolla este proceso y actuar en la medida justa que pueda producir un cambio. También podemos ayudar a salir del aislamiento en que se hayan otras personas, mostrar que todos vamos en el mismo barco, en el mismo río.

Viñeta publicada en El País el 5 de diciembre de 2007.

Hacer

Creo que la labor principal del voluntario en la sociedad actual -independientemente del trabajo que realice- es ser puntos de referencia, transmisores del respeto, la generosidad, la confianza, la nobleza que el ser humano puede demostrar. Todos podemos poner nuestro granito de arena colaborando en la creación de un mundo más cálido con más amor, enseñando que cualquier persona puede hacer algo para que los demás se sientan acompañados en las dificultades de la vida, porque tal vez lo que más hunde a una persona no es tener dificultades, sino sentirse aislado ante ellas. Se han olvidado muchos actos que antes eran espontáneos y que integraban, ahora hay que volver a recordarlos, hay que ser referentes.

Hoy da la impresión que todo se mueve por intereses y ganancias, todo se hace para obtener algo a cambio y no hablo solo de mercados. Si dices expresiones como: tanto tienes, tanto vales, yo no doy nada si los demás no me dan, ¿y qué gano yo con eso?, yo voy a lo mío, pareces una persona lista; lo contrario es de tontos… esas palabras nos separan más, nos impiden poder ser felices, pues dan fuerza a la idea de que uno está contra el mundo; sin embargo, uno es más rico cuando entiende que el mundo está de su parte y esto no es una utopía, es felicidad. Por eso es de gran valor la labor altruista del voluntario.

Vivimos en tiempos de comunicación, horarios, rapidez. Esto no tiene por qué ser un impedimento, al contrario, hoy todos podemos ser voluntarios, todos podemos ser puntos de referencia y transmitir estos valores, intercambiando un saludo, no apartando una mirada, buscando en Internet la gran oferta de actividades de voluntariado que se pueden realizar, hablando con nuestros conocidos sobre estas actividades, enseñando a nuestros hijos el valor de la colaboración la integridad, etc. Además de todas las actividades que se vienen realizando desde siempre en los centros y las donaciones todos podemos aportar algo para colaborar: tan sencillo como preguntarse ¿qué puedo ofrecer? ¿de cuánto tiempo dispongo? La sociedad del bienestar no es la sociedad de la comodidad, no es la sociedad del sillón, la tele, el móvil y el ordenador, de quedarse parados pensado que el mundo es así; es la armonía entre individuo, sociedad y medio ambiente. ¿La tenemos? Pues trabajemos por ello.

La sociedad es transformada por las personas, las personas se rigen por modelos de referencia que hoy se adquieren sobre todo por los medios de comunicación, pero estos en muchas ocasiones no son coherentes con los valores más fundamentales. Ser voluntario es transmitir -entre otras cosas- alegría, unidad, fuerza y la esperanza de que el hombre puede crear un mundo mejor.

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