La era del trabajo decente

253portada3.jpgUn variopinto grupo de personas se arremolinan frente a un imponente escenario, levantado en la Plaza Mayor de Madrid. La tarde no acompaña y la asistencia se antoja escasa. Llueve y, además, varios grupos de revoltosos vociferan contra los organizadores del acto, a los que acusan, en el mejor de los casos, de “blandos”. Es 7 de octubre, Día Mundial por el Trabajo Decente.

La Jornada de Acción por el Trabajo Decente ha sido convocado por la recién creada Confederación Sindical Internacional (CSI), que agrupa a 311 centrales de trabajadores de 155 países y a la que pertenecen los dos sindicatos españoles CC.OO. y UGT que han organizado el evento en la céntrica plaza madrileña. El día debía pasar a la historia como la primera vez que los sindicatos del mundo entero se movilizaban al unísono en torno a la aspiración de un trabajo que garantizase una vida digna para los habitantes de la Tierra. No en vano, en más de 100 países había convocados unos 350 actos reivindicativos.

La expresión “decent work” llevaba ya un tiempo circulando entre los mentideros intelectuales que criticaban la deriva neoliberal de la actual globalización. La nueva reivindicación había nacido del verbo del director general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el chileno Juan Somavia. En la Memoria que presentó en la 87ª reunión del organismo de la ONU especializado en asuntos laborales, celebrado en Ginebra en 1999, dejó escrito: “La OIT milita por un trabajo decente. No se trata simplemente de crear puestos de trabajo sino que han de ser de una calidad aceptable”.

Los estudios de la OIT venían denunciado que la mitad de la fuerza laboral mundial ganaba menos de dos dólares diarios, lo que a duras penas permitía a esas familias trabajadoras ir tirando; que la esclavitud no era cosa del pasado sino que tenía subyugados a 12 millones de seres humanos; que 200 millones de menores, en vez de ir a la escuela, se veían obligados a emplearse laboralmente; y que dos millones de trabajadores perdían la vida en sus puestos de trabajo.

Trabajadores pobres

Los “trabajadores pobres” estaban ahí. Sólo que se estaban hipotecando por encima de sus posibilidades, gracias a unos bancos que inflaban sus cuentas con préstamos muy arriesgados. Los datos indicaban que el empleo mundial había aumentado en un 30% entre comienzos de los años 1990 y 2007, sólo que la diferencia entre los ingresos de los hogares de ricos y pobres se iba ensanchando. Los sindicatos tampoco han encontrado la manera de mejorar las condiciones de los trabajadores más desprotegidos. Probablemente esto ocupaba el pensamiento de quienes, en el acto madrileño a favor del trabajo decente, criticaban los discursos y gestos de los llamados sindicatos mayoritarios.

El VI Informe FOESSA sobre Exclusión y Desarrollo Social en España que abarca el periodo entre 1994 y 2007 y que fue presentado recientemente por Cáritas dice que “a pesar del proceso de crecimiento económico sostenido que se ha registrado en España en la última década, los índices de desigualdad y de pobreza apenas se han reducido”. Es más, la pobreza se ha mantenido impermeable al cacareado milagro económico. Foessa ha denunciado que los contratos temporales suponen un incremento de la probabilidad de experimentar pobreza no sólo a corto sino también a medio y largo plazo. Hay un 11% de personas pobres que tienen un trabajo, pero no reciben ni el salario, ni las prestaciones, ni los apoyos suficientes para salir de ahí.

El trabajo decente se define como un empleo de calidad, con derechos y acompañado de protección social y es considerado como una condición indispensable para conseguir los Objetivos del Milenio que Naciones Unidas estableció como las prioridades que deben promover el desarrollo para todo el mundo, especialmente para las regiones más depauperadas. Para la tradición obrera siempre ha sido obvio que cualquier ocupación no vale como trabajo. Sin embargo, las políticas neoliberales, a veces con la complicidad de ciertos sindicatos, han conseguido que se olvidara la letra pequeña del consenso social que indicaba que las condiciones de trabajo deben ser tenidas en cuenta.

En España, la cifra de parados ha alcanzado registros que no se veían desde hacía una década, 2,8 millones de personas desempleadas, al tiempo que Cáritas ha admitido que las solicitudes de socorro recibidas por sus servicios asistenciales habían aumentado en un 40%, con muchas probabilidades de que a final de año el incremento fuera del 50%. Desde los comedores sociales se ha reconocido que llegan nuevos usuarios, hasta entonces nunca vistos en tales circunstancias. Inmigrantes, faltos de la más mínima red social, mujeres solas con hijos a su cargo y familias de antiguos obreros de la construcción o la hostelería están cambiando la composición de las colas de hambrientos y necesitados.

En todo el mundo unos 20 millones de mujeres y hombres podrían sumarse a las filas de la desocupación mundial como consecuencia de la crisis financiera global, según la OIT. “El número de desempleados podría aumentar de 190 millones en 2007 a 210 millones en 2009”, advirtió Somavia quien además agregó que “el número de trabajadores pobres que viven con menos de un dólar al día podría aumentar en 40 millones, y aquellos con menos de dos dólares al día en más de 100 millones”. “La actual desaceleración de la economía mundial afecta de manera desproporcionada a los grupos de bajos ingresos”, dice uno de los últimos estudios de la OIT titulado “Informe sobre el trabajo en el mundo 2008: Desigualdades de renta en la era de las finanzas globales”. “Esto ocurre después de una larga fase de expansión, en la cual la desigualdad de ingresos ya estaba aumentando en la mayoría de los países”, se podía leer en él.

¿El trabajo decente ahora?

Pero a las autoridades políticas y económicas lo que les preocupa (después de haber puesto a disposición de los bancos dos billones de euros en Europa y 750.000 millones de dólares en EE.UU.) es cómo “refundar el capitalismo”. Sin embargo, el director de la OIT Juan Somavia, advierte que “las negociaciones comerciales están paralizadas, los mercados financieros al borde del abismo, el cambio climático continúa. Cualquier reconstrucción deberá encontrar vías para integrar políticas financieras con las económicas, sociales, laborales y ambientales a través de un enfoque de desarrollo común y sostenible”. “Necesitamos equilibrar la balanza y concentrarnos en recuperar a las personas y la producción. Se trata de salvar la economía real”, añadió el director de la OIT.

Tras los discursos, los manifestantes de Madrid guardaron sus banderas, sus pancartas y sus lemas. Algunos también, sus reproches. Del cielo seguía bajando una lluvia que les empapaba y que les enseñaba que con insistencia y perseverancia las causas justas, como el trabajo decente, pueden llegar a calar. Quizás algún día, cuando pase la tormenta, el sol ilumine un mundo en el que el trabajo digno haya crecido hasta dar sombra a todos.

1 comentario en «La era del trabajo decente»

  1. La era del trabajo decente
    Jo David, estoy con Jose Carlos, y acabamos de ver el libro de firams, es una pasada, cada vez que vemos un mensaje tuyo se supera al anterior, con decirte que yo he llorado de emocif3n y todo, es chuledsimo.Mil gracias David, estamos super contentos.

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