La comida se tira

Foto. Malena GómezEn este mundo de sobreabundancia y despilfarro el dicho tradicional “la comida no se tira”, con el que nuestras madres nos hacían pensar cuando nos quejábamos del plato que odiábamos, ha perdido el “no” y ha acabado convirtiéndose en una dolorosa realidad. En 2011, en España se tiraron a la basura 163 kg de alimentos por habitante. Esa cifra nos coloca en el sexto puesto del vergonzoso ranking europeo. En el continente se despilfarra una media de 179 kg por persona o, lo que es igual, el pasado año se tiraron a la basura 89 millones de toneladas de alimentos. Mejor no pensar en la cantidad de seres humanos del sur del planeta que hubieran sobrevivido con lo que en el viejo continente desperdiciamos.

La actualidad nos enfrenta con un escandaloso aumento de este fenómeno. Del desperdicio masivo de alimentos hay que repartir responsabilidades entre personas particulares (42% de derroche), productoras (39%), empresas de comidas preparadas (14%) y comercios (5%). Los restaurantes no se quedan a un lado. En España existen 85.230 y se calcula que cada uno desperdicia media tonelada de comida al año.

Hay quien trata de buscar soluciones a este desastre. Un ejemplo es la guía que presentaron, en 2011, la multinacional Unilever Food Solutions y la Federación Española de Hostelería y Restauración. El manual, titulado Trabaje de manera inteligente: abra los ojos a los desperdicios, pretende dar ideas a quienes se desenvuelven en el mundo de la restauración y así evitar el derroche incontrolado de comida a través de una cocina más eficiente. De acuerdo con los datos que aporta esta guía, el 60% de los desperdicios no serían tales “con una buena previsión a la hora de hacer compra. El 30% se produce durante la preparación (caducidad, cortes en la cadena de frío, etc.) y el 10% restante es lo que deja el comensal en el plato”.

Caducidad mal entendida

Las causas que explican el sangrante despilfarro de alimentos son diversas y en su mayor parte tienen que ver con la falta de sensibilidad de quien lo hace. La preocupación sobre este fenómeno ha llegado al Parlamento Europeo. En su plenario se discutieron, el pasado mes de enero, fórmulas que puedan paliar este escándalo. Algunas de ellas pasan por que la Comisión Europea apruebe una directiva que modifique la forma de etiquetar los alimentos. Tal y como explica el informe que presentó ante la Eurocámara el diputado italiano Salvatore Caronna, el 18% de los habitantes comunitarios no comprende el significado de la leyenda “consúmase preferiblemente antes de tal fecha”. Ese dato suele ser interpretado como el día en el que ya no se puede comer por razones sanitarias, cuando en realidad ahí se habla de calidad y solo en el indicativo fecha de caducidad se alude a la seguridad alimentaria. Otras alternativas se cuentan más adelante, en este mismo reportaje. Son los Centros de Distribución de Alimentos y se están desarrollando en Cataluña.
Foto. Ciro Miguel
Lo cierto es que la crisis económica y el aumento exponencial, en nuestro país sin ir más lejos, del número de personas en estado de máxima necesidad social, han provocado que miles de seres humanos “fichen”, sin faltar una sola jornada, cuando los supermercados echan el cierre. Este espectáculo estremecedor permite ver a diario cómo se producen aglomeraciones de menesterosos que aguardan junto a los contenedores en los que se vierten los productos que desechan las grandes superficies, con el objetivo de rescatar de entre la basura su comida diaria. Todo resulta todavía más insultante si se comprueba cómo algunos cuerpos de policía locales se afanan en impedir que estos seres humanos se aprovechen de lo que nadie quiere, aduciendo que esa práctica es contraria a la ley.

Muchas familias, como vemos, sobreviven no ya de la caridad ajena, sino de lo que tiramos a los vertederos. O de lo que las grandes cadenas de alimentación descartan. El investigador y activista Tristram Stuart, autor del libro Despilfarro, señala con el dedo acusador a los supermercados de rechazar el 30% de la fruta y verdura por cuestiones estéticas. Todo lo descrito compone una estampa dolorosa que debería hacernos reflexionar cada vez que abrimos en casa el cubo de los desperdicios para tirar comida.

Algunos establecimientos, como VIPS (empresa que se ha distinguido en los últimos años por algunas iniciativas solidarias de valor integradas en su política de Responsabilidad Social Corporativa) han optado por establecer una “happy hour” de alimentos. Ésta consiste en que, a partir de las once de la noche, los productos frescos que no están envasados se venden a un precio unitario de un euro y cincuenta céntimos.

Más de un millón de hambrientos

El aspecto más cruel de la crisis económica se ve en la existencia de miles de seres humanos que duermen en la calle, que no tienen acceso a los servicios públicos de sanidad, educación o asistencia social básicos. Pero también en aquellas personas que pasan hambre. Ya en 2009 una Encuesta de Condiciones de Vida que realizó el INE (Instituto Nacional de Estadística) habla de 1.100.000 españoles y españolas que no tienen cubiertos unos mínimos en su nutrición diaria. Así, esta gente “no puede permitirse una comida de carne, pollo o pescado al menos cada dos días”. Este dato resulta aún más preocupante porque esa cifra ha crecido ostensiblemente en estos dos en los que se ha agudizado la crisis económica, que ha golpeado con mucha mayor fuerza a quienes menos tienen.

Gonzalo Fanjul, estudioso del mundo de la pobreza y responsable del blog 3.500 millones de ideas irreverentes contra la pobreza, que se publica en la web de El País, denuncia la gravedad de la situación: “En los últimos meses la necesidad de alimentos (y de otros productos básicos, como los de limpieza y aseo personal) se ha ido extendiendo a segmentos de la población que no encajan en las categorías tradicionales de excluidos. Las nuevas necesidades no se concentran en los sin techo, sino en familias con un grado considerable de vulnerabilidad a las que la crisis les ha empujado a la acera de la pobreza”.

Cáritas y otras organizaciones humanitarias que se dedican a atender a aquellas personas que peor lo pasan han incrementado notablemente su labor en este último tiempo. Los servicios de acogida de esta organización alertan de que las peticiones concretas de ayuda han aumentado un 104% entre los años 2007 y 2010. En noviembre del pasado año la organización católica hizo públicos los datos de su actuación en 2010. En ese año, Cáritas atendió 6’5 millones de peticiones de ayuda (un 4’3% más que el año anterior), de las que dos millones han sido solicitudes de atención básica de emergencia: comida, ropa, pañales y pago de suministros básicos como luz o agua. Se trata de un récord histórico en los 60 años de vida de la institución y supone un incremento del 15% con respecto al año anterior.
Foto. Gregory Harbin
Pese al panorama desolador que desvelan estos hechos, siempre se pueden hallar casos de seres que buscan el modo de construir alternativas. Así lo contaba el diario argentino La Nación hace algunas semanas en referencia a una familia alemana de tres miembros que sobreviven sin el uso del dinero y alimentándose exclusivamente de lo que otros desechan. Esta pareja de berlineses, que vive junto a Alma, su hija de cinco meses, cuenta cómo se las arreglan: “Unas cuatro veces por semana voy a inspeccionar, con la mochila, los contenedores de los supermercados biológicos; encuentro de todo, jabones, chocolates, cosméticos, además de lácteos, frutas y verduras que todavía se pueden consumir”, explica el padre de Alma, quien aclara que su dieta es vegana (solo ingieren vegetales y no consumen ningún producto animal con el fin de evitar su explotación). “Me llevo más de lo que necesitamos, el resto lo regalo a vecinos, amigos, necesitados. La idea es difundir el mensaje de que no sólo se tira una manzana de vez en cuando, sino que todo se tira”, comenta.

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1 comentario en «La comida se tira»

  1. La comida se tira
    «Yo no tiro «nada», suelo decir. Pues bien de ahora en adelante me propongo quesea verdad absoluta. El vídeo me ha impresionado por el contenido, por la realización …Desvela un mundo que una ya sospecha, pero verlo es muy positivo.
    Es una obra de arte, felicito a la directora, espero que tenga todo el reconocimiento que merece, y que el vídeo cunda.
    Lo divulgaré en mis posibilidades.
    GRACIAS!!!

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