Francesc Torralba: «Hay dos palabras que caracterizan muy claramente la realidad catalana actual: incertidumbre y perplejidad»

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pag4-5_temadeportada_torralba_web.jpg 1. ¿Cuál es su lectura de lo que sucede en Cataluña en estos momentos y las salidas posibles?

Nunca como ahora había sido tan difícil hacer un diagnóstico mínimamente sensato de lo que está pasando. Hay percepciones muy diferentes y realidades muy diferentes en el conjunto del país. Una parte notable de la ciudadanía vive el presente con ilusión, con gran confianza y entiende que estamos en las puertas de una época nueva, de un nuevo marco político que permitirá a Cataluña alcanzar la mayoría de edad política. Otros observan con gran escepticismo todo el proceso y más bien temen las consecuencias negativas que se pueden derivar en el campo económico. Callan y sufren.

Hay dos palabras que caracterizan muy claramente la realidad catalana actual: incertidumbre y perplejidad. No tenemos ninguna certeza sobre qué ocurrirá en el futuro inmediato. La perplejidad se debe a la falta de información. El ciudadano recibe informaciones opuestas -o incluso contradictorias- respecto a lo que puede suponer un Estado propio. Ignora las consecuencias económicas y políticas, no sabe si dejará de ser ciudadano europeo, le preocupa cómo serán las relaciones con España y, naturalmente, su pequeña economía. Las informaciones que le llegan son, muy a menudo, sesgadas por aprioris ideológicos, de tal forma que la sospecha se extiende. En estas condiciones es muy difícil convencer al gran segmento de indecisos y puede muy bien ser que el emotivismo acabe haciendo girar la balanza, ya sea por causa del miedo o bien por una confianza ciega sin fundamento racional.

2. ¿Qué cree que debe y puede hacer la Iglesia catalana en esta coyuntura?

La Iglesia que peregrina en Cataluña, como la misma Iglesia universal, es plural y diversa. El papa Francisco ha escrito que «la uniformidad mata la Iglesia». Hay sensibilidades políticas y nacionales diferentes. Lo decisivo es, en cualquier caso, mantener el clima de diálogo y de respeto, de fraternidad entre todos los ciudadanos, independientemente de sus opciones y convicciones políticas y religiosas. En esto la Iglesia debe dar ejemplo.

No es negativo que, en política, los cristianos tengamos opciones diferentes. No hay ningún programa político que agote la riqueza del Evangelio. Cada cristiano se ve llamado a defender su tesis, pensando siempre en el bien común y en el respeto a los derechos elementales de la igualdad y la libertad. Independiente de la forma final que adopte Cataluña, el cristiano parte de la idea de que lo que nos une a los seres humanos es mucho más profundo y sólido que lo que nos separa. Edith Stein escribió que «para el cristiano no hay extranjeros». La Iglesia como institución está al servicio de su pueblo y de las decisiones que tome este pueblo y solo será creíble y digno de confianza si se entrega a su pueblo de manera incondicional.

Francesc Torralba es director de la Càtedra Ethos de Ética Aplicada de la Universitat Ramon Llull

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