Deliciosas alternativas

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Foto. Bram CymetEn la infancia de nuestros abuelos y abuelas sabían que si encontraban un mendrugo de pan y no tenían hambre, debían besarlo y ponerlo a la vista para que alguien que pudiera necesitarlo lo encontrara. Tirar comida era pecado. Hoy en día tiramos a la basura lo que podría llenar nuestros platos y los de otras personas. Sin escándalo y sin arrepentimiento. Pero, ¿de verdad no se puede hacer nada?

Pan rallado, torrijas, ropa vieja, croquetas, feria de restos, compost. Clásicos y bien conocidos destinos que salvan la comida de la basura y a nosotros y nosotras de la vergüenza. Con los modernos electrodomésticos y la comida precocinada hemos perdido gran parte de la sabiduría y la inteligencia que nos permitían conservar los alimentos, aprovechar los restos e incluso comer bien. Quien tenga interés puede preguntar a madres, abuelas y tías de la familia antes de que sea más tarde.

Bancos buenos. Incluso en las épocas de bonanza, los bancos de alimentos han crecido en muchísimas localidades y apoyan a su vez a instituciones de todo tipo… que destinan alimentos a las personas más necesitadas. El crecimiento de la demanda generada por la crisis los hace más necesarios que nunca en pleno siglo XXI. Proyectos cercanos y útiles a los que dar tiempo, alimentos o dinero.

Un paso más. En Girona, una experiencia novedosa alimenta y proporciona productos básicos a casi cinco mil personas: el Centro de Distribución de Alimentos. Instituciones públicas y privadas están en el origen de unos aparentes supermercados sin marketing ni ofertas en el que las familias derivadas por los servicios sociales pueden obtener una cesta variada de productos básicos mediante un sistema de puntos. Una parte importante de estos alimentos viene de la redistribución.

El ojo más largo que el cuajo. Este clásico refrán nos alerta contra la costumbre de comprar, servirse o preparar más comida de la que somos capaces de consumir. Viene a ser, en nuestro tiempo, lo que dice con humor e ironía la bloguera Invisible Lorenix: “No vayas al súper en ayunas”. Pensar en lo que necesitamos de verdad nos ahorrará comprar -y después tirar- lo que en realidad no necesitamos.

Con las manos en la masa. Algunos activistas británicos fotografían y suben a la red social flickr la comida evidentemente en buen estado que aparece en la basura de supermercados, restaurantes y otros lugares públicos. Es el proyecto Waste Watchdog (perro guardián de la basura), que lleva a la pantalla de los ordenadores el escándalo del despilfarro.

Mira dónde comes. Las cooperativas de consumo ecológico cada vez son más y mejores y permiten no sólo alimentarse mejor y con más conciencia. Pensar en los productores locales y priorizar la calidad de los alimentos, así como pagarlos a precios dignos, ayuda a no consumir de forma inconsciente. Mumumío, Ecosecha, La Garbancita… Una larga lista de posibilidades entre las cuales encontrar las que más nos convienen.

Experimento comparte. Dos niños son invitados a una merienda. Cuando levantan la tapa del plato, uno tiene sándwich y el otro no. Es la sinopsis del video que han visto más de mil personas y que sirve de bandera a una campaña de Acción contra el Hambre. Pensar en una solución compartida al hambre y el despilfarro de alimentos no debería ser revolucionario en el siglo XXI. Hagamos la revolución.

Kilos de más. Cada año, muchos colegios, institutos, empresas y organizaciones ponen en marcha la famosa “Operación kilo”. Campañas solidarias clásicas como ésta, basadas en la ayuda en especie (y en la desconfianza de dar dinero), podrían ser una oportunidad para reflexionar sobre lo que significan los alimentos y cómo participar de forma más inteligente en el sistema alimentario. Mucho más allá de llevar a clase el kilo de lentejas, que tampoco es mala idea.

Excedente no es excelente. Los excedentes de alimentos de la Unión Europea son un tema de debate permanente: una relación perversa entre la política agraria proteccionista y las políticas sociales. Muchas organizaciones y grupos activistas tienen un ojo puesto en las negociaciones de la nueva política agraria común europea (PAC), que, por muy técnica y oscura que resulte para mucha gente, también da -o quita- de comer.

Panes y peces. En una acción-denuncia protagonizada por Tristram Stuart, autor del libro Despilfarro en noviembre de 2011, junto con Amigos de la Tierra, cinco mil barrigas londinenses se llenaron con comida desechada por los supermercados, bebieron zumo de manzanas feas pero deliciosas que habían sido destinadas a la basura y alimentaron a varios cerditos felices con las cáscaras. Y en Trafalgar Square rezaron un undécimo mandamiento laico: no tirarás (comida).

Sobras que nunca sobran. El táper es un gran invento. Ya hace tiempo que lo saben los hijos que se independizan. Pero también se puede aprovechar la comida que sobra en un restaurante o en una comida campestre: al final, cada uno se lleva lo que más le ha gustado y no se tira nada.

Antisistema. La campaña CRECE, lanzada por Oxfam en todo el mundo en junio de 2011 y que concentrará los esfuerzos de ésta en los próximos cuatro años, denuncia que el sistema mundial de alimentos está fuera de control y que mil millones de personas pasan hambre, pero además existen millones de pequeños productores que viven en la miseria mientras alimentan al mundo. Y son mujeres. Como mínimo, deberíamos intentar hacer algo por ellas.

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