500 años de Reforma Luterana: Una llamada a la subversión y a la libertad

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Con motivo de los 500 años de la Reforma de Lutero, desde alandar proponemos iniciar el diálogo que sin duda protagonizará 2017 en las voces de Carlos F. Barberá y del reverendo Juan Larios.

Por el reverendo Juan Larios, de la Iglesia Española Reformada Episcopal

Contaba Eduardo Galeano en uno de sus libros:

“Una mañana, nos regalaron un conejo de indias. Llegó a casa enjaulado. Al mediodía, le abrí la puerta de la jaula. Volví a casa al anochecer y lo encontré tal como lo había dejado: jaula adentro, pegado a los barrotes, temblando del susto de la libertad”[1]

No hace falta ser un erudito para saber que la época renacentista, el Renacimiento, supuso para el mundo en general, una nueva manera de ver, entender y sentir su respirar. Cambió incluso la concepción que se tenía hasta entonces del ser humano. No obstante sería el concepto de Dios el que influyera de manera radical en todos estos cambios. En este sentido, la Reforma Protestante, junto con el despertar del humanismo, será el verdadero hito de inflexión. Y hasta tal punto será así que hará cambiar la realidad política y social de la Europa del Siglo XVI y en adelante. De esto, obviamente, ni siquiera los propios reformadores fueron conscientes. Suele ocurrir.

La Reforma Luterana permitió la traducción de a Biblia a lenguas vernáculas
Primera página de la Biblia del oso, traducción al castellano de Casiodoro de Reyna, basilea, 1569.

Pero si hay algo principalmente valioso en la propia Reforma, entre sus muchas bondades (sin renegar de las oscuridades) es, desde mi punto de vista, su acción emancipadora, la llamada a la subversión y a la libertad. En efecto, la Reforma va a emancipar la fe y la teología, del conservadurismo y estatismo de la Iglesia de Roma. Romperá con la infalibilidad del Papa. Romperá también con la sumisión a la Ley y a los cánones del derecho. Abrirá la lectura e interpretación de la Biblia al pueblo liberándola así del secuestro a que estaba sometida y la elevará al rango de única norma de fe y conducta para el cristiano. Romperá con muchos de los mitos de la religiosidad popular y, quizá lo más importante, proclamará la libertad del cristiano y el sacerdocio universal de los creyentes.

Todo ello va a hacer que el protestantismo se abra a la realidad cambiante y sea capaz de entenderla de mejor manera, capacitándose para afrontar los cambios sociales a los que el mundo iba a enfrentarse y aportar así una nueva y más humana visión tanto de la persona como de la sociedad misma, tanto en lo religioso, como en lo político, económico e incluso educativo. No hay más que mirar en la actualidad las diferencias entre los países de influencia mayoritariamente protestante y los que no lo son.

Y ¿Qué pasó en España con la Reforma Protestante? Pues, como era lógico, el fogonazo protestante también llegaría a iluminar a nuestro país, y comenzará haciéndolo, en primer lugar y quizás con cierta timidez, con las personas entonces más cultas. Ahí tenemos nombres, entre otros muchos, como Juan de Valdés, o los propios Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera, a quienes debemos la traducción de la Biblia que lleva sus nombres y que es mayoritariamente el texto utilizado por el mundo evangélico e incluso protestante.

El protestantismo en España fue fuertemente perseguido por la inquisición
Eugenio Lucas Velázquez, Condenados por la Inquisición, ca. 1833-1866. Museo del Prado

No obstante, la dureza de la Inquisición haría del protestantismo en España un auténtico drama. En muchos casos incluso una horrible tragedia. De manera que durante los dos siglos posteriores al comienzo de la Reforma, en nuestro país, ésta quedará condenada al ostracismo y a la clandestinidad; suponiendo incluso el destierro para algunas personas.

El Siglo XIX en cambio, marcará, a pesar de todo ello, el punto de inflexión en España. Será el siglo de la formalización de muchas iglesias reformadas; aunque tampoco será un siglo fácil, pues ante el desarrollo de nuestras iglesias, la intransigencia y las expulsiones volverán a ser una realidad. No obstante, durante la I República  el protestantismo recibirá un fuerte impulso venido de la mano de las primeras leyes de libertad religiosa y el crecimiento de la tolerancia. Serán los años de la fundación de colegios, hospitales y la creación de medios de comunicación evangélicos.

Será también el siglo del nacimiento y continuación de dos de las grandes iglesias de la Reforma Protestante en nuestro país: la Iglesia Española Reformada Episcopal (IERE) y la Iglesia Evangélica Española (IEE), nacidas de otras alianzas evangélicas anteriores. Durante estos años también tendrán lugar varias asambleas para tratar de construir una estructura que aglutinara a todo el protestantismo español, algo que no pudo llevarse a cabo debido a las diferencias en algunos puntos esenciales para tal estructura. Al final, cada cual invertirá sus esfuerzos en el propio crecimiento y asentamiento.

El Siglo XX será el siglo decisivo para el protestantismo español; aunque, la dictadura del General Franco supondrá una vuelta al pasado, es decir, persecuciones, expulsiones, apresamientos, incluso fusilamientos de algunos de los pastores protestantes. Caso importante, por citar uno, fue el del Rvdo. Atilano Coco, de la IERE, en Salamanca, y en cuya defensa, finalmente improductiva, intervendrá D. Miguel de Unamuno. Vuelta a la clandestinidad en muchos casos. Expropiaciones de inmuebles, instituciones, etc.

Aun así, durante este tiempo, nacerán instituciones como el SEUT (Seminario Evangélico Unido de Teología) auspiciado por las dos grandes iglesias históricas, IEE, IERE; y la FIEIDE (Federación de Iglesias Evangélicas Independientes de España), de teología bautista. Pero no será hasta 1978, con la ratificación de la Constitución, que la vida del protestantismo en España dejará de ser un continuo sobresalto y, como algunos expertos han dicho, “una auténtica locura de supervivencia”[2]. Nacerá también, en 1986, la actual FEREDE (Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España), antigua Comisión de Defensa Evangélica, creada en 1956.

Si hay algo también que reseñar de extraordinaria importancia para el protestantismo español, es el surgimiento, después del Vaticano II, del Movimiento Ecuménico entre protestantes y católicorromanos. Algunos sacerdotes católicos y muchos laicos, llevaron a cabo un importante acercamiento a las iglesias evangélicas, principalmente a las históricas. Hombres como el P. Juan Bosch, dominico; o el P. Julián García Hernando, fundador de las Misioneras de la Unidad, entre otros, dieron sus vidas y esfuerzos por el ecumenismo en España. También, cómo no, citar a hombres como el pastor D. José Cardona, Ruiz Pobeda, Enrique Capó o Ramón Taibo, obispo de la IERE, del lado protestante.

Triste es también decir, pero honesto reconocerlo, que el ecumenismo en España no ha sido muy bien visto, ni por el grueso de la jerarquía católica ni por la mayoría de las iglesias evangélicas, por considerar éstas, a la Iglesia de Roma, una Iglesia apartada de la verdad bíblica. Hay incluso quien piensa que el ecumenismo en España está tocado de muerte. Pero tal vez ocurra con ello como con la Reforma, que sus ascuas seguirán encendidas bajo las cenizas, hasta que vengan vientos apropiados que vuelvan a prender la llama. En eso tengo puesta mi esperanza. Actualmente, excepto excepciones personales, el ecumenismo se reduce al encuentro de las dos grandes iglesias históricas de la Reforma, IEE – IERE, y ciertos sectores de la ICAR.

Y después de todo esto, yo me pregunto: ¿Qué ha pasado con el auténtico espíritu de la Reforma en nuestro país? No podemos olvidar, como ya he apuntado anteriormente, que ese espíritu no solo influyó en el ámbito religioso, sino que también lo hizo de manera extraordinaria en el ámbito social y político, cambiando los modelos enquistados en el inmovilismo y estatismo de un sistema político-religioso cruel y desfasado.

Tampoco deberíamos olvidar que la verdadera arena donde se lidian y verifican las cuestiones de fe es la propia sociedad. La fe tiene que transformar el entorno y la Reforma lo hizo con su visión y vivencia de esta. Entre otras cosas, algo impensable hasta entonces, alimentó la separación entre la Iglesia y el Estado, en manos del pensamiento católico que había cambiado el Evangelio del servicio por la política del poder. Aun me da que le quedan muchos restos de ello en la mesa a la iglesia Católica.

La Reforma significó y significa “libertad”, pues sin ella la Iglesia no puede ser profética; y una iglesia que no es profética, no es evangélica. La iglesia profética es aquella que se implica y denuncia la injusticia y la falta de dicha libertad, porque si apunta al futuro, no puede ser de otra forma. Sin libertad no hay futuro, sin justicia tampoco; y esto, tanto dentro como fuera de la iglesia. Sin libertad no hay fe auténtica. Me pregunto ¿dónde está la lucha actual de las iglesias protestantes o evangélicas, en nuestro país, por la justicia, por el bienestar del pueblo, por la libertad, por los derechos del ciudadano?

No voy a negar, Dios me libre, la honrosa y buena labor social que hacen las iglesias evangélicas. Pero no es suficiente. No es solo cuestión de acoger a una familia a la que han desahuciado, que es una gran labor, por supuesto; es luchar porque eso no ocurra; es implicarse en el trabajo de cambio. Es luchar abiertamente contra la injusticia provocada por los grandes oligopolios y el capitalismo brutal que nos dirige, donde también están, por desgracia, involucrados a favor muchos movimientos evangélicos, principalmente fuera de nuestro país. Sería necesario volver a releer hoy, el escrito de M. Lutero “A la nobleza de la nación alemana”, donde denuncia abiertamente y sin tapujos el abuso y el robo que la Iglesia practicaba.

Por tanto es implicarse también en la mejora de nuestra democracia, de la misma manera que la Reforma fomentó los cambios políticos para Alemania y para el resto de Europa, todo ello basado en la responsabilidad  y libertad del creyente. Ni que decir tiene que esto empujó el derrumbamiento del feudalismo. Pero por regla general, actualmente en nuestro país, para el pensamiento evangélico, excepto raras excepciones, la política no tiene que ver con la religión; hay que mantenerse al margen, porque todo está en manos de Dios y todo responde a su plan. “Nuestra ciudadanía está en los cielos”; “no somos engendrados de voluntad de varón”; “en este sistema mundial reina el enemigo que nada tiene que ver con Dios”. Son afirmaciones recurrentes en estas iglesias, lo que provoca el adormecimiento y la falta de compromiso con la realidad.

Es luchar abiertamente por otro modelo de economía y denunciar los peligros del egoísmo económico y de la acumulación criminal de unos pocos que hace que el 80% de la población mundial no tenga que llevarse a la boca (“Usura y comercio”. M. Lutero). ¿Dónde queda la lucha incluso por el cambio de la educación, las artes, la cultura en general? Porque la Reforma supuso también un gran cambio en todo ello.

Todo esto sin abordar el triste giro ideológico tan antirreformado que están dando algunas instituciones evangélicas, entre ellas, por ejemplo, FEREDE o el Consejo Evangélico de Madrid, dirigidas mayormente por una ideología cada vez más cerca del pensamiento único, fundamentalista y autoritario[3]. O la influencia y el proselitismo llevados a cabo en la ciudadanía, especialmente evangélica, a través de cadenas de televisión norteamericanas implantadas en nuestro país y que ponen de manifiesto una muy clara ideología. No en vano ha sido tan importante el voto evangélico al SI republicano en las elecciones a la presidencia de los EE UU. O algunos de los medios de comunicación digitales evangélicos, donde se hace patente el fundamentalismo y literalismo bíblico y una ideología claramente autoritaria que no hacen más que dañar al propio Evangelio y el futuro de la Iglesia.

¿Qué es lo que significa para nosotros hoy la Reforma Protestante en realidad? De ahí que comenzara este escrito con esas palabras de Eduardo Galeano. ¿No será que la libertad cristiana, en realidad, nos aterra y es preferible volver a encerrarse en el pasado? ¿Es posible que no se den cuenta, la mayor parte de las iglesias evangélicas, de que están favoreciendo hoy, aquellas políticas que nos llevaron a la clandestinidad y a exilio en otros tiempos?  Pues esto no está en la línea del propio Evangelio de Jesús, porque en él se nos dice que la Verdad nos hará libres. Si el Evangelio no libera, aun corriendo los riesgos que la libertad supone, no es auténtico Evangelio. Y, en palabras de un buen amigo, un Evangelio sin compromiso social, no es Evangelio de Jesús.

Rvdo. Juan Larios.

Iglesia Española Reformada Episcopal

[1] Galeano, E. “El libro de los abrazos”. Ed. Siglo XXI. 1993

[2] Diez Moreno. J. Luis. Historia del Ecumenismo en España. S. Pablo. 2008

[3] Véase actualmente el conflicto entre la IEE y el CEM (Consejo Evangélico de Madrid)

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