Desde muy jovencita he sido seguidora y admiradora de Rosa León. Me han encantado sus canciones, tanto las letras como su voz y su sonrisa. He sentido su ausencia en estos más de 20 años en los que no hemos tenido ninguna canción ni actuación suya. Por eso, cuando me enteré de que el 29 de septiembre pasado daba un recital en Madrid, me regalé unas entradas para disfrutar nuevamente de sus canciones. Y disfruté, ¡vaya si lo hice!
No solo de ella. Estuvo acompañada por Rozalén, Ana Belén, Víctor Manuel, Miguel Ríos y el querido Joan Manuel Serrat, entre otros. Fue una verdadera gozada ver y escuchar a este plantel de cantautores a los que sigo desde hace años y admiro.
Ese encuentro, en el que se tuvo presente a las personas que estaban acampadas en Sol reclamando una vivienda digna para todas y todos, me hizo reflexionar sobre la coherencia a lo largo de la vida.
Quienes participaron en el concierto han destacado a lo largo de su ya larga carrera por su compromiso con los más desfavorecidos de la sociedad; lo han hecho a través de sus canciones y también con sus gestos y actos solidarios.
El 25 de julio, Miguel Ríos fue abucheado durante un concierto en Marbella por colocarse una kufiya (pañuelo palestino) y gritar «no a la guerra». Ana Belén se sumó a la concentración que hubo el 23 de septiembre frente a la casa de Mari Carmen, antes del desahucio. Allí le dedicó un poema de Rafael Alberti titulado «Desahucio», escrito en 1929.
Rozalén, de la que soy fiel seguidora y a la que admiro profundamente, es conocida por su fuerte compromiso social y su participación en numerosas causas solidarias. Recientemente la hemos visto implicada en la reforestación de la Sierra Oeste de Madrid y en el apoyo a las víctimas de catástrofes naturales, al igual que se implicó con los afectados de la DANA. Además, cuando estuvimos confinados por el COVID-19, compuso una preciosa canción, Aves enjauladas, y destinó todos los beneficios a la ONG Entreculturas para apoyar pisos de acogida de familias vulnerables. Y no quiero dejar de mencionar en esta Mecedora Violeta su canción contra la violencia machista, La puerta violeta, que tanto bien ha hecho y tanto ha ayudado a las mujeres víctimas de esta violencia. Por razones de espacio, no puedo seguir desgranando los actos llevados a cabo por Víctor Manuel o Serrat.
El concierto de Rosa León me llevó a pensar en la importancia de la coherencia en nuestra vida, una larga vida ya para muchas de nosotras. Estemos donde estemos y hagamos lo que hagamos, para mí es muy importante mantener la coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos, aunque no siempre sea fácil.
Estamos en unos tiempos un tanto convulsos. Muchos de los derechos adquiridos se ven puestos en la picota y vamos dando algunos pasos atrás. Hay quienes niegan la violencia de género, mientras tanto en España, este año, 42 mujeres han sido asesinadas a manos de sus parejas o exparejas. Hay quienes niegan el cambio climático a pesar de las DANAs, los incendios y las 5.232 muertes —según datos del Ministerio de Sanidad— atribuibles al calor durante este verano en España. Hay quienes hablan de “prioridad nacional”, dejando a cientos de miles de emigrantes y refugiados fuera de las ayudas y los servicios sociales.
El 29 de noviembre estamos llamados a expresar nuestra opinión. Yo añado: a expresar nuestra coherencia entre lo que pensamos y lo que votamos. No hablo de partidos, aunque sí de política, porque todas nuestras acciones son políticas, incluso cuando no actuamos.
Y termino esta ya larga columna con las palabras del papa León XIV, quien en una reciente conferencia de prensa afirmó que combinar posturas de extrema derecha con ciertas expresiones religiosas “no constituye una expresión auténtica del cristianismo”. Tenemos un mes largo para reflexionar, orar y ver dónde depositamos nuestro voto. Pero voten, por favor, aunque sea por correo.

