La Revuelta de Mujeres en la Iglesia defiende la dignidad y la sacralidad del cuerpo femenino

Este año, la celebración de la Revuelta de Mujeres en la Iglesia se ha caracterizado por centrarse en el cuerpo de la mujer para, de un lado, denunciar las múltiples maneras en que es vulnerado, y, de otro, reclamar su dignidad y su sacralidad. El lema elegido: Este es mi cuerpo.

La celebración que La Revuelta de Mujeres en la Iglesia hace cada año con motivo del 8 de marzo, se adelantó en la mayor parte de España al domingo, día 1. Bajo el lema “ESTE ES MI CUERPO. Por la dignidad y la igualdad de las mujeres en la iglesia”, 32 grupos de mujeres se manifestaron delante de las catedrales de todo el país para clamar contra todos los abusos que agreden la dignidad de las mujeres. Con actuaciones, performances, música y lecturas, se expresó, con gran diversidad y creatividad, el mismo grito: ¡BASTA YA DE ABUSOS DE PODER CONTRA LOS CUERPOS Y LAS VIDAS DE LAS MUJERES!

La Revuelta de las mujeres en la Iglesia sigue creciendo: ya está presente en 36 lugares, pero este 1 de marzo se manifestaron ante las catedrales de Alicante, Almería, Badajoz, Barcelona, Bilbao, Burgos, Ciutadella, Córdoba, Donostia, Granada, Huelva, Huesca, Jaén, Las palmas, León, Logroño, Lugo, Madrid, Málaga, Murcia, Oviedo, Pamplona, Salamanca, Santander, Santiago de Compostela, Sevilla, Tenerife, Valencia, Valladolid, Vigo, Vitoria-Gasteiz y Zaragoza.

Como expresa el lema elegido, el foco se centró tanto en la denuncia de los abusos y vulneraciones sobre el cuerpo de la mujer, como en reclamar su dignidad, y también su sacralidad. Pero, desde esa idea central, se expresaron bastante variaciones. Así, Menorca eligió “Som Cos. Som Veu. Som Església” (Somos cuerpo, somos voz, somos Iglesia), que también adoptó Málaga; Asturias propuso “Mujer: cuerpo sagrado”, mientras que Valladolid lo enriquecía: “Este es mi cuerpo: cuerpos que resisten, voces que despiertan, fe que cuestiona”; Córdoba proponía “Vosotras sois mi cuerpo”; Gran Canaria convocó su concentración bajo el lema “Modelando la igualdad”; Tenerife se concentró en La Laguna reclamando “Iglesia, despierta, cristianas en revuelta”; y Almería convocó con lo que es el lema permanente de la Revuelta: “Hasta que la igualdad se haga costumbre”.

Es hora de que la palabra de las mujeres sea escuchada y tenida en cuenta, porque en la Iglesia la palabra no es propiedad privada, es pan compartido desde la fraternidad y el servicio. Queremos elevar nuestra voz afirmando que nuestra espiritualidad es inseparable de nuestro cuerpo, por ello queremos visibilizar una frase muy motivadora para nosotras: “ESTE ES MI CUERPO”, decía el Manifiesto.

“La sociedad patriarcal ha mirado los cuerpos de las mujeres siempre como máquinas productoras de trabajo, reproductoras de hijos, y lo ha hecho desde la escasez de salario, de libertad, de capacidad de decidir, de formación… Escasez de educación, de pensamiento propio, de liderazgo, de autonomía, y, por último, escasez de vida; por ello nos matan y permiten que nuestros cuerpos sean desechables”.

Nuestros cuerpos – se afirmó en el acto de Oviedo – no son objeto de exhibición, no son objetos de consumo, no son un motivo para presumir… No son campos de batalla, no son lugares de conquista. Y no son de nadie, más que de nosotras mismas.  Porque no somos un objeto que los demás pueden definir, sobre el que pueden establecer normas, condenas, imponer límites, dictaminar conductas. Nuestros cuerpos son nuestros y son también sagrados”.

 

Junto a la denuncia, la afirmación de la vida: “vitales, gozosos, sensuales y placenteros para una vida en abundancia. Cuerpos proféticos que gritan justicia y claman libertad. Cuerpos de mujeres en los que se manifiesta la vida cristiana, capaces de revestirnos de Cristo de una manera transgresora y libre…”. En el fondo de esas afirmaciones no hay solo una denuncia social o religiosa, también hay una propuesta teológica que considera que la Encarnación se produce igualmente en el cuerpo de las mujeres, que son igualmente capaces de representar a Cristo.

También hubo en varios lugares una denuncia sobre el uso por la Iglesia de dos arquetipos femeninos, que reducen a la mujer a ser mujer sumisa, pura y buena, identificada con la virgen María, o la mujer desobediente, sensual y traidora, identificada con Eva. Se criticó el uso patriarcal de esas figuras femeninas tan importantes en la historia del cristianismo, para insistir en la novedad del mensaje liberador de Jesús para las mujeres, que es una reivindicación permanente de la Revuelta. Para visibilizarlo se utilizó una selección de textos del Evangelio en que Jesús “se llega a las mujeres en las periferias, a las olvidadas, a las que sufren, a las que viven en los márgenes, siempre para devolverles su dignidad”:

“Jesús toca nuestros cuerpos, como hizo con la mujer encorvada:
¡Mujer, quedas libre de tu enfermedad!

Nos rescata del foso de la historia, como a la mujer apedreada:
Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?…  yo tampoco te condeno.

Para empujarnos al centro del escenario de la Vida, como a la hemorroisa:
Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda curada de tu dolencia.

Jesús transforma nuestras vidas vilipendiadas en ‘hogar’ para la humanidad entera, como hizo con Eva:
Y a la mujer la llamó Eva, madre de todos los vivientes.

Colocando el foco de la eternidad sobre nosotras, como con María de Nazaret:
María, has hallado gracia delante de Dios. Concebirás y darás a luz un hijo, y lo llamarás JESÚS y será llamado Hijo del Altísimo.

Y eligiéndonos como las anunciadoras de la Vida resucitada, como a la Magdalena y las otras mujeres:
Mujeres no temáis: id, dad las buenas nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea y allí me veréis.

Todas somos María Magdalena, encargadas por Jesús de ofrecer la mejor noticia al mundo:
Vete a mis hermanos y hermanas y diles: He visto al Señor, ÉL VIVE”.

Desde la idea central, las actuaciones o performances en los diferentes lugares pusieron de manifiesto una gran creatividad y capacidad festiva. En Madrid, se envolvió y aprisionó el cuerpo de las mujeres en celofán para expresar el control que se impone sobre sus cuerpos, mientras en Oviedo un grupo de mujeres de negro se rodeaba de cadenas o en Las Palmas se organizaba “El desfile de la Desigualdad”.

En muchos lugares se leyó el Manifiesto fundacional de la Revuelta, con sus reclamaciones a la Iglesia: “acceso a todos los ministerios, presencia femenina en los lugares de toma de decisión, en la reflexión teológica, la predicación y la trasmisión de la fe, una visión positiva de la sexualidad que evite tanto sufrimiento y un cambio de la imagen exclusivamente masculina de Dios.”

“La humanidad necesita atravesar caminos para llegar a la equidad de género, y nos unimos -a esa tarea- en un canto de esperanza”, se dijo.

Un año más, la Revuelta de Mujeres en la Iglesia ha puesto de manifiesto su vitalidad y ha expresado con gozo su experiencia de sororidad: las mujeres se juntan y salen a la calle no solo para reclamar y denunciar sino también para disfrutar de su manera diferente de estar, de rezar y de celebrar.

Son, en su mayoría, grupos pequeños que se atreven, sin embargo, a decir su palabra en público y en voz alta, que convocan a otras y otros y que van, lentamente, creando opinión, y creando comunidad. La Revuelta de Mujeres en la Iglesia es un grito necesario en el camino tanto hacia la igualdad de género como hacia una Iglesia sinodal.

Autoría

  • Lala Franco

    Alandar me permite hacer una de las cosas que mas me gustan como periodista: entrevistar a esas personas que son la sal de la tierra porque van cambiando el mundo con su trabajo, su reflexión y su denuncia.  Además, es un espacio para la libertad y la creatividad dentro de la Iglesia, muy necesitada de ambas. Y me da pistas para vivir de un modo más solidario y menos consumista y para seguir alimentando el núcleo espiritual que nos vincula, desde lo profundo, con el mundo, con los otros y con Dios.  Por lo demás, ahora soy una periodista jubilada de TVE que se mete en muchos líos. En la Revuelta de mujeres en la Iglesia, por ejemplo. Y que está agradecida a dos espacios eclesiales: la JEC (Juventud Estudiante Católica, que me albergó de joven, y Profesionales Cristianos (PX), mi actual comunidad de referencia. Soy murciana y, además de mi tierra de origen, amo Madrid, donde vivo;  pero también la Montaña Oriental Leonesa y Asturias, donde paso buena parte de mi tiempo. La vida, pues, no cesa de abrirme a  paisajes y horizontes nuevos, en todos los sentidos. Y yo trato dejarme sorprender por la riqueza y la novedad que nos rodea y los mensajes de cambio que sugiere. 

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