Gustavo Gutiérrez dejó casi terminado este libro que, con el título Vivir y pensar el Dios de los Pobres, se publica con edición de Leo Guardado, teólogo salvadoreño y discípulo suyo, en la Universidad de Notre Dame (Indiana, USA), cumpliendo el encargo le dejó. El sociólogo Rolando Ames comparte algunos aspectos de la noche del 10 de junio, fecha en la que participó en la presentación de la obra.

El contenido del libro es lo central a destacar. Es un texto en el que Gutiérrez revisa, estructura e integra su pensamiento de gran riqueza, expresado alrededor de distintos temas y hechos. En él, articula ese conjunto en un solo esquema analítico, que sigue todo su itinerario, desde la mitad del siglo XX hasta bien entrado el s. XXI. Una obra que va desde Teología de la Liberación (1971), pasando por los hondos mensajes espirituales de Beber en su propio pozo o Hablar desde el sufrimiento del inocente y por el gran estudio sobre Bartolomé de las Casas, hasta su renovada crítica social y ética de ¿Dónde dormirán los pobres? (1996). Ello requería de una síntesis que nadie mejor que el autor para hacer. Por eso, titulo estas líneas como un regalo para las generaciones que formó Gustavo, en el Perú y en el Sur primero, y luego en el Norte de nuestro continente.
Es un texto en el que Gutiérrez revisa, estructura e integra su pensamiento de gran riqueza, expresado alrededor de distintos temas y hechos
El título del libro destaca bien al poner primero “el vivir” y luego “el pensar” el método con el que el autor entendió la teología. La vida misma es lo primero, hacer teología, pensar esa vida como seguimiento de Jesús; acto segundo, implica la reflexión y el seguimiento fino de su ejemplo y su mensaje. Gutiérrez nos ha dejado así la posibilidad abierta de un diálogo más fecundo con las generaciones jóvenes y adultas. Su alegato vital de la centralidad del compromiso con los pobres, término que engloba a los más débiles de este mundo, está igualmente manifiesto. Se trata de buscar y encontrar a Dios, lo mejor que podamos, con los ojos de ellos. ¡Hasta que ya no haya pobreza! La intervención de Leo Guardado fue obligadamente apretada, pero rigurosa y brillante. Él pudo, con su dominio de editor, resumir en 10 minutos, las cuatro partes de un libro de más de 400 páginas, editado de modo muy limpio y con una letra y un diagramado que facilitan mucho su lectura. Recomiendo ver la presentación del libro, disponible y completa en las redes sociales.
Esa noche que se me pide recordar, los asistentes vivimos la experiencia de lo vivo y presente de la teología de la liberación. El Cardenal Carlos Castillo, arzobispo de Lima, mostró con fuerza en su intervención cómo el impulso del magisterio encuentra apoyo clave en la reflexión de Gustavo. Luego, la teóloga Birgit Weiler describió la influencia de Gutiérrez sobre la renovación del trabajo teológico y pastoral de las comunidades de religiosas en el país y en toda América Latina y el teólogo Raúl Pariamachi fundamentó las razones para la esperanza que el trabajo de Gustavo ofrece en un tiempo tan oscuro para el desarrollo libre y seguro de la humanidad.
Su alegato vital de la centralidad del compromiso con los pobres está igualmente manifiesto. Se trata de buscar y encontrar a Dios, lo mejor que podamos, con los ojos de ellos
Personalmente, me tocó hablar como científico social. La inclusión de una persona con esta formación fue el reconocimiento de que la obra de Gutiérrez, que entendió el cristianismo como la experiencia de una forma de vida y no sólo de espiritualidad individual, incluyó las ciencias sociales y las ciencias humanas en general como instrumento indispensable. Por eso, me fue grato dejar constancia también de la madurez y de una etapa de más visibilidad ante la opinión pública mundial de este cristianismo inseparable de la construcción de fraternidad en la historia.
Vivir y pensar el Dios de los pobres empieza así a darse a conocer. Dependerá de cómo vivamos y pensemos nuestra esperanza, nuestra fe, que él tenga la difusión y el impacto público que hace falta. Lo último a decir es que nada menos que el propio Papa Francisco alcanzó en sus últimos días a escribir el Prefacio de esta obra. El público que en Lima aplaudió con entusiasmo este hecho tuvo allí la noticia directa de la cercanía en el pensamiento y la amistad que unió a estos dos cristianos latinoamericanos tan ejemplares.

Conocí personalmente a Gustavo cuando viví en el sur andino distrito Langui Layo del Cuzco