Argentina: Prosperidad profanada

Entre fines del siglo XIX y principios del XX, Argentina fue cuna de ilusiones en la que anidaron millones de inmigrantes que “con lo puesto”, sueños de paz y prosperidad, arribaron escapando de la hambruna de sus tierras de origen. Hoy en día, y gracias a Gobiernos civiles y militares que forjaron decadencia y desazón en un suelo fecundo, este país está transitando por la etapa más siniestra de su corta historia; el 55,5 % de su población se encuentra bajo la línea de la pobreza y el 17,5 % vive en la indigencia. 

Manifestación contra las políticas de Milei en el centro de Buenos Aires

En este escenario dantesco, que pareciera haber sido escrito por un dramaturgo de poca monta que realiza obras incongruentes y mal narradas, el actual Gobierno argentino -que tomó las riendas del país a principios de diciembre del 2023- tenía galpones colmados con toneladas de alimentos próximos a caducar que por impericia o desinterés no los había repartido y, gracias a una orden judicial y diferentes denuncias mediáticas, llegaron a las mesas de los más necesitados.

El actual Presidente, Javier Milei, para bajar los índices de pobreza e indigencia, está implementando medidas económicas que buscan disminuir de manera drástica la inflación del país, que era un flagelo sin control que azotaba la cotidianidad argentina. Pero, si bien es cierto que la inflación descendió de los 3 dígitos anuales en la que se encontraba y alcanzó valores mensuales de un dígito, similares a los que tienen los países del primer mundo en todo un año, lo cierto es que esta brusca caída se logró gracias a la hambruna popular y la pronunciada caída del consumo.

Quienes están al frente del Poder Ejecutivo argentino sostienen que su interés principal radica en construir un país pujante pero, en forma paralela, como paradoja que atenta contra la razón y la cordura, sube de manera alarmante el desempleo y prolifera el cierre de las empresas y la suspensión de trabajadores.

Por su parte, aquellos que aún conservaban un trabajo formal perciben cómo sus salarios languidecen con el paso de los días y, de forma simultánea, al compás del espanto con el que suben las tarifas de los servicios públicos y de medicina pre pago, observan con perplejidad cómo su calidad de vida decrece y miles de ellos se suman cotidianamente a los millones de compatriotas que no alcanzan a satisfacer sus necesidades básicas.

En medio de estas variables que dan vida a una realidad desgarradora tanto a nivel social como económico y humanitario, el Gobierno lleva adelante una política internacional que muchos califican como errante y desafortunada.

En efecto, además de inmiscuirse en conflictos bélicos ajenos, y alinearse con Ucrania e Israel colocando a su país frente a una latente situación agresiva con distintas potencias mundiales, mantiene relaciones diplomáticas tensas con el Gobierno de España, con el que Argentina tiene históricamente lazos de hermandad y colaboración. Y, sin ruborizarse ni estremecerse, elogia las “políticas de seguridad” implementadas en El Salvador donde -según diferentes organismos internacionales de derechos humanos- sistemáticamente se producen detenciones arbitrarias de personas inocentes, desapariciones forzadas de corta duración y muertes de personas que se encontraban bajo el «resguardo» de las fuerzas de seguridad locales.

En este escenario existen manifestaciones sociales de repudio hacia estas políticas que causan penurias por doquier y, en cada una de estas movilizaciones, existe una feroz represión que tiene como consecuencia la detención ilegal de personas, calificadas por el Gobierno como terroristas siendo, por el contrario, mayoritariamente integrantes de medios de comunicación que intentan cubrir lo que está aconteciendo o ciudadanos que buscan ejercer pacíficamente su derecho constitucional de manifestarse.

Por último, existe un peculiar detalle que no resulta menor ni pasa desapercibido y que, sin duda, habla a las claras de la cosmovisión mística que impera en el actual Gobierno argentino. Milei siempre se encomienda a las fuerzas del cielo y plantea que quienes piensan diferente o están en contra de sus políticas que -según su creencia- son libertarias, y de acuerdo a la perspectiva de tantos otros tienen como objetivo vender la patria al mejor postor, son zurdos fracasados que no lo comprenden porque él juega en las “ligas mayores” del poder mundial.

De acuerdo a lo narrado, el presente es desolador y el futuro cercano resulta poco prometedor, pero siempre los argentinos tienen la ilusión de hacerle una gambeta a la malaria en la que se encuentran y con “la mano de Dios” sacar adelante un país que, salvo por su dirigencia política que pocas veces estuvo a la altura de las circunstancias y casi siempre se preocupó más por su bienestar que por la felicidad popular, tiene todo lo necesario para volver a ser una tierra próspera y bienaventurada como lo fue décadas atrás.

Autoría

  • Daniel Benadava

    Nací en 1973 en "una tierra hermosa, de América del Sur, mezcla gaucha de indio con español" llamada Argentina.  Además de psicólogo y catequista, soy docente y referente pedagógico en barrios vulnerados en sus derechos por el Estado.  Desde hace más de una década, y siempre con "un oído en el pueblo y otro en el Evangelio", escribo en Alandar intentando dar cuenta del entramado de esperanzas y fragilidades por el que transita Latinoamérica. 

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