Tiempo de desobediencia

Ilustración: Andrea Lucio – Iaioflautas.Un clamor que llama a la desobediencia ante la ignominia resuena cada vez con más fuerza en un mundo injusto que nos hace cómplices. Cada vez son más las iniciativas colectivas que llaman a no cumplir leyes injustas que solo benefician a quienes que más tienen. Las palabras de Santo Tomás de Aquino, escritas en el siglo XIII en su obra Summa Teológica respecto a la necesidad de rebelarse ante una ley injusta, alcanzan en esta coyuntura social e histórica más vigencia que nunca cuando nos enfrentamos a realidades tan indefendibles como los desahucios, la norma que deja sin asistencia sanitaria a las personas inmigrantes o la financiación del militarismo, por poner tres ejemplos.

Miles de personas salieron a la calle en toda España el pasado 13 de octubre para denunciar que el pago de la deuda, razón que justifica los recortes de los servicios públicos básicos (sanidad, educación, atención social a las personas más desvalidas) se ha convertido en una excusa más para enriquecer a quienes más tienen. Más del 80% del total de la deuda española es privada y está principalmente en manos de la banca y las grandes empresas. Algunas plataformas no se limitan a protestar sino que animan a que, cuando llegue la fecha de la declaración de la renta, la ciudadanía se niegue a pagar el porcentaje que corresponde a estos conceptos y que el dinero que tocaría abonar a Hacienda se destine a proyectos sociales. Algo similar lleva años haciendo el movimiento antimilitarista, en este caso respecto al porcentaje que se destina a financiar al ejército, con la campaña de objeción fiscal.

La desobediencia civil, como herramienta para luchar contra la injusticia, toma en este tiempo más vigencia que nunca gracias al triunfo de estrategias no violentas e imaginativas que siguen el ejemplo del movimiento 15-M. Las protestas que tuvieron lugar en las inmediaciones del Congreso de los Diputados el pasado 25 de septiembre defendían en origen su carácter colectivo y pacífico, perseguían objetivos políticos, buscaban repercusión pública y sus promotores y promotoras asumían las consecuencias penales que se derivaran de su acción. Todas las características citadas identifican a la desobediencia civil y fueron las mismas que usó el movimiento de insumisión, por poner como ejemplo al movimiento más numeroso de este tipo que ha habido en décadas en nuestro país, en los años 80, 90 y comienzos del siglo XXI. La lucha por la abolición del servicio militar obligatorio y para denunciar una sociedad militarizada implicó a miles de jóvenes que asumieron penas de cárcel e inhabilitación para ejercer cargos públicos.

Ahora quienes detentan el poder se sienten cada vez más protegidos por una ley diseñada a la medida de quienes más tienen. En frente, la conciencia de la injusticia crece como la espuma entre la ciudadanía. Las redes sociales abren los ojos a realidades a las que ponen sordina unos medios de comunicación en manos de los poderosos y poderosas.

Santo Tomás teorizó hace siglos sobre la obligación que tenemos de desobedecer frente a las normas contrarias a la ley de Dios. Antes San Agustín y, luego, David Thoreau y la Revolución Francesa abundaron en el mismo mensaje, cada cual a su manera. En el Reino que anunció Jesús de Nazaret, la justicia es ley. Ya no hay vuelta atrás. No podemos quedarnos de brazos cruzados ante el dolor ajeno. Y la desobediencia civil es una herramienta que se nos ofrece.

2 comentarios en «Tiempo de desobediencia»

  1. Tiempo de desobediencia
    Estoy de acuerdo en que “la ignominia resuena cada vez con más fuerza en un mundo injusto que nos hace cómplices” y que “quienes detentan el poder se sienten cada vez más protegidos por una ley diseñada a la medida de quienes más tienen”, pero quiero decirles que esperaba algo más del artículo, si la solución es la “desobediencia civil”, deberían ampliar la información y profundizar en ¿quién y como solventaría los problemas que tenemos?
    En mi humilde opinión estamos en una situación, económica y social, donde la demagogia ayuda poco, vivimos en un País democrático y dentro del seno de la democracia debemos encontrar el camino para que la sociedad sea más justa y equitativa para todos. ¿Cómo se hace? Sinceramente no lo sé, quizás sea otra utopía.

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