Teología de la liberación

-	Una teología enraizada tal vez es la única teología posible. Viñeta. José Luis Cortés.Sin que se pueda señalar con total precisión la fecha, pues se trata de un movimiento plural y colectivo, hace unos cincuenta años surgía -más o menos simultáneamente y, al principio, sin contactos e influencias mutuas- en diversos lugares de Latinoamérica una forma de hacer teología que en poco tiempo recibió el nombre de “Teología de la liberación”, a partir del título del libro del peruano Gustavo Gutiérrez, quien fue uno de los primeros en dedicarse a esta teología.

Las comparaciones siempre son odiosas y, probablemente, inexactas, pero creo que no sería del todo erróneo decir que ese movimiento ha sido lo más importante que se ha producido en la Iglesia católica después del Concilio Vaticano II o, lo que es lo mismo, en los últimos veinticinco años del siglo XX. Y que esa importancia procede, entre otras cosas, también de la gran repercusión que ha tenido en el quehacer teológico posterior y, sobre todo, en la vida eclesial. No se puede decir que en toda esta vida, pero sí en los sectores más activos y abiertos de ella. Llama la atención que no solo clérigos de todo tipo, sino seglares y movimientos diferentes se hayan interesado y se sigan interesando por las aportaciones de esta teología.

Por estos motivos, le ha parecido oportuno a la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII dedicar el Congreso de este año a reflexionar y hablar sobre la teología de la liberación, aunque representantes de ella han sido un importante componente de nuestra actividad. Como es característico de estos congresos, no se trata de un ejercicio académico meramente histórico y abstracto, sino que intenta tener presente la actualidad y sentido, si es que lo tiene, de esa teología en el mundo y en la Iglesia de hoy en día. Ya en el un tanto lejano 1972 se celebró en El Escorial una reunión de muchos de los principales representantes de esa forma de hacer teología. Fue la primera que se tuvo a ese nivel y los resultados fueron también alentadores.

En esa línea queremos continuar, pero teniendo en cuenta todo lo ocurrido en estos prácticamente cincuenta años, que no ha sido poco. Porque la teología de la liberación ha sido un movimiento rico de frutos y significados.

-	La teología de la liberación integra la realidad de las preocupaciones del mundo. Imagen. Cartel del 33º Congreso de TeologíaPor una parte, la teología de la liberación ha roto las fronteras de Latinoamérica y nos encontramos con teologías de ese tipo en muchas partes de África y Asia, que también están representadas en el Congreso. Además, tal teología ha suscitado enorme interés en Europa y Norteamérica y ha ido generando simpatía y esperanza.

Pero quizá esto no haya sido –aun siéndolo– lo más importante. Porque la teología de la liberación, con su especial preocupación y acento inicial sobre personas pobres, oprimidas y explotadas, injusticias y temas análogos, ha hecho que la teología cobrase una dimensión de realidad de la que carecía al menos en los últimos tiempos.

Así ha dado origen a otras muchas reflexiones y actuaciones teológicas que comparten esas preocupaciones, extendiéndolas a otros sectores sociales, eclesiales y a otras personas. Esta ha sido, seguramente, una de sus mayores aportaciones. Ha despertado a la teología y los teólogos europeos de su letargo espiritualoide –¡por supuesto no a todos ni mucho menos, ni a todas las escuelas!– para ponerlos en contacto con la realidad y sus aspectos más negativos y pedirles que colaboren en a mejorarla. Naturalmente, no ha sido la única responsable. Ahí está la Constitución Gaudium et Spes para probarlo. Pero su influencia no ha sido pequeña.

En esta línea, la teología de la liberación se ha incorporado al quehacer teológico de lo político y social, siempre con la pretensión de mejorar todo –¡y es mucho! – lo mejorable. Así, aunque para algunas personas a primera vista pueda no parecerlo, la crisis económica que nos atraviesa, con sus secuelas de injusticias, paro, hipotecas, recortes… en nuestro país y en Europa ha de formar parte de una teología que no quiera quedarse fuera del mundo y de las personas de nuestro mundo.

De forma muy especial, la teología feminista de liberación y la ecología también aparecen en este ámbito. Todo ello irá teniendo su puesto en estos días.

Se trataba de desempolvar algunas dimensiones del mensaje bíblico en general y evangélico en particular olvidadas durante mucho tiempo. Eran temas como la justicia, la solidaridad, el amor real en lugar de la mera beneficencia desde fuera. Y otros parecidos

En definitiva, se trata de presentar el mensaje de Jesús en las circunstancias actuales y de manera que interese a la gente y al mundo de hoy en día en sus situaciones reales.

Naturalmente ese cambio de perspectiva y de mentalidad no se ha producido sin dificultades a muchos niveles. Todos y todas conocemos las dudas –y aun más que dudas– que en Roma se han suscitado acerca de los teólogos de la liberación y de sus métodos, cómo se les ha tachado injustamente de marxistas y cosas por el estilo… Afortunadamente, parece que esas aguas se han ido calmando a ese nivel. Pero queda mucho camino por andar. Esperemos que este Congreso conmemorativo, además de su dimensión testimonial, contribuya algo al camino emprendido.

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