Pobre Amazonía pobre

portada1-2.jpgHan dejado de ser invisibles para el hombre blanco. Los indígenas de la Amazonía peruana se han visto obligados a levantar la voz y así parar el saqueo del que su tierra ha sido objeto durante siglos. La movilización de miles de indígenas, cada vez más concienciados de la realidad de injusticia que sufren, ha puesto freno a la prepotencia y el secretismo con los que el Gobierno de Alan García querían legalizar el intento de multinacionales madereras y energéticas de repartirse impunemente una tierra rica habitada por gente pobre.

En junio pasado, el paro que defendían las organizaciones indígenas en todo el país para protestar contra el intento del Gobierno peruano de aprobar unos decretos injustos desembocó en una masacre, en la localidad de Bagua, en la que perdieron la vida 33 personas. Policías y manifestantes, todos ellos integrantes de una clase depauperada y demasiado numerosa en un Perú lleno de desigualdades, fueron víctimas de un conflicto mucho más trascendente de lo que se quiso decir. Afortunadamente, la reacción generada tanto dentro como fuera del país consiguió paralizar la aprobación de los polémicos decretos que pretendían ser la llave del expolio de la Amazonía.

En países como Perú, en los que esta situación es sangrante, se ha alzado la voz de una parte de la Iglesia para denunciarlo y apoyar a los indígenas en sus justas reivindicaciones. Al tiempo, la jerarquía de Lima, que parece vivir en otro mundo, prefiere hacer oídos sordos a esta masacre. No se posiciona, elige de nuevo los paños calientes y el silencio cómplice (¿nos suena?) que la coloca al lado de los que cometen tropelías. Sigue, empero, habiendo una Iglesia desde la que comunidades de base, misioneros y obispos pelean contra las injusticias. Perú es otra página más de un glorioso catálogo, que se puede ver en los lugares más maltratados del mundo y que nos llena de orgullo y esperanza a las y los seguidores del Nazareno. La esperanza del mensaje de Jesús se refuerza, sin duda, con el ejemplo de gentes tan admirables.

Pese a estos signos positivos, el triunfo de los indígenas peruanos parece ser sólo temporal. El hambre voraz de las multinacionales por hacerse con los recursos naturales del planeta no se va frenar sino temporalmente. La Amazonía reúne caucho, madera, oro, petróleo… Y ahora estas inmensas extensiones de tierras en estado semivirgen han despertado la codicia de quienes promueven la plantación masiva de cereales transformables en Biocombustibles. La proliferación de esta forma ‘alternativa’ a la escasez de combustibles fósiles anuncia hambre para los habitantes de los países más pobres, y destrucción para la Madre Tierra. A menudo, en los cálculos económicos de quien esquilma el pulmón del planeta azul, no entran los derechos de los pueblos que lo habitan. Las personas originarias de aquellos parajes, si no se remedia, seguirán sufriendo a causa de la codicia del hombre blanco. Pobre Amazonía pobre.

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